Ricardo Reilly Salaverri
Ricardo Reilly Salaverri

Venimos

Las urnas han sentenciado inapelablemente que Luis Lacalle Pou es el Presidente de la República desde el 1º de marzo de 2020. Le acompañará como vicepresidente Beatriz Argimón, quien en tal carácter, de acuerdo con la Constitución nacional, será Presidente del Senado.

En las cámaras, la coalición multicolor ha consolidado una mayoría de 18 senadores y 56 diputados. El resultado del pasado domingo 24 de noviembre ha sido claro. Más allá del margen estrecho entre las dos opciones presentadas a la ciudadanía, quizás por la falta de grandeza de la fórmula que perdió, se ha dilatado el reconocimiento de la situación y la mayoría popular vencedora habrá de festejar nuevamente cuando el cierre definitivo de los números electorales.

Las circunstancias que revelan el carácter, la visión y disciplina del futuro Presidente, y la capacidad de negociación y apertura política de la vicepresidente, respaldados por el Partido Nacional, ameritaron y ameritarán múltiples comentarios. La responsabilidad patriótica que impulsó a los líderes, dirigentes y militancia de las demás fuerzas republicanas coaligadas, abre un tiempo de esperanza.

A la vista se observan enormes dificultades, de circunstancias internacionales, seguridad pública, inversión privada, endeudamiento internacional, déficit fiscal, paralización productiva, y un largo etcétera de temas relevantes, que deben encararse sin demora.

En controversias cívicas a veces históricas, y aún trágicas, al cierre se alzaba una voz que rezaba: “los pleitos entre hermanos se sellan con un abrazo”. El presidente electo ha expresado su vocación de considerar, en la construcción del destino nacional común al país entero, como una sola familia. Seguramente miles de integrantes y votantes de la fórmula presidencial frenteamplista también lo sientan. No obstante, es posible que algunos peleados con la vida y jugados a la división y el enfrentamiento entre uruguayos, faltarán a la cita. Se verá.

La coalición no se impuso tan solo a una fuerza política con propósitos diferentes a los