Historia de vida

Valeria Ripoll: uñas y tacos para combatir las presiones de Adeom

Ser el rostro de un sindicato poco querido no es para cualquiera. Para algunos Ripoll es sinónimo de coraje, para otros de arrogancia. Dicen que el combate la fortalece, pero ella a veces se lo cuestiona. ¿Cómo es criar a tres hijos entre asambleas, ocupaciones y críticas hasta por sus uñas?

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Valeria Ripoll, secretaria general de Adeom, junto a su hija Julieta durante el paro general parcial convocado por el Pit-Cnt. Foto: Leo Mainé.

LLeva 40 minutos de retraso, pero ella va a venir. Desde la vereda se ve la acción en la sede de la Asociación de Empleados y Obreros Municipales (Adeom). A las 09:00 cierran la puerta dos funcionarios que habían llegado a las 08:00 a trabajar: es la hora de inicio del paro general parcial al que convocó el Pit-Cnt para el 28 de agosto pasado, y el de 24 horas al que llamó el gremio de los municipales “en defensa del trabajo y la negociación colectiva”. A las 09:20 empiezan a llegar algunos de los 15 miembros del ejecutivo.

Todos la esperan a ella.
Los que van cayendo dicen:
—Valeria ya viene.
—En menos de 10 está acá.
—En cinco llega, ¿querés esperarla adentro?

Adentro, la planta baja está en obras. Hay una oficina con luz. Hacia allí se dirigirán Valeria Ripoll, su hija Celeste (13), su hijo Nahuel (12), su hija Julieta (5) y su marido Martín Corujo, también integrante del consejo ejecutivo. Son un torbellino de paso acelerado y un “perdón-perdón-perdón” repetido como muletilla, que se detiene cuando se toman un momento para desenrollar las cinco banderas del sindicato con las que marcharán, dentro de una hora, por 18 de Julio, hasta llegar al escenario donde hablarán los oradores.

Allí, sobre el estrado, estará ella.
Ripoll tiene 36 años y lleva dos siendo la imagen y la voz de un gremio al que los vecinos no quieren y que tiene exasperado al gobierno municipal. Cuatro meses atrás, acusó al Pit-Cnt de haberla vetado como oradora en el acto del 1° de mayo.

Alegó que les molestaba su discurso cuestionador de la gestión municipal porque la corriente mayoritaria de la central sindical única de trabajadores funciona, según ella, como un “apéndice del gobierno”, queriendo evitar algunos temas en la oratoria. En los medios, los implicados le respondieron que su planteo era “poco unitario” y su acusación, “un disparate”.

Ripoll fue al acto pero no habló.
Eso está a punto a cambiar.

En los últimos 15 días Adeom realizó dos ocupaciones y ellos sostienen que su presión por evitar nuevas privatizaciones en el sector de la limpieza fue determinante en la renuncia de la cúpula de Desarrollo Ambiental y cambios en la dirección de la gerencia de mantenimiento.

Cada vez que la entrevistan, Ripoll critica la gestión del candidato oficialista Daniel Martínez, la misma figura con la que tiempo atrás (cuando él era senador y ella integraba el Partido Comunista) militó ayudando a organizar asentamientos.

Cuentan que ella le decía que un día él sería intendente y ella secretaria general del sindicato. Y así sucedió.

Dice:
—En ese momento él colaboraba. Yo voté su programa y me decepcionó. Todavía no sé qué voy a hacer en octubre, me costaría mucho votar a Martínez.

Debido al conflicto latente de Adeom, y tras una propuesta del secretariado, esta vez sí fue elegida para ser oradora en un acto el Pit-Cnt. Pero ella sabe que dos meses antes de las elecciones presidenciales, algunos temen que se salga de la línea que conversaron.

Esto es fundamental para Marcelo Abdala, secretario general del Pit-Cnt:

—Hemos tenido diferencias grandes, pero para mí es una excelente compañera. Nosotros en vez de tener un lío por quién habla, dijimos: discutamos qué énfasis le ponemos.

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Debido a su actividad pasó por episodios violentos: un año atrás denunció al director Juan Canessa por amenazas. También atacaron su casa. Foto: L.Mainé.

El mensaje de esta mañana debe ser combativo, pero debe demostrar unidad.
Para Ripoll, lo que pasó fue esto:
—Creo que terminó sucediendo que para evitar más confrontaciones yo termino hablando.

