Editorial

La veda perforada

Hay otra campaña publicitaria que viene corriendo sola desde hace meses, cuyo control no es potestad de la Corte, a pesar de que sus efectos sean asimilables. Es la de Presidencia de la República, usufructuando espacios gratuitos para vender la gestión de la izquierda.

En la jornada de ayer, la Corte Electoral se expidió sobre la denuncia, formulada por una agrupación colorada, en contra de las publicidades de Juan Sartori y Edgardo Novick, pautadas en los medios masivos fuera del plazo previsto por la ley, que es de solo 30 días antes de la elección.

No hay duda de que la norma, en sí misma, procura evitar que los sectores políticos que cuentan con mayores recursos económicos, los utilicen para sacar ventaja de sus competidores electorales, teniendo en cuenta los altos costos de la inversión publicitaria televisiva, sobre todo.

De cualquier manera, la norma ha quedado un poco obsoleta, porque en estos tiempos los carteles de vía pública superan en cobertura del público a la televisión misma, y su uso está permitido. Otro tanto puede decirse de un medio que todos los partidos emplean en forma intensiva desde siempre: los portales de internet y las redes sociales.

Pero convengamos que esta ley -por otra parte, carente de sanción- no fue literalmente respetada por los referidos candidatos. Ahora bien, con una intensidad muy superior se vio en los últimos días un extenso comercial del Frente Amplio, que no levantó objeciones.

Se nos dirá que dicho mensaje convocaba al acto del aniversario del FA del pasado 5 de febrero, una excepción que la ley autoriza. Pero con solo echar un vistazo a la pieza audiovisual, se comprueba que del minuto y medio que dura en total, destina solo diez segundos a invitar al acto partidario. Los setenta restantes son puro autobombo de la gestión frenteamplista, mucho más desembozadamente electoralista que lo que Sartori y Novick divulgaron en todas sus vidas políticas.

Para agravar las cosas, el comercial del FA elige como portavoz a una adolescente repitiendo de memoria contundentes resultados de gestión, en lo que puede calificarse como la utilización espuria de la inocencia y credibilidad de una persona menor de edad.

En su contenido, el comercial mezcla datos reales (matrimonio igualitario, operaciones de ojos, ceibalitas) con otros discutibles, como que la ley de despenalización del aborto es obra del FA, cuando después de varios fracasos, se concretó en virtud de un aporte clave realizado por el diputado del Partido Independiente Iván Posada. Por ahí la joven vocera dice que gracias al FA existe cobertura de salud gratis para “las y los trabajadores y sus familias”, y una señora agrega “eso antes no pasaba”. Tal vez esa sea una de las mentiras goebbelianas que, de tanto repetirla, el FA quiere convertir en verdad. ¿Quién dijo que antes del famoso Sistema Nacional Integra- do de Salud no existía cobertura gratui-ta para todos los uruguayos? En cualquier momento van a decirnos que la enseñanza laica y obligatoria es invento de ellos (tal vez de Netto, el Varela del siglo XXI…).

También aparece una muchacha diciendo que es la primera universitaria de su familia, como si ese caso puntual permitiera tapar que los últimos gobiernos han agravado la inequidad social del sistema educativo: el Ineed lo viene observando en todas sus investigaciones y lo rubricó ayer en forma contundente el educador Pablo Cayota, en una entrevista publicada por Búsqueda.

Todo el comercial respira la fantasía de una Alicia en el País de las Maravillas que desconoce el grave déficit económico, social y cultural que dejan las tres administraciones frentistas. Es comprensible que lo omitan cuando se publicitan de cara a las próximas elecciones, pero sería bueno que la Corte Electoral midiera todas las transgresiones a la norma con la misma vara.

Y hay otra campaña publicitaria que viene corriendo sola en las tandas televisivas y radiales desde hace meses, cuyo control no es potestad de la Corte, a pesar de que sus efectos sean asimilables. Es la de Presidencia de la República, usufructuando espacios gratuitos para vender la gestión de la izquierda.

Son espacios que deberían destinar-se a la promoción de salud, a la difusión de cultura y valores. Pero no: se limitan a un monótono “qué buenos que somos”, siempre llevando agua a su propio mo-lino, y siempre gastando en ello los recursos públicos. A esa acción planifi-cada, que lleva visiones edulcoradas de la acción de gobierno a miles de hoga- res uruguayos, se suman los autobombos de las empresas públicas, con idéntica finalidad.

El legislador puso frenos a los aspirantes al sillón presidencial con resto económico, pero poco y nada ha hecho para sujetar el uso y abuso de la billetera fácil del Estado, en beneficio de estos coyunturales inquilinos del poder.

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