EDITORIAL

La oligarquía y la estupidez

Se usan palabras como que un grupo de gente “se apropia”, “concentra”, etc. y por algún motivo extraño, nunca se usan expresiones como “ganan”, “producen”, “generan”.

La irrupción de la señora Graciela Villar en la arena política, ha soliviantado a algunos dirigentes del oficialismo. Particularmente la expresión de Villar sobre que el gran tema de hoy en Uruguay sería la lucha entre oligarquía y pueblo, citando de manera impecable aquel editorial del diario comunista El Popular, cuando festejaba los comunicados 4 y 7 en el febrero amargo de 1973, ha generado fuerte impacto.

En buena parte de la sociedad uruguaya, ese impacto ha transitado entre el humor y la burla. Algo comprensible teniendo en cuenta que esa terminología parece más propia de algún militante comunista que hubiera sido criogenizado en 1968, que de un político del año 2019, del siglo XXI. Pero, y probablemente a raíz de este masivo “bullying” a la venerable señora, algunos dirigentes oficialistas se han visto obligados a responder.

Particularmente llamativa ha sido la respuesta de un diputado del MPP, siempre reducto de las mentes más avanzadas y prospectivas, Sebastián Sabini, quien citó una publicación de La Diaria de 2017, que titula: “El 10% más rico de los uruguayos acumula 62% de la riqueza”. A este número, Sabini agregó una frase para el mármol, en la que sostiene que “Riqueza y poder concentrados en un pequeño grupo. Puede no gustar el término oligarquía, pero que las hay, las hay”.

Bueno, empecemos por el principio. Es muy habitual por estos días ver estos artículos en la prensa oficialista, donde se denuncia la terrible desigualdad del mundo, y se usan palabras como que un grupo de gente “se apropia”, “concentra”, etc. Por algún motivo extraño nunca se usan expresiones como “ganan”, “producen”, “generan”. Palabras que bien podrían ser usadas en el mismo contexto.

Porque ¿cual es el tema de fondo? Se trata de que por distintos motivos hay gente que gana más que otros. ¿Es eso malo necesariamente? Pues no. A menos que usted crea que la riqueza es una cifra fija, y que lo que uno se lleva, necesariamente determina que a otros no les quede nada. Pero eso ya sabemos que no es así, tanto por el derrumbe de los experimentos que pretendieron redistribuir la riqueza en base a esa idea, todos terminaron socializando la miseria. Bill Gates, a través de la revolución tecnológica no se apropió de los millones de nadie y generó un producto que benefició tanto a la sociedad, que a él lo hizo rico.

Un segundo tema es sobre prioridades. ¿Cual debe ser la preocupación de un político? ¿La desigualdad o la pobreza? A menos que usted sea un resentido, y le moleste que algunos tengan mucho, claramente se trata de la opción B. Por ejemplo, ese mismo artículo de La Diaria explica que la distribución de la riqueza en Uruguay es muy similar a la de Gran Bretaña. Con la diferencia, y eso lo decimos nosotros, de que el quintil que tiene menos en Gran Bretaña, tiene una capacidad de consumo bastante superior a la de alguien de clase media alta en Uruguay. Entonces, el esfuerzo público debería ir por el lado de mejorar la calidad de vida de los que menos tienen, en vez de preocuparse tanto por los ricos.

Y acá vamos a un tercer tema, que suele ser soslayado. Y es que la constitución uruguaya, ese conjunto de normas por las cuales todos los habitantes de este país acordamos regularnos, no prevé entre las funciones del Estado, que este se convierta en el juez que decida cuanto dinero debe tener cada uno. O sea, el Estado puede ayudar a los que menos tienen y manejar políticas impositivas redistributivas, pero hasta cierto punto. Si se quiere empezar a hacer ingeniería social para cambiar esas cosas que a Sabini parecen molestarle tanto, tendría que empezar por plantear una reforma constitucional. Cosa que no hace porque sabe que la mayoría de los uruguayos no quiere ni saber de ideas como ésa, sobre todo viendo como quedó el último experimento regional, en la muy socialista Venezuela.

Por último, hay otro tema importante a mencionar al respecto. Hoy en día, la principal herramienta que tiene el estado para intentar equilibrar los ingresos de la gente es la educación. Sobre todo la educación pública. Si usted mira el top 10 de los más ricos del mundo, 7 nacieron sin un peso en el bolsillo. O sea que no hay un determinismo fatal relacionado. La pregunta es por qué, tras 15 años de gobierno del FA con todos los recursos y sus mayorías, la educación pública uruguaya sigue siendo una fabrica de desigualdad.

Tal vez, solo tal vez, tenga que ver con el nivel de nuestros dirigentes, legisladores y jerarcas públicos. Más ocupados en potenciar un resentimiento estéril, antes que usar las herramientas de la era actual para mejorar el nivel de vida de los que menos tienen.

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