EDITORIAL

El “inocente” Martínez

El candidato Martínez es tan culpable de la situación del país como Mujica, Astori o Sendic. Fue siempre parte de los gobiernos y como legislador votó todos los dislates que propuso e impulsó su partido.

El FA juega sus últimos cartuchos en la campaña electoral y da muestras claras de que las cosas no vienen muy bien. El último acto del candidato Daniel Martínez en la cancha de fútbol 5 del Club Defensor de Maldonado, que marcó el regreso a los escenarios “mayores” de Graciela Villar, fue uno de los síntomas de cambios urgentes: hacía tiempo que la fórmula no compartía actos y existía el rumor de que había sido “silenciada” luego de dividir a los uruguayos entre “oligarquía y pueblo”. El otro fue la explosión del propio Martínez: “¡Al diablo con los que pintan de negro la realidad!”.

Hace mal en enojarse el candidato: los pintores tienen razón. Es su discurso lo que no funciona y los días pasan muy rápido. Lo peor es que difícilmente funcione porque la realidad, los hechos, pueden más que las palabras o las incitaciones a abrir la grieta en este país.

La economía, el motor de cualquier país, está maltrecha. Hace tiempo ya que no soplan los vientos de bonanza que venían desde el exterior y los números (y la realidad) pintan muy negro. Al Estado uruguayo le ingresa menos plata de la que gasta y ese déficit fiscal ha trepado a un 4,8% del PIB, algo así como 3.000 millones de dólares abajo. ¿Cuánto más puede durar esa locura frenteamplista? Si sobrevivimos es a costa de un mayor endeudamiento: la deuda bruta anda cerca de los 60.000 millones de dólares y, además, genera intereses que también hay que pagar. Poco o muy poco tiene el candidato frenteamplista para hablar de este tema o pintarlo distinto.

Puede decirse que esto es un fracaso de Astori y compañía. En parte es cierto, pero la realidad (los hechos) dice que todo el Frente Amplio, absolutamente todo, acompañó la gestión del ministro-vicepresidente a lo largo de los 15 años. Y parte de este fracaso se consolidó, en primer lugar, por el excesivo afán de dilapidar la “plata fácil” que llegó con la bonanza y hoy golpea fuerte en los bolsillos o las carteras de los contribuyentes, que vino con el gobierno de Mujica. Y en segundo lugar, por la absoluta pasividad de asumir responsabilidades y adoptar medidas impopulares hacia la interna que caracterizó esta segunda presidencia de Tabaré Vázquez.

Cuando estalló lo de Pluna (US$ 300 millones), Mujica salió a decir que “era una chambonada de carácter histórico”, como si con ello alcanzara para justificar o explicar un desastre que vino con el procesamiento de dos de sus principales jerarcas. Y cuando se fundió Ancap y hubo que recurrir a una desesperada capitalización de 920 millones de dólares, solo le mereció nuevamente un simple “fue una chambonada”, pese a que llegó con vicepresidente de la República procesado, proscripto por su Partido y con uno de los combustibles más caros del mundo. No contento con eso, agregó la Regasificadora, el Fondes, los negocios con Venezuela, el puerto de aguas profundas, Aratirí y pergeñó la lucha contra el narcotráfico con la legalización de la marihuana. Convirtió la banalidad, la chabacanería, la improvisación, el lenguaje soez, el doble discurso y el irrespeto por el Derecho, en emblemas de su gobierno. No solo vació al Estado de sus dineros, sino que lo vació también de todos sus valores.

Vázquez jugó un tiempo de bombero por el incendio de su correligionario, se cansó y después no hizo nada. Pero nada de nada.

Si a eso agregamos el panorama caótico de la educación, la inseguridad como norma de convivencia, la asfixia al sector agropecuario, la proliferación de asentamientos y gente que duerme en la calle, su respaldo a Nicolás Maduro, las mentiras y promesas incumplidas, no sorprende que el candidato Daniel Martínez ande a los tumbos en esta campaña electoral, tratando de explicar lo inexplicable. Que diga que la oposición “pinta de negro la realidad”, cuando lo único que hace es describirla tal como es. La pintura la incorpora él mismo cuando reconoce que “se cometieron algunos errores” (o chambonadas), pero no precisa cuáles fueron porque se le arma bruto lío en la interna.

Y además, le guste o no, él no es inocente. Por más que aluda a “errores” tiene mucho que ver en lo que pasó: fue presidente de Ancap y elaboró el plan estratégico que Sendic llevó a la práctica. Entre el 2010 y 2015 fue Senador de la República; no solo defendió y respaldó expresamente la gestión de Sendic, sino que dio su voto siempre a todos los desastres de la administración Mujica. Integró siempre la mayoría automática del FA. Nunca se le escuchó, siquiera, una discrepancia por mínima que fuera. Es tan responsable como todos sus compañeros de bancada. Todos, absolutamente todos. Parafraseando a Jorge Batlle, “desde el primero al último”.

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