Así de frontal suele ser. Para algunos esto es coraje; para otros, arrogancia.

Los que no la quieren la llaman por su primer nombre: Shirley. Los que la cuidan le dicen “rubia” o “gorda”. Hoy, a minutos de hablar por primera vez en un acto público, casi todos le dicen “mamá”.

Su hija menor la sigue a la oficina y cuenta:

—¿Sabías que yo le di una hoja de mi cuaderno para que escribiera el discurso?

Ripoll extiende el brazo y muestra un papel doblado en cuatro. A las 23 horas de la noche anterior, luego de servir la cena, cuando llegó a la cama, escribió un punteo de los temas que quiere tocar.

El discurso está apretado entre cinco dedos con uñas grises, largas, gruesas, esculpidas con brillantes. A Adeom Ripoll le pone la cara, las palabras y también sus uñas. Unas uñas de las que mucho se habla pero poco se sabe.

De McDonald’s a la orquesta.

Será pudor lo que la empuja a decir que no sabe cómo definirse a sí misma. No puede aclarar cómo terminó siendo quien es ahora, si ella viene de un hogar donde nadie, excepto un tío, hablaba de gremios.

Para sus enemigos —que los tiene— esto es parte de una actitud impostada, detrás de la cual hay un deseo de poder, “de salir en los medios cada día”. Otros, desde el anonimato, van más allá y creen que su meta es convertirse en un personaje político.

vida

Fue monguilla, pero se alejó de la Iglesia

Eduardo Vignolo, presidente de Adeom, dice que los hijos de Ripoll “son de todos” porque es habitual que los lleve cuando las jornadas se extienden. Para entender mejor el trastorno de su hijo Nahuel, estudió psicología. También es técnica en hotelería y turismo, y es auxiliar administrativa contable. De niña fue monaguilla y se confirmó con el exobispo de Montevideo Nicolás Cotugno. Luego se alejó de la Iglesia: “Me siento más cerca de lo comprobable que de lo simbólico”.

A ellos les responde:

—A mí me gusta la justicia, no el poder. Lo que pasa es que no me conciben como independiente. Hay frenteamplistas que me tildan de derecha por las denuncias que hacemos.

Lo cierto es que desde que renunció al Partido Comunista —“porque no me marca nadie lo que tengo que hacer dentro del sindicato, y mucho menos un partido político”, justificó— no se la relacionó con ningún sector del Frente Amplio ni de otro partido.

Tal vez sea cuestión de miedo, piensa.

—No es mi prioridad estar en un partido ni tener un cargo, yo no me muevo por eso. No me han acercado ninguna propuesta. A veces pienso si tendrán miedo de tenerme. Creo que sí.

Para contar la historia de Ripoll se puede empezar con lo que traen sus manos. Usa cuatro anillos. Uno tiene una clave de sol. Es el que le regalaron cuando se recibió de profesora de órgano y solfeo, a los 13. Un año después consiguió su primer trabajo enseñando música en un jardín de infantes. Y no paró más: tuvo que ayudar a levantar el hogar cuando su padre —militar— se fue y dejó a una mujer desempleada con dos hijas para criar.

A los 16 fue a un cumpleaños en McDonald’s y antes de irse llenó un formulario; la contrataron. Ese trabajo lo combinó con otro de administrativa en la Armada Nacional, y también con el liceo. Mantuvo esta rutina por uno, dos, tres años hasta que comenzó a quedarse dormida en clase y sufrió un surmenage por exceso de cansancio.

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Ripoll subió con sus hijos al estrado: Celeste (13), Nahuel (12) y Julieta (5). Foto: L.Mainé.

De la Armada se fue; en McDonald’s la ascendieron a encargada del local de Montevideo Shopping. Allí conoció a su primer marido y tuvieron a Celeste.

En 2007, cuando la Intendencia de Montevideo (IM) llamó a concurso y se inscribió una multitud, Ripoll se anotó y anotó a varios de los empleados que tenía a su cargo. La suerte la eligió a ella.

—Lo hice por la estabilidad. Apenas empecé me di cuenta de que aquello no era un paraíso. El sueldo era malo y había que hacer de todo.

A los pocos meses, embarazada de Nahuel, ingresó al Planetario. Como el salario era inferior al que estaba cobrando en McDonald’s, conservó los dos trabajos.

