Editorial

Promesas autocumplidas y urgencias

Es curioso que un ministro de Economía, en el pleno ejercicio de sus funciones y con la responsabilidad de administrar el país con un año y dos meses por delante, diga que algo es tan urgente y no atisbe siquiera a comunicar su propuesta para ejecutarlo.

Una práctica habitual del periodismo consiste en jerarquizar aquello que llamará la atención del lector, por su carácter extraordinario. Es la vieja frase de que no es noticia que un perro muerda a un hombre, pero sí que un hombre muerda a un perro. En tal sentido, el expresidente Mujica ha proveído a los periodistas de todo tipo de titulares con gancho, por la extravagancia de muchas de sus afirmaciones: que las bolsas de plata mal habida de los Kirchner eran una "mísera propina", que el pecado de Sendic fue gastar la plata de todos "en un par de pilchas", que la única manera de develar el destino de los desaparecidos hubiera sido "empleando la tortura" y tantas otras. La verborragia malsonante de Mujica es tal, que sus afirmaciones, por estrambóticas que resulten, ya dejan de tener el interés periodístico de que gozaron en otros tiempos. El público está acostumbrado a que diga disparates y estos ya forman parte de la monotonía noticiosa de cada día.

Pero cuando la irracionalidad cae en boca de los otros dos líderes históricos del Frente, tan circunspectos y sobrios siempre en sus declaraciones, ahí sí vale la pena parar la oreja.

Una frase de Tabaré Vázquez en el evento de ADM de anteayer, tiene todas las condiciones de pasar a la historia de la retórica política vernácula. Dijo textualmente que "acá la modificación del ADN estuvo en el concepto de la necesidad de cambiar el ADN de la educación de este país".

Recomendamos al lector que busque en internet, si no lo escuchó, el divertidísimo tramo sobre este asunto, del espacio de ayer de Darwin Desbocatti, ese personaje humorístico que encarna Carlos Tanco en FM del Sol y que es hoy uno de los más agudos analistas políticos del país. La frase de Vázquez es una curiosa tautología. Lo que expresó es que el cambio de ADN se produjo por "el concepto de la necesidad" de cambiarlo, como si se tratara de una promesa autocumplida. Quiero jugar como Cavani y, por solo expresar ese deseo, ya estoy goleando en las grandes ligas.

Uno puede llegar a pensar que el presidente tuvo un comprensible traspié retórico, pero su frase también debería ser interpretada como una declaración de praxis política, muy acorde a la uruguayez que nos caracteriza cuando nos complacemos en enunciar problemas, sin la menor intención de aplicar soluciones. Es el paraíso de algunos políticos: cumplir sus promesas con solo haberlas proferido. Como si dijera que "acá la reducción de un 30% de las rapiñas estuvo en el concepto de la necesidad de reducirlas". O "acá el compromiso de no aumentar los impuestos estuvo en el concepto de la necesidad de no aumentarlos". O "acá la construcción del puente de Carmelo estuvo en el concepto de la necesidad de construirlo", y tantos otros ejemplos.

Por su parte, un político de perfil técnico como el ministro Astori, sumamente medido y criterioso siempre en sus declaraciones, dijo ayer a Radio Sarandí que es determinante hacer una reforma de la seguridad social. Y agregó textualmente: "Esto hay que hacerlo sí o sí y lo antes posible. Agrava las cosas si es que nos quedamos quietos y no hacemos nada". Es curioso que un ministro de Economía, en el pleno ejercicio de sus funciones y con la responsabilidad de administrar el país con un año y dos meses por delante, diga que algo es tan urgente y no atisbe siquiera a comunicar su propuesta para ejecutarlo. Termina dando la razón a los opositores que insisten una y otra vez en que el gobierno está agotado, que perdió toda capacidad de propuesta y mira la hora pasándosela al golero, como hacen los cuadros que cuidan el empate.

De un lado, se intenta justificar el fracaso estrepitoso de la gestión educativa, aduciendo apenas que son conscientes de ello. Del otro, se asume que el sistema previsional está llevando a nuestra economía al borde del abismo, pero se aplaza la consideración del tema hasta que le explote a otro. Como el chiste del inglés al que le avisan un viernes, después de las 5 de la tarde, que su empresa se está incendiando, y responde que el lunes a las 9 de la mañana se encargará del asunto. Así están gobernando. Con la resignación e indiferencia de quien está esperando para marcar tarjeta e irse.

Por el bien del país, resulta imperioso que los dirigentes opositores tomen desde ya las riendas de este caballo abandonado, acercando posiciones entre sí y sumando fuerzas, para demostrar a la ciudadanía que existe otra manera de hacer las cosas. Prometiendo menos y haciendo más. Dejando de patear la pelota para adelante y encarando con seriedad y ejecutividad el cambio imprescindible.

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