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Uruguayos no somos felices


@| Según estudios internacionales, Uruguay es el país menos feliz del continente de acuerdo a un estudio realizado por Sura que analizó la percepción de la felicidad y el bienestar de 17.000 personas de Uruguay, Chile, Colombia, México, Perú y El Salvador.  

Entre los factores que los uruguayos consideran importantes para tener una vida feliz se encuentran la seguridad económica y la familia, seguidas de la salud y el amor. En último lugar están aspectos vinculados al éxito y el placer referido a viajes, vacaciones y tiempo libre.

Si bien en la República Oriental del Uruguay, hasta ahora, no existía una corrupción “descontrolada”como la implantada por estos gobiernos progresistas, no exhibimos una corrupción salvaje como se da en los casos de la Argentina, de Brasil y la República Bolivariana de Venezuela, pero igualmente los uruguayos no somos felices. 

Las permanentes “cortinas de humo” que el gobierno lanza para nublar (no nos hace olvidar) el panorama tormentoso de los problemas en la salud, en la enseñanza, en la seguridad, agobiándonos con titulares falsos y medidas sin contenido por lo que los uruguayos no somos felices. 

No tenemos guerra ni terrorismo (visible), pero los uruguayos no somos felices. 

Si bien en el Uruguay, al menos en apariencia, no se dan enfrentamientos entre cárteles de narcotráfico ni tienen lugar crímenes al mejor estilo mafioso, los uruguayos no somos felices. 

Si bien, por ahora, la prensa puede expresarse libremente, sin censura gubernamental, nos alarma la camuflada “ley mordaza” que intenta imponer el gobierno y por eso, los uruguayos no somos felices.
Los uruguayos precisamos palpar la oportunidad de sentir las condiciones de vida que nos permitan alcanzar esa felicidad. 

Necesitamos poder estar seguros en nuestras casas. 

Necesitamos contar con la seguridad de que nuestros hijos retornen sanos luego de una salida de esparcimiento. 

Necesitamos no desconfiar del que está a nuestro lado en un local de pagos, pensando que podría ser un “rapiñero”. 

Necesitamos no tener que agradecer porque nos robaron y no nos mataron. 

Necesitamos estar seguros de poder ser atendidos como corresponde por los “servidores públicos” que se ubican tras un mostrador. 

Necesitamos recuperar la confianza en nuestro sistema, para poder abrir las puertas de nuestras casas sin temor. 

Necesitamos un servicio de salud apto, que nos asegure una atención digna y profesional. 

Necesitamos saber que nuestros hijos acuden a escuelas y liceos, que les proporcionen los mejores programas de estudio, a criterio de que se garanticen un futuro venturoso. 

Precisamos que se “limpien” las calles y ramblas del alcohol y de la droga, que hace prisionera a la juventud. 

Es muy poco lo que le pedimos, Señor Presidente, para poder vivir felices y en comunidad. Tan solo que Ud. encamine una estrategia que lo lleve a imponer una política firme en materia de seguridad, digna en materia de salud y equilibrada en la educación.

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