Beatriz, que fue su compañera preparando cajitas felices y ahora es madrina de su hija menor, recuerda:

—Ella había tenido la idea de hacer un sindicato, pero habría sido imposible. Era la que hablaba por todos. Cuando hacíamos horario nocturno y llegaban chicos borrachos que nos decían cualquier cosa, siempre les salía al frente.

Se armó un grupo de amigos que aún mantiene y que son algunos de los que le dan para adelante cuando le pegan en las redes sociales. Aunque tampoco se preocupan demasiado:

—Valeria siempre supo cómo defenderse sola —dice su amiga.

En las redes escriben que por su pelo rubio, el maquillaje, las joyas y los tacos “se parece más a una chica de whisquería que a una sindicalista”. Circulan memes con fotos de sus uñas que dicen que “nunca trabajó”. También le cuestionaron la fiesta de casamiento con su segundo marido, el año pasado: la acusaron de ser ostentosa. El ruido fue tal que tuvo que eliminar los videos compartidos.

—Fue tristísimo. En ese casamiento colaboró todo el mundo. En mi último embarazo casi morimos mi hija y yo, y mi familia empezó a organizarnos esa fiesta. Ni luna de miel tuvimos… Me chocó tanto como el cuestionamiento de si me tiño el pelo o me hago las uñas. Es como si quisieran verme infeliz, sucia, desprolija.

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Junto a Marcelo Abdala, secretario general del Pit-Cnt. Foto: L.Mainé.

Entre los directores y coordinadores de la IM, cuando se habla de Ripoll suenan dos campanas. Eso sí: ninguno quiere figurar. Ella contó que se afilió a Adeom porque cuando ingresó como obrera al Planetario, embarazada, el encargado le encomendaba tareas riesgosas, le cambiaba los horarios (para perjudicarla en su otro trabajo) y la dejaba sola en el turno de la noche. Sin embargo, fuentes de esta dependencia dicen que el acoso no fue tal y que ella era “una persona problemática con su entorno”.

Del Planetario fue trasladada a la recepción del Jardín Botánico. En ese tiempo ya era encargada sindical. “Me fui porque la dirección me dejó sin tareas, me pasaba todo el horario sin hacer nada y era desesperante. Hay muchos directores que no quieren delegados sindicales”, dice Ripoll. Pero otras fuentes aseguran que tenía demasiadas licencias gremiales y que por eso “era imposible de evaluar”.

Del Botánico pasó a la Orquesta Filarmónica, como inspectora. Según supo El País, hubo un acuerdo de palabra en el que se comprometió a combinar la actividad sindical con este puesto, “pero al poco tiempo dejó de cumplirse”, dijo otra fuente. Fuera de eso, la recuerdan como una funcionaria bien dispuesta, capaz, dedicada y buena compañera.

Para algunos directores, que los principales sindicalistas abandonen sus puestos afecta su legitimidad.

Ella responde:

—No tengo día libre. Además de Adeom Montevideo, presido la Federación Nacional de Municipales e integro el secretariado ejecutivo del Pit-Cnt. Trabajo 12 horas por día y no cobro un peso más de mi salario de funcionaria por hacerlo.

Por eso, cuando se cansa de tanta presión, a veces se pregunta por qué no deja todo y vuelve a la orquesta.

—Yo tengo una debilidad que es que a mí se me nota todo. Lloro mucho, a veces de bronca, he llorado en público incluso.
—¿Frente a Martínez?
—Todavía no he llegado a ese nivel de enojo con él.

Ripoll se hace las uñas los fines de semana. Es un momento que guarda para ella. Son falsas. Debajo del plástico colorido y brillante hay unos dedos mochos que detesta ver. Sus uñas de verdad están todas mordidas por los nervios.

Oír a todos.

Le gritan desde la planta baja.

—¡Dale, gorda!

Si no sale ahora no llegará a tiempo para marchar en el acto. El que la llama es Eduardo Vignolo, presidente de Adeom: el mismo funcionario que 12 años atrás, mientras vaciaba un contenedor en la esquina de la casa de Ripoll, le entregaba un formulario de afiliación al sindicato.

Él la vio evolucionar organizando la fiesta de Reyes, pasar por la secretaría de deportes, y la acompañó cuando creó su propia lista unos meses atrás: la única encabezada por una mujer. La 27 de Julio, independiente de cualquier partido político, se quedó con cinco cargos de 15 en la votación de abril pasado.

