Gino Renni

El tano de la comedia

El actor italiano, pero residente desde niño en Argentina, celebra sus 75 años cargado de proyectos en teatro y cine. Acaba de estrenar en cine la quinta parte de la saga cómica Los bañeros, que fue destrozada por la crítica.

Gino Renni.
Gino Renni. Foto: La Nación

Gino Renni defiende el estilo de cine cómico que él y sus compañeros plasman desde hace décadas. En entrevista, Renni habla de amor y de su secreto para mantener la juventud. “Tuve muchas mujeres y a la que pudo haber sido mi esposa, le dije que no. Fue mi gran error. Me tendría que haber casado con ella”, confiesa.

El actor italo argentino Gino Renni cuyo verdadero nombre es Luigi Melieni Mollo, empezó su carrera artística como cantante hasta que un día, un director teatral le propuso su primer papel. "Empecé en 1960 cantando, que es mi verdadera vocación, y todo lo que siguió después fue fruto de la casualidad, del destino. Se me dio", asegura.

A los 75 años, Renni integra el elenco de la quinta parte de la saga Los Bañeros, que fue destrozada por la crítica especializada."Cuando arrancamos con la Brigada Explosiva, lo hicimos para competir con las películas de Jorge Porcel y Alberto Olmedo; y con las de Juan Carlos Calabró y Juan Carlos Altavista. Hay que reconocer a esos amigos y cómicos extraordinarios. Nosotros tuvimos la fortuna que nos fue rebien, será porque somos parte de la gente. Emilio Disi decía que nos habíamos transformado en una película de culto", asegura.

Poco y nada se sabe de su vida privada. Ha sabido preservar amores, separaciones y parejas ocasionales bajo siete llaves. Códigos pretéritos, en blanco y negro. Códigos curiosos en una época donde se cuenta más de lo que se hace; y se organizan parejas con el mero hecho de la figuración mediática. La discreción ha sido lo suyo. "¿Para qué mostrar? El escándalo no sirve para nada. He tenido muchas historias. Si yo empezase a publicar, se sorprenderían".

—¿Tus relaciones más fuertes se tejieron con mujeres del ambiente artístico?

—No, mis amores más importantes sucedieron fuera del ambiente.

—Dentro de la farándula, ¿nada?

—Aquellas cositas que uno picoteó dentro del ambiente quedan en las cuatro paredes. Si hubiese tenido una relación importante con alguna compañera, un noviazgo groso, se hubiese sabido. Pero como no sucedió, no se contó. Eso sí, tuve una vida bien vivida, con mucha noche.

—Tuviste muchas mujeres, pero no una esposa formal. ¿Por qué?

—Quizás ese fue mi gran error. Teniendo en cuenta a las dos o tres mujeres que podrían haber sido mi esposa, hubo una a la que le dije que no y me equivoqué. Lo puedo ver a través del tiempo, pero las cosas se dieron así. Me tendría que haber casado con esa mujer. Me lo propuso y le dije que no. Luego nos peleamos. Fue en la época en la que hacía Nino, ella no era conocida. Y hubo otras dos mujeres que, también, podrían haber sido madre de algún hijo mío. La vida es así. Por algo las cosas son como son.

—Cómo te cuidás para lucir tan joven?

—Jamás me preocupé por eso. Tomo, como, pero no fumo desde hace más de veinte años.

—¿Te asustaba formar una familia?

—En aquellos tiempos primó la irresponsabilidad. Si me casaba me iba a meter en una responsabilidad que no estaba en condiciones de sostener.

—Otra mirada podría ser la inversa. En lugar de irresponsabilidad, experimentaste un exceso de responsabilidad al suponer que no ibas a poder llevar adelante una familia propia.

—Puede ser. Me asusté. Luego, me arrepentí.

—¿Intentaste revertir aquella decisión?

—Sí, quise volver, pero no se pudo. El tren pasa una vez.

—¿Es una asignatura pendiente la familia propia, los hijos?

—Quedó en el tintero. Debe ser culpa mía no haber tratado de hallar a una mujer. Pero siempre dije que si uno encuentra el amor, se da a la vuelta de la esquina sin que se lo busque. Jamás fui a buscar el amor.

—A tus 75, ¿podría aparecer una señora y enamorarte?

—Si es señorita, mejor.

—Perfecto. Entonces, ¿podría aparecer una señorita para formalizar y saldar la cuenta pendiente o nuevamente te negarías al compromiso?

—Me gustaría tener una compañera. Mi gran ejemplo fueron mi mamá y mi papá. Mi padre se levantaba a las 2 de la mañana parra ir al Mercado de Abasto a trabajar y la dejaba a mi vieja con mi hermanita y conmigo. El decía: "La patrona de la casa es tu mamá, que es mi gran compañera". La tenía en el pedestal. "Es mi grande compagna", gritaba. Tengo ese ejemplo.

—Ese ejemplo tan potente, ¿no habrá inhibido la experiencia propia?

—Cuando murió papá, me psicoanalicé. Ahí entendí que yo no era mi papá.

—Un modelo idealizado e inalcanzable.

—Fue una figura muy fuerte en todos los órdenes. Era analfabeto, y en Italia laburaba en la montaña. Vino desde Calabria, e hizo un sacrificio enorme, hablando en dialecto. Llegó a esa Argentina maravillosa que tendría que volver a ser. Mi viejo, con el laburo en el Abasto, sostenía a su propia familia; a su madre; y a sus hermanos que quedaron en Calabria.

A Gino se le humedecen los ojos al hablar de su padre Francisco, Chichilo, para todos, quien murió hace 38 años, a los 62 y a los dos años exactos de haberse jubilado; se conmueve ante la imagen de su mamá Elena, que hoy cuenta con 99 años y él la mima al punto tal de no irse de gira para estar siempre cerca de ella. Pero la gran emoción aparece cuando recuerda a Ana María, su "hermanita", cómo él le dice, quien falleció hace pocos años.

Un largo camino.

Comenzó su carrera hace 58 años. Y lo hizo cantando en programas de TV. Pero la consagración como actor llegó cuando integró el elenco de Nino. "Fue la telenovela más exitosa de la Argentina y de todo el continente. A tal punto que nos llevaron a Nueva York a hacer una comedia con María Aurelia Bisutti y Arturo Puig, y la gente nos llamaba por el nombre de los personajes de la tira". Más acá en el tiempo, llegarían las telenovelas con Andrea del Boca y Natalia Oreiro. Pero fue Gino Foderone de la Salsiccia, ese personaje inolvidable, creado por Juan Carlos Mesa para su Mesa de Noticias, que gritaba cosas como "San Peperone, ayuda a Foderone" o "Assassino y criminale", el que lo hizo muy cercano a los chicos y a los grandes.

Pero el calabrés evita el elogio. Se pone incómodo y se resiste a reconocer el mérito propio. El talento innato que no otorga el Conservatorio. "Me hubiera gustado trabajar en Un gallo para Esculapio y en El marginal. Hubiesen sido lindos desafíos, aunque es más difícil hacer reír. El drama está más servido.

—¿Cómo ves a la televisión de hoy?

—Me cuesta hablar de la tele, es como hablar del país. Y eso también me cuesta. Tenemos muy buenos actores y animadores, y no puede ser que no haya comedias, comedias dramáticas, novelas, programas cómicos, shows musicales, programas culinarios. No hay nada. La nuestra era la mejor televisión del mundo. Estábamos mejor posicionados que México, Brasil y Colombia, que hoy nos pasan por arriba.

—¿Por qué te duele hablar del país?

—El Mundial es un espejo de cómo somos y de cómo estamos. Soy ciudadano argentino. Amo las dos banderas. Y critico a las dos banderas. Pero acá, cuando hacés críticas, se forma la grieta.

—No sos de participar en cuestiones partidarias.

—Nunca me metí, aunque tengo mi opinión sobre Mauricio Macri, el peronsimo y el kirchnerismo. Me las reservo.

—Hoy, buena parte de la colonia artística se manifiesta abiertamente en política...

—Respeto a todos mis compañeros. Están los que se sientan atrás de la foto y los que no. Y estamos los que creemos que es mejor no poner la cara. Hay un problema cultural y educativo que hace que la grieta le gane al trabajo de los actores, más allá de su ideología

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