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Muertes evitables

@|Las muertes evitables es un concepto del mundo médico que jamás debió extrapolarse hacia el uso en el mundo político.

Se desglosa en muertes prevenibles y muertes tratables. Supone una reflexión concienzuda sobre más de 3 mil causas de muertes posibles. Su estudio es tan complejo que se releva sus datos cada tanto y hasta un ranking de países se ha armado al respecto.

Uruguay durante los gobiernos del Frente Amplio tenía un opaco puesto 68° en el mundo en 2017. (Último estudio que alguien en estas comarcas se animó a mostrar). El Ministerio de Salud pública frentista, los héroes de la salud de entonces, cerraron el pico con estos datos. No convenía andar mostrando que estábamos 20 posiciones por debajo de Chile. Dios no permita ser menos que ellos.

Pero en todo caso muertes evitables es un concepto cargado de cinismo y política mala intención cuando se quiere usarlo en medio de una catástrofe universal para “caranchear” con la desgracia.

Y más cuando se viene de 15 años de gobiernos progre en los que no importó nunca cuántas muertes evitables hubo por suicidios, asesinatos o muertes por accidentes cardiovasculares.

¿Cuántas de esas muertes se pudieron evitar si se hubieran puesto las pilas como Estado?

No lo sabemos. Y no lo sabremos tampoco porque no se nos ocurre llevar facturas berretas y buscar sacar rédito de la fatalidad de una muerte.

En el Uruguay entre los años 2000 a 2002 (plena crisis) morían entre 30 mil a 30.500 personas. Con casi igual población y durante los gobiernos del Frente Amplio hubo 2 mil a 2.500 muertes más que antes. A ese aumento le cabe a uno preguntar: ¿Fue por muertes evitables? ¿El Frente Amplio trajo más muertes?

¿Verdad que es de carroñero andar hurgando en esto?

No lo volveré a hacer. Creo que ya es historia y no debo llevar esas cuentas.

¿No les da vergüenza?

En la historia del país a partir de cuándo se llevan los datos de muertes por toda causa siempre oscilaron entre el 8.5 al 9.5 por mil promedio.

Esos números representan 100 años de historia.

Sólo hubo 2 años muy trágicos en los que los decesos se dispararon.

Épocas de pestes, sin antibióticos aún y en plena gripe española. 1919 y 1920. Las muertes ascendieron de un 9 a un 13 por ciento durante 2 años seguidos.

Era otro Uruguay. Pero veníamos de guerras civiles y con un Uruguay batllista a cargo de la conducción del país. Por más odios que hubieran quedado, las crónicas de la época no registran que ningún blanco opositor o anarquistas disidentes hayan hecho caudal político de ese aumento dramático de los fallecimientos.

Era otra gente, era otro Uruguay, era otra sociedad.

No existían los Olesker ni los Andrade.

Les hubiera dado vergüenza saber que 100 años más tarde unos “caranchos” posmodernos y legislativos iban a buscar hambrientos la carniza solamente para intentar lograr unos votitos futuros de los tipos más radicales que existen en esta sociedad.

Total, ganan sueldos capitalistas mientras entonan la Internacional Socialista en sus ratos de ocio.

Pena y rabia me dieron.

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