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Sus uñas han sido protagonistas de memes ofensivos. Son falsas. Una mujer venezolana se las hace. Foto: L.Mainé.

—Ella hace una tarea que destruyó a muchos. Este es un sindicato que reúne desde un trabajador que apenas sabe leer y escribir y que no tiene nada, al abogado más calificado y con buen poder adquisitivo; y todos creen que su problema es el más importante. Además, tiene que enfrentar a una patronal en la que muchos han sido dirigentes sindicales y conocen por dónde pegar. Y es la cara de un sindicato que carga con un estigma, porque jamás hemos sabido cómo hacerle entender al vecino cuáles son nuestros reclamos —dice Vignolo.

Él no sabría cómo sobrevivir a este cargo, confiesa. Pero Ripoll sí: “A Ripoll el combate la retroalimenta”.

La oficina se puso ruidosa.
Adentro están dos de sus hijos. Está Julieta y está Nahuel, su punto débil: su hijo con Trastorno del Espectro Autista.

Faltan menos de 30 minutos para que Ripoll se anude la bandera al cuello y camine por 18 de Julio con sus hijos, pero en su cabeza el desvelo es otro. El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) le negó el acompañante terapéutico a Nahuel luego de visitar su hogar, y ahora es el Banco de Previsión Social el que evaluará si le renueva la pensión.

—Pago un alquiler que me mata, tengo deudas y estoy en el clearing, pero no vivo en la extrema pobreza, y eso es lo que busca el Mides. Este es un problema enorme que tenemos muchos padres, porque los tratamientos son carísimos, lo que pasa es que el gobierno este tema no lo agarra porque todavía no es suficientemente mediático.

La guerra larga.

¿Qué rol tienen los medios en la estrategia de Ripoll? Siempre desde el anonimato, fuentes de la IM dicen que esta directiva “realiza ocupaciones para llamarlos” porque “no cuenta con el respaldo de los trabajadores”: “Ha perdido credibilidad”.

Aseguran que las afiliaciones del sindicato se redujeron; ella dice que no es cierto y que se mantienen estables en 6.400. Dicen que a las asambleas apenas van 300 personas; Ripoll responde que no asisten menos de 1.000. Plantean que el nivel de acatamiento a las medidas sindicales viene decayendo, que las ocupaciones se hacen con menos de 10 integrantes del ejecutivo, y que los funcionarios han llegado a llamar a los directores para pedirles que envíen un escribano “así se labra un acta, se levanta la medida y se pueden ir”. Ella lo niega: el nivel de acatamiento es “altísimo”.

Entre Ripoll —Adeom— y las autoridades el diálogo es así: una guerra.

La acusan de no ser consecuente con su discurso de limitar las paralizaciones y ocupaciones, y no afectar al vecino. Ripoll, en cambio, hace números: en 2019 hubo dos ocupaciones y un paro general, en 2018 fueron cuatro las ocupaciones y hubo cuatro paros por asambleas generales, y otro más por la muerte de un funcionario.

conflicto

¿Qué tanto se acatan las medidas del sindicato?

El País accedió a la respuesta que la Unidad de Planificación de Gestión Humana le envió a la bancada nacionalista de la Junta Departamental acerca del índice de conflictividad laboral en 2018 y el primer semestre de 2019. Según este análisis, a mayo de 2019 había 7.921 funcionarios activos en la Intendencia de Montevideo, de los cuales 5.978 estaban afiliados al sindicato de Adeom, es decir el 73,9%. De acuerdo a este cálculo, considerando los paros decretados por Adeom y por el Pit-Cnt , en 2018 cada funcionario acató 1,9 jornadas de paro, mientras que en 2019 fueron 2,2. De acuerdo a información proporcionada por el Pit-Cnt, en 2018 hubo siete paros, y en 2019 van cuatro. En tanto, Adeom convocó a cinco paros en 2018 y a uno en estos meses. Eduardo Brenta, director de la mencionada unidad, interpreta este índice así: “Adeom ha desarrollado una estrategia fuertemente posicionada en lo comunicacional que no tiene un correlato en el acatamiento de los trabajadores a las medidas de lucha que adopta el sindicato”. En el otro extremo, Valeria Ripoll asegura que las afiliaciones son estables y el acatamiento, “altísimo”.

