Editorial

Los asesinatos de 2018

No se trata entonces de un problema de sensación térmica, como señalan hace años voces oficialistas y comentaristas pro-gobierno para relativizar la terrible situación que sufrimos.

El informe del 2 de enero pasado de Fundapro sobre los asesinatos ocurridos en 2018 no cayó como un balde de agua fría, porque cualquiera que estuviera un poco informado de la realidad del país sabía perfectamente que el balance habría de ser gravísimo, como se confirmó. Sin embargo, es un informe que debiera de alertarnos seriamente en este año electoral.

En primer lugar, porque haya sido Fundapro, una organización privada, quien haya publicado datos sobre la inseguridad en el año transcurrido, antes que el propio ministerio del Interior. En efecto, se trata de un tema lo suficientemente importante como para que la información oficial de 2018 esté pronta y con detalles al inicio de 2019, para así poder hacerse una cabal idea de lo que realmente está sucediendo en el país.

En segundo lugar y más allá de tales o cuales matices y reflexiones parciales, la gran conclusión que surge del informe de Fundapro es que el Uruguay está teniendo un problema dificilísimo en materia de inseguridad. Un problema que el candidato Vázquez prometió en 2014 empezar a resolver, con una baja del 30% en cantidad de rapiñas y de hurtos, pero que lejos de encaminarse a una mejora, ha empeorado radicalmente en su administración iniciada en 2015.

El tema seguramente enfrentará al oficialismo y a los partidos desafiantes en este año electoral. Pero hay que ser consciente de qué estamos hablando: en 2017, se cometieron 283 asesinatos, y en 2018 la cantidad pasó a 382. Hay más de un asesinato por día. La tasa de homicidios cada 100.000 habitantes es de 11,2 a nivel nacional y de 15,4 en Montevideo. Somos el peor país del cono sur en este sentido: en 2017, Chile presentó una tasa de 3,6 homicidios cada 100.000 habitantes y Argentina de 5,2.

Además, la situación va cada vez peor. Las cifras oficiales de variación de homicidios entre 2016 y 2017 fueron de un crecimiento de menos de 6%; las cifras de Fundapro entre 2017 y 2018 fueron de un crecimiento de 35% en todo el país. Como con el caso de las rapiñas y de los hurtos, en vez de bajar la cantidad y por tanto de mejorar en algo la terrible inseguridad, la verdad es que las cifras aumentan y por ende la inseguridad es más grave.

No se trata entonces de un problema de sensación térmica, como señalan hace años voces oficialistas y comentaristas pro- gobierno para relativizar la terrible situación que sufrimos. No es tampoco que, a pesar de cierta evolución negativa, sigamos siendo un país seguro comparado con la región. Nuestros resultados son el doble de malos que en Argentina y casi tres veces peores que la comparación con Chile. Claro está, siempre se podrá encontrar la ciudad o la región de Brasil o de Venezuela, por ejemplo, que ofrezcan peores guarismos que los nuestros: es fácil satisfacerse cuando se compara al Uruguay con los peores países del mundo, como son los casos de algunos de nuestros vecinos latinoamericanos. No se conforma quien no quiere.

Pero si nos comparamos con el cono sur, y sobre todo si lo hacemos con países culturalmente muy similares al nuestro, como España o Italia por ejemplo, la verdad es que los resultados de nuestra mayor inseguridad son terribles. En esos dos países mediterráneos por ejemplo, la tasa de homicidios desde 2010 es menor a 1 cada 100.000 habitantes, es decir, unas 15 veces menos que Uruguay en 2018. Para ponerlo en cifras: en 2016, en España hubo 292 homicidios, en una población total de 46,5 millones; en Uruguay, en ese año y según cifras oficiales, fueron 265 homicidios en total, para una población calculada en 3,4 millones de habitantes.

Para Montevideo en particular, si además se realizara un corte geográfico que dejara de un lado a los barrios costeros más pudientes y del otro a los barrios más populares y periféricos, se vería que la tasa de homicidios de 15,4 cada 100.000 para la capital esconde en realidad diferencias regionales muy importantes: en concreto, que la realidad de violencia cotidiana extrema de los barrios populares es de las peores del mundo.

Todo el Frente Amplio ha respaldado en estos años, en varias ocasiones y explícitamente, al ministro del Interior y a esta gestión del presidente Vázquez que termina con estos resultados que son, por lejos y sin ninguna duda, los peores en materia de inseguridad desde aproximadamente 40 años que hace que se llevan registros oficiales detallados.

Así las cosas, la gravísima inseguridad que muestran los datos de Fundapro es una de las herencias más nefastas de esta larguísima década del Frente Amplio en el poder.

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