ENTREVISTA

Eduardo Rivas: "Después de un episodio cardíaco, me planteo trabajar menos horas"

El periodista deportivo presenta su libro 8 copas 8 historias.

Eduardo Rivas. Foto: Marcelo Bonjour
Eduardo Rivas. Foto: Marcelo Bonjour

-¿Cuál es la génesis del libro 8 copas, 8 historias?

-El año que viene la Copa Libertadores va a cumplir 60 años. Pensando en cómo se podía vincular eso al fútbol uruguayo, se me ocurrió recrear los títulos de Peñarol y Nacional. En todos los casos se trata de conquistas ya alejadas en el tiempo. Para Uruguay, hay una división muy cruel entre los primeros 30 años y los segundos de la Copa. En las primeras tres décadas, hubo un protagonismo muy importante que lamentablemente casi que desapareció en los años siguientes.

-¿Esa lejanía vuelve más importante el relato?

-Sí. Me pareció que para las nuevas generaciones era relevante contar las historias de los equipos campeones y ponerlas en su contexto. La Copa Libertadores de los comienzos era muy diferente a la actual. Pero luego de haber recreado el recorrido de los equipos y la información de su campaña, sentía que le faltaba espíritu al libro; era un compilado de datos. Así que conseguí que un protagonista de cada plantel diera su testimonio.

-¿Quiénes participan?


-Luis Maidana fue el arquero titular de Peñarol en las campañas de 1960 y 1961, por lo que es el único que repite. Después hay un exfutbolista referente de cada plantel que va contando la historias desde su punto de vista.

-¿Qué fue lo que más te llamó la atención de la investigación?


-Buena parte de la historia ya la conocía. De haberlo leída o incluso de vivirlas de cerca. Pero lo llamativo son los cuentos de ellos. Maidana contaba que el ambiente de aquellas primeras copas era muy pesado y nadie se enteraba al no existir prácticamente la televisación. Contó, por ejemplo, que el estadio Defensores del Chaco (Paraguay) era una herradura: detrás de uno de los arcos no había tribuna, sino un muro. Detrás se ponían hinchas y tiraban ondazos. Una vez le pegaron tan fuerte en un hombro que pensó que le habían dado un tiro. Y había que seguir jugando en esas condiciones. También recordó un viaje en avión que hicieron a Bolivia donde los agarró una tormenta y el avión se llovía. La gente gritaba. Pensaron que no llegaban.

-De las últimas copas de Peñarol y Nacional (1987 y 1988) dan su testimonio Diego Aguirre y Hugo De León, ¿qué te sorprendió de ellos?

-De León contó algo que no sabía referido a la previa de la semifinal ante América de Cali. En aquel momento, el equipo colombiano venía de ser vicecampeón. Además del poderío deportivo estaba bancado por el cartel de Cali, de los famosos hermanos Rodríguez Orejuela. En Montevideo, Nacional ganó 1 a 0 y de cara a la revancha había mucha preocupación por el juez que era Romualdo Arppi Filho quien al año siguiente se retiraba del arbitraje. En la cancha, De León lo encaró y le dijo que estaba preocupado. “Quedate tranquilo que no voy a manchar mi carrera por un partido”, fue su respuesta. En cuanto a Aguirre, contó que el gol ante América en 1987 lo tiene incorporado. De repente está en un banco haciendo un trámite o en cualquier otra cosa y le aparece la imagen del gol. No la imagen de la TV, sino la de él y su recuerdo de cómo patea la pelota. Es muy fuerte.

-¿Por qué se da ese quiebre entre los primeros 30 años de la Copa y los segundos para los clubes uruguayos?


-No es el objetivo del libro, pero al final esbozo algunas líneas a modo de hipótesis. Hay un componente económico claro. En la actualidad, la diferencia es enorme, cuando antes no era tan grande. En 1964, por ejemplo, Nacional incorporó a José Sanfilippo: en el presente sería como traer no digo a (Lionel) Messi pero sí a Sergio Agüero. Era una figura desnivelante en Argentina. En ese aspecto económico los equipos uruguayos perdieron pie y están muy lejos de los clubes argentinos, brasileños o de otros países del continente. Además, pienso que los dirigentes dejaron de mirar hacia adelante y no planifican el futuro. En aquellos tiempos, la dirigencia vio que había una chance de expandirse internacionalmente y apostaron. En los ‘60, Peñarol se puso el objetivo de ser el Real Madrid de América. Y lo logró. Hoy el mundo ha cambiado mucho, es verdad, pero no veo dirigentes que tengan otro objetivo que vender jugadores para pagar el mes a mes del presupuesto del club. Eso complota contra las posibilidades de ser competitivo a nivel del continente.

-Además de 8 copas, 8 historias, sos autor de otros dos libros, ¿qué lugar ocupa la escritura en tu carrera?


-Me gusta escribir. Cuando me acerqué al periodismo lo hice soñando con ser periodista escrito. Si bien trabajé en prensa, fue lo que menos hice. Estuve en los comienzos del diario El Observador por seis años hasta después se me hizo incompatible con el trabajo en el canal.

-En Canal 4 sos hombre récord...


-Sí, llevo 32 años trabajando en el canal. Hay algún compañero en la parte técnica con más antigüedad, pero saliendo al aire soy el de mayor permanencia. Ha pasado mucho tiempo y muchos compañeros. Era impensada tanta permanencia. Entré al canal por Estadio Uno que en aquel momento se emitía por Canal 4.

-¿Esa fue tu primera experiencia en los medios?


-En TV sí. Yo estaba en Radio Rural y Juan Carlos Scelza, quien ya era parte de Estadio Uno, me dijo que Sánchez Padilla estaba buscando a alguien para hacer notas. Hice una prueba y quedé. Casi inmediatamente me absorbió el canal. Antes, los canales transmitían partidos de la Copa Libertadores o incluso algunos del fútbol local y empecé comentando o haciendo notas. En 1993 comencé en Telenoche presentando la información, algo que hago hasta ahora. También soy el relator del canal cuando hay partidos para transmitir.

-En Radio Oriental también se da una permanencia larga...

-Sí, desde 1988 estoy en la emisora. Trabajé con varios equipos. Comencé con Julio Ríos y Jorge Da Silveira. Luego en los relatos estuvieron Walter Hugo y Álvaro Recoba hasta que llegó (Javier Máximo) Goñi, quien trajo su equipo y el único que quedó fui yo. Después me enteré de que fue un pedido de la familia Romay, entonces propietaria de Oriental, lo cual me sorprendió y agradezco.

-¿A qué crees que se debe esa permanencia, poco común en un medio bastante inestable?

-No sé. No soy una persona conflictiva. Me integro a los equipos y confío en el trabajo que hago. Supongo que tiene que ver con eso. Hago mi trabajo y punto. No ando conversando por los pasillos y esas cuestiones que en el medio suelden darse.

-¿Te gusta relatar?

-En TV me divierte. Me siento cómodo. En radio nunca me lo plantee. Solo lo hice un par de veces y por emergencias. Recuerdo un amistoso entre Nacional y Central Español. Lo hice porque Juan Carlos (Scelza) se embromó la garganta. Otra vez jugaba Peñarol en el estadio y al rato jugaba Nacional en el Parque Central. “Yo me voy”, dijo Goñi y se fue para llegar a tiempo al Parque. Entonces me tocó relatar los últimos minutos.

-¿Qué tan diferente es hacer periodismo hoy en relación a aquellos años en que ganaban los uruguayos la Copa Libertadores?


-Cambió todo, básicamente por la tecnología. Hoy hacemos todo con mucha urgencia e inmediatez. Soy de la época en la que se grababa en los aquellos casettes grandes llamados Umatic. Cuando íbamos al exterior, hacíamos las notas e íbamos al aeropuerto a buscar pasajeros que fueran a Montevideo. Les pedíamos que nos llevaran el casette. Hoy todos nos dirían que no, incluso por razones de seguridad.

-Se dice también que el vínculo con jugadores y técnicos es mucho más impersonal, ¿es así?


-Totalmente. En el tema de las notas es claro. En el postpartido está instalada hoy al conferencia de prensa. Para ir a Los Céspedes o Los Aromos, se fijan días y horarios. Antes ibas en cualquier momento y te invitaban a pasar o te quedabas al borde de la cancha. Me acuerdo que en 1988, cuando Nacional ganó la Copa Libertadores tras ganarle a Newells, le hice una nota como de media hora a Hugo De León adentro del vestuario para Radio Oriental. Fuimos los últimos en irnos del estadio porque terminó como a las 2:00 de la mañana la nota. Para el libro le recordé aquella nota y él mismo me dijo eso: “Ahora es todo más impersonal y yo prefiero aquellos tiempos”.

-¿Cuáles dirías que son tus objetivos en la carrera?


-Estoy en un momento de sacar horas. Obviamente, voy a seguir trabajando pero en 2011 tuve un problema serio de salud. Me colocaron tres stents y me llevé un susto grande. Cuando estás ahí internado y todo conectado a diferentes cables empezás a pensar. Yo me perdí cumpleaños de mis hijos porque había partido e iba a comentar, una locura, una cosa horrible. Ahora soy de la tesitura de que si el partido coincide con algún evento familiar, pues que lo haga otro. El partido se juega igual y la transmisión sale igual. No pasa nada grave.

-¿Esa pasión te afectó la vida familiar?

-Sí. El periodismo deportivo es de todos los días. Yo me perdí muchos momentos de mis hijos cuando estaban creciendo. Ahora estoy tratando de recuperar eso. En 1998 estaba en Francia cubriendo el Mundial. Un día hacíamos imágenes turísticas de París navegando por el Río Sena. Ya había celular y llamé a mi esposa. Le conté que era un día precioso en París y ella me dijo: “Acá está espantoso”. Me sentí tan mal que ahí le hice la promesa de que la iba a llevar a París. El año que viene, que cumplimos 30 años de casados, voy a cumplir. Estoy organizando la agenda para irnos.

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