La acusan de mentir. “Se le muestran los números y ella igual miente”. Las fuentes contactadas afirman que es falso que “entren trabajadores por la ventana” y que se incumpla la carrera funcional. “Los concursos se demoran por culpa de Adeom porque no pone un veedor, entonces si se va un director se elige a alguien más para que mande”, explican. Sobre el habitual reclamo de las 400 mujeres que esperan desde 2011 para ingresar, las mismas fuentes responden que ya les dijeron no se hará un nuevo llamado hasta que no se agote esta lista.

También defienden que sí se presupuestan los trabajadores: “De los 8.000 hay 7.000 presupuestados, es un porcentaje superior al de cualquier otra intendencia”. Y justifican la privatización de servicios como una política “válida”, que “no precariza” y que además permite “comparar la calidad de los servicios”.

Empieza el acto.
Sube al estrado con sus tres hijos. Celeste, la mayor, canta de memoria La Internacional. Cuando llega su turno, la menor se abraza a una de sus piernas y así, mientras sus uñas grises le acarician la cabeza, enumera los reclamos.

Los aplausos se hacen más fuertes a medida que pasan los 14 minutos que dura su discurso. Desde la IM lo describen como “un discurso de los años 1960”. Sin embargo, esa misma tarde, la Federación Nacional de Municipales se pliega a la corriente sindical “En lucha”, que integra Ripoll junto a figuras como Joselo López. Esto les aporta un respaldo de 28.000 trabajadores dentro del Pit-Cnt.

Todavía en el estrado, mientras Abdala cierra el acto, Ripoll estira sus brazos y hace señas. Clava las uñas en el aire, indicando la dirección hacia donde están sus hijos y pide con un gesto que los vigilen.

Un rato antes, en la sede del sindicato, reflexionando sobre sus virtudes y debilidades, lanza: “Mis hijos son mi fortaleza, pero muchas veces me ponen en una situación de debilidad ante otras personas que no tienen esta responsabilidad”.

Apoya las manos sobre su escritorio.
Les tomo una foto.
Pide:
—No las pongas. Si las ponés se van a reír de mí.

discurso

"Cuidadosa" y "aguda", versus "anacrónica" y "antisistema"

Valeria Ripoll dice que a ella nunca la verán leer un discurso. “Yo digo lo que me nace. No es que le dé poca importancia, creo que la gente valora más la naturalidad que cuando lees algo preparado, que lo podés haber hecho vos u otro”, dice. El miércoles pasado subió al estrado con sus tres hijos. A su izquierda estaba Joselo López, compañero de “En Lucha”, corriente sindical minoritaria pero cada vez más fuerte dentro del Pit-Cnt.
Sobre su oratoria, López opina: “Me pareció muy completo. No es fácil pararse frente a una tribuna tan grande y expresar todo lo que uno tiene para decir en un momento complicado, porque nuestro país se está jugando el futuro y hay que tener la mirada justa para no quedar atrapado en defender cuestiones que, por un lado sabemos desde el movimiento sindical que debemos defender, pero que también sabemos que no es lo mismo si gana un partido que otro”.
Durante los 14 minutos que habló, además de enumerar los reclamos que se detallan en el informe, defendió la negociación colectiva y exigió la derogación del decreto de esencialidad y el 401/08, que habilita descuentos salariales por adopción de determinadas medidas gremiales (que fue aplicado para los trabajadores del Casino Parque Hotel).
Para despedirse hizo referencia a las próximas elecciones y advirtió que todos los partidos políticos hablan de ajustes en el próximo período. “¿Saben cuál es el problema? Que esa variable de ajuste no podemos ser los trabajadores”, dijo para cerrar, entre aplausos.
Fuentes de la dirección de la Intendencia de Montevideo calificaron al discurso de anacrónico. “Es antisistema político y considera que lo privado es siempre malo”, dijo una de las autoridades consultadas.
A Marcelo Abdala, secretario general del Pit-Cnt, el discurso le gustó: “No dejó de decir nada de lo que tenía que decir, pero a su vez fue cuidadosa en mantener la unidad, y eso para mí es muy importante”. Desde abajo, la escuchó la expresidenta de Adeom Elena Lequio. “Me pareció aguda. Todo lo que dijo es cierto. Yo la escucho hablar y me parece que ella tiene una concepción de la defensa de los derechos de los trabajadores que tendría yo”.

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