EDITORIAL

Plenario del FA clave

Si con una demora de casi dos años el proceso de decisión del FA termina resolviendo que no hay que ratificar el TLC con Chile, a pesar de nubarrones económicos y comerciales, la izquierda mostrará una vez más su profunda ineptitud.

El próximo sábado el Plenario del Frente Amplio (FA) definirá si permite a la representación frenteamplista en el Parlamento ratificar el tratado de libre comercio (TLC) firmado con Chile en octubre de 2016. Se trata así de una instancia clave para la izquierda.

A favor de la ratificación y con peso electoral relevante se han manifestado el Frente Líber Seregni, con el liderazgo de Astori, y el Partido Socialista (aunque con una gran división interna). En contra se ubican sobre todo el Partido Comunista (PCU), el grupo de la senadora Constanza Moreira y la Lista 711 del exvicepresidente Sendic. Por su parte, Mujica ha dado su apoyo, pero no es claro que los representantes de su movimiento MPP se alineen tras él. Además, es difícil prever la voluntad de los comités de base frenteamplistas que tanto peso tienen en el Plenario y en los que los militantes más radicales tienen mayor protagonismo.

Si el Plenario decide no apoyar este TLC y por tanto el FA no lo ratifica en el Parlamento, es claro que se habrá acabado la poca política exterior que todavía dirigía este gobierno de Vázquez. Habrá perdido toda credibilidad. En este sentido, Chile nos acaba de dar otra muestra de cómo liderar políticas de Estado: el tratado con Uruguay fue firmado por Bachelet, presidenta identificada con la izquierda, y acaba de ser ratificado en una de sus Cámaras por una mayoría de composición diferente luego de la reciente elección de Piñera, presidente identificado con la derecha.

Si el Plenario decide apoyar este TLC, se abre una segunda instancia política clave en el FA. ¿Implicará que todos sus parlamentarios, incluso los que se han mostrado claramente contrarios a este tratado como Moreira o el PCU, deban acatar el fallo y votar a regañadientes por disciplina partidaria? ¿O se habilitará la ratificación pero admitiendo que algunos parlamentarios del FA salgan de sala o voten negativo en el momento decisivo?

Estas preguntas no son baladíes por dos motivos. Por un lado, porque es sabido que toda la oposición ya ha decidido dar sus votos para la ratificación del TLC con Chile, por lo que alcanza con que una parte del FA acompañe a blancos, colorados e independientes para que el tratado se apruebe. Pero si eso llegase a ocurrir, estaríamos ante un episodio político clave de la era frenteamplista en el poder: por primera vez, si exceptuamos la ley sobre despenalización del aborto en Diputados, una ley importante del Ejecutivo del FA no sería votada por varios legisladores izquierdistas y además lograría ser aprobada gracias a numerosos votos de los partidos de oposición.

Por otro lado, si se llegase a forzar el voto en el Parlamento de los representantes de la izquierda que están contra este TLC, quedará pendiendo como una espada de Damocles sobre la cabeza de la izquierda más afín a Astori una instancia política muy relevante: la próxima Rendición de Cuentas. En efecto, se abrirá la puerta a que sobre todo el PCU, la Lista 711 y el sector de Moreira decidan cobrarse allí la fuerte presión ejercida para ratificar este TLC, forzando así la mano de Astori para mayores gastos públicos en un contexto en el que cada voto del FA será necesario para aprobar la rendición.

Este escenario político ocurre además con un trasfondo de decisiones de candidaturas presidenciales que ya no se pueden postergar mucho más. Mujica medirá en el Plenario el peso de su influencia ya puesta en juego para ratificar este TLC; Astori tendrá allí una instancia clave en la que sabrá si por fin logra vencer a los sectores de izquierda que, al menos desde 2005 y sistemáticamente, le han ganado todas las batallas internas; y la izquierda más militante, dogmática y contraria a cualquier TLC (así sea con Chile), podrá constatar si sigue teniendo consigo el fuerte poder de veto que la ha caracterizado en toda la era de gobiernos frenteamplistas.

Aunque no se le ha dado mucha trascendencia, lo cierto es que el Plenario del FA del próximo sábado es clave por fuertes razones políticas y electorales. Pero hay otra razón, la más sustancial, con la que importa concluir este editorial: si con una demora eterna de casi dos años el proceso de decisión del FA termina resolviendo que no hay que ratificar el TLC con Chile, a pesar incluso de los nubarrones que se ven en el horizonte económico y comercial actual, entonces la izquierda estará mostrando una vez más su profunda ineptitud para llevar adelante las políticas que promueven la mejor inserción internacional para el bien del país. ¿Cabrá el optimismo?

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