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La forestación


@| La forestación existe en este país gracias a una ley que durante su presidencia creó el Dr. Julio Ma. Sanguinetti y cuyo redactor fue el Dr. Alberto Zumarán. Está aún hoy plenamente vigente y se le conoce como ley madre. Por ella nacieron todas las forestaciones que existen hoy en el Uruguay y que ya pasan hoy el millón de hectáreas. Es un rubro que no existía en nuestro sector agropecuario y que en pocos años puede llegar a superar los dólares que ingresan por exportación de carne o lana. 

Todo el trámite de esta ley -desde el principio al fin- se hizo a la luz pública. No existía -como hoy- confidencialidad alguna. Hoy, por el contrario se hace todo en secreto: el pueblo no puede saber de qué se trata. Así se firma un contrato entre una compañía multinacional, que sólo tiene plata, y el Uruguay, que no tiene plata pero tiene “Patria”. Patria que no se puede vender a ningún precio y menos por centésimos pagaderos por mes y a 20 años. 

Es triste pero es verdad: la plata manda. El contrato firmado -que no obliga en nada a UPM- entre otras cosas deja convenido que ellos se podrán instalar en zona franca, es decir en un lugar de nuestra patria en la que no pagarán ningún impuesto durante 20 años. Los uruguayos tendremos obligatoriamente que instalar un ferrocarril que una Paso de los Toros con el puerto de Montevideo. Arreglar todos los caminos que ellos quieran. 

Hacer en el puerto de la capital -también- todo lo que ellos pidan. Mejorar la educación, fundamentalmente en Durazno y en Montevideo, para que se especialice a la juventud en ser mano de obra de ellos. Se agrega que cualquier conflicto laboral tendrá soluciones distintas y mejores para la patronal. Tampoco dice una palabra de cómo se van a regular los salarios.
Nadie niega la importancia y la necesidad de las inversiones extranjeras. Pero no por serlo dejan de ser preferentes a las que centenares y miles de empresarios uruguayos, pequeños y medianos, realizan sacrificadamente, a cielo descubierto sin el menor amparo. Antes bien, por el contrario, el absolutismo estatal somete hoy al empresariado uruguayo a una presión impositiva solamente sostenible por la medio de la gestapo fiscal instituida por la DGI. Hoy no puede ningún oriental mover libremente cinco mil dólares de un bolsillo al otro sin que se le haga una radiografía de toda su anatomía, mientras que a UPM se le exonera de cuanto puede uno imaginar. Un Rey chino preguntó que diferencia hay entre matar a un hombre con la espada o con medidas gubernativas. Y el pueblo contestó: ninguna.

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