EDITORIAL

La década perdida

Durante la campaña pasada fue muy discutida una frase del candidato opositor que afirmó que el país había tenido una década perdida. Lo que muestran los diarios estos días deja en claro que había mucho de cierto en ese diagnóstico.

A esta altura, lo de década queda corto. Pero las noticias cotidianas dejan cada vez más en evidencia que el período de mayor crecimiento del país en un siglo, lejos ha estado de servir como palanca que le asegure a los uruguayos un desarrollo sostenible, y que lo aleje de los miedos y dramas habituales de un país subdesarrollado.

Por ejemplo, la ola de asesinatos, los temores financieros a poco que Argentina atravesó una microturbulencia con el dólar, y el estado de virtual alzamiento de buena parte del sector productivo del interior del país, hacen notar que pese al autobombo del gobierno y a algunos diagnósticos afiebrados de quienes nos conocen por estadísticas y algún fin de semana en el Sheraton, la situación de Uruguay está lejos, muy lejos, de lo que debería ser tras 15 años de crecimiento. Veamos algunos rubros determinantes.

A nivel productivo, para empezar, la cosa está bordeando una crisis fatal. El sector agropecuario, base de la productividad nacional, se encuentra asfixiado, endeudado, y con problemas de competitividad que ponen su futuro en serias dudas. De la mano de esto, la industria que vive de la agroexportación, desde las lácteas hasta los molinos, pasando por curtiembres, frigoríficos y hasta la logística, se encuentra en pésima situación.

Esto debido al atraso cambiario, al nivel impositivo, y al costo extra que implica una infraestructura de rutas y caminos arrasada y sin la mínima inversión. Ahora todos cruzan los dedos por UPM-2 para resolver esto, pero ni eso está del todo claro que solucione el problema.

A nivel financiero la cosa no es mucho mejor. Pese a haber multiplicado los ingresos del Estado por cinco en este período, el gobierno sigue gastando cada año 3,5% más de lo que produce todo el país. La deuda, por más que mucho se habla de su sabio manejo, ha crecido sin parar, obligando al gobierno a un ajuste fiscal apenas asumió, para tranquilizar a los mercados y no perder el famoso investment grade. Porque si no...

Resulta cuando menos gracioso escuchar a los laderos del gobierno acusar al sector agropecuario de no haber ahorrado durante los tiempos de "vacas gordas", cuando la vaca más gorda de todas, el Estado uruguayo, no fue capaz ni siquiera de bajar el agujero fiscal permanente aunque sea un punto en 15 años de supuesto boom económico.

Pero también a nivel social el ambiente se corta con una navaja. Pese a todos los recursos volcados a asistencia social, el mismo gobierno ha tenido que reconocer que cada día vive más gente en la calle, que los cinturones de pobreza en torno a la capital y a ciudades del interior siguen igual o peor que hace una década. Y la presencia del Estado en estos ambientes está lejos, pero muy lejos, de ser la ideal. ¿A dónde fue a parar todo ese dinero de los contribuyentes?

De la mano de lo anterior, se explica el problema de la inseguridad que vive el país hoy. Son generaciones y generaciones de jóvenes que siguen naciendo en barrios irregulares, sin políticas claras de integración, con un sistema educativo que los expulsa en masa y que los condena a trabajos de mísero sueldo y futuro imposible en la era de la robotización. O directamente al delito. Y ni siquiera a la hora de las políticas represivas, a las que el gobierno ha dado todos los recursos y apoyo imaginable, se pueden ver resultados que demuestren de forma contundente que se han hecho las cosas bien. Más bien todo lo contrario.

Ante este panorama, el gobierno y algunos analistas se indignan cuando se habla de una década perdida. Se apalancan para eso en las frías estadísticas de pobreza. Y en las de consumo, donde se sostiene que la gente ha logrado comprar bienes durables que les han hecho la vida mucho mejor.

Sobre las estadísticas, vale señalar que las mismas están influidas por la incorporación de beneficios que en el fondo siempre estuvieron al alcance de la gente, como es la atención médica. Y la realidad está mostrando que al primer sacudón económico, buena parte de esa población que supuestamente dejó la pobreza, está más cerca de volver que de pasar a un estadio de vida superior.

Pero es tal vez a la hora de analizar el tema de los bienes de consumo donde se puede tener una representación cabal de estos años. Tal vez la motito china sea la imagen que mejor describe este fenómeno de supuesto ascenso social. Muchos uruguayos lograron acceder a este bien que les mejoró drásticamente la movilidad y hasta el amor propio. El tema es que tras diez años va quedando claro que la solidez y calidad del bienestar que produjo esta década pasada, es muy parecida a la solidez y calidad de esa emblemática motito china.

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