EDITORIAL

Encuestas y consultores

El primer ejemplo exitoso del papel de consultor fue el de la firma creada por el matrimonio compuesto por Clem Whitacker y Leone Baxter, en California, en 1933. Lo cual no quita que por otra parte, fuera apodado por sus críticos como la "Fábrica de Mentiras".

Es común entre nosotros la idea de que hoy en día todo ha cambiado. Empezando por la avanzada de las “fake news”, en el ámbito noticioso. Se podría perfectamente hablar de noticias falsas, pero dicho en inglés parece tener una connotación más moderna y potente. La cual se marida muy bien con la aparición de las redes sociales, esas sí, una novedad avasallante de la era actual.

En estos tiempos de campaña en los que nos hallamos sumergidos, las encuestas, los consejeros de imagen, los publicistas y los consultores, son sujetos que han ganado gran espacio e influencia. Son los nuevos gurúes de las contiendas electorales. Al punto que la “encuestitis” se ha convertido en una epidemia que resulta incontrolable. Esta actividad que hace su gran zafra cuando en el escenario se avizoran los comicios, no son sin embargo nada nuevo, como a veces se cree por estos lares. Para entenderlo, nada mejor que bucear en el excelente y documentado libro de la norteamericana Jill Lepore, “These Truths”, que en su parte tercera, llamada The State, se explaya en el capítulo 11, sobre el surgir de las consultorías políticas y los sondeos de opinión. Actividades que nacen ambas al calor de los sistemas democráticos de gobierno.

El primer ejemplo exitoso del papel de consultor fue el de la firma creada por el matrimonio compuesto por Clem Whitacker y Leone Baxter, en California, en 1933. Aunque por otra parte fuera apodado por sus críticos como la “Fábrica de Mentiras”.

Lo cierto es que Whitaker y Baxter ayudaron a ganar a sus clientes en casi todas las campañas en las que intervinieron. Para obtener el triunfo de su candidato eran parte de su estrategia ciertos mandatos ineludibles. “Hacerlo simple; el mensaje con rima es mejor; nunca hay que explicar nada; cuanto más se explique, más difícil es conseguir el voto; diga la misma cosa una y otra vez”, insistía Whitacker una y otra vez.

“Hay que obtener la atención del votante siete veces, para conseguir que lo compren; la sutileza es el peor enemigo; las palabras que solo rozan la mente no sirven; tienen que golpear, hacer impacto. Otros de sus consejos era, simplificar, simplificar, simplificar. Una pared se levanta cuando el Sr. y la Sra. Americano Medio tienen que trabajar o pensar. Personalizar el discurso, enfatizaban Whitacker y Baxter. “Es más fácil vender candidatos que temas; si su postura no tiene oposición o el candidato no tiene un oponente, hay que inventarlo; no se puede hacer una campaña defensiva y ganar; nunca hay que subestimar a la oposición”.

¿Verdad que a los uruguayos algo de esto nos suena conocido?

La consultoría política en sus comienzos tenía un pie en la rama de la publicidad y otro en el periodismo. Era la época del poderoso Randolph Hearst, dueño de 28 periódicos sensacionalistas en 19 ciudades, quien se inclinó luego hacia el mundo político. Whitacker hizo sus comienzos como reportero en el San Francisco Examiner hasta que optó por dedicarse a ser consultor y desarrollar ese nuevo negocio.

A su vez, el estudio de la opinión pública tiene como origen la reacción a la propaganda fascista personificada en el alemán Goebbels, que se había ido extendiendo en Europa y cruzado el Atlántico, por esos años. El gran pionero del elaborado sistema estadístico para sondear el ánimo, los gustos y las tendencias de los ciudadanos fue otro norteamericano llamado George Gallup, cuya firma existe hasta hoy. Un hombre con estudios de sicología y periodismo. Creó una metodología en base a muestras referenciales muy bien armadas, que se convertían en mediciones y orientaciones mucho más precisas que los vaticinios que hasta entonces solían hacer los diarios. La técnica fue evolucionando, hasta convertirse en lo que hoy conocemos como encuestas. Se utilizaban también, con índole comercial para conocer los mercados comerciales.

Los sondeos políticos impulsados por Mr. Gallup, forman parte de un matrimonio entre el periodismo y las ciencias sociales. Su intención fue la de crear una herramienta de utilidad para los gobiernos democráticos, a través de auscultar a la opinión pública a fin de conocer sus intereses y preferencias. Un instrumento cuyos defensores afirmaban que era lo opuesto al trabajo de los consultores políticos. El argumento era que mientras el negocio de la consultoría apuntaba a influir y direccionar el pensamiento de las masas, los sondeos eran el análisis que permitía conocer la opinión y los gustos del electorado para mejor atenderlo.

Ni tanto ni tampoco. Esa línea divisoria se mantiene igual de difusa. A diario se percibe como pesan en estos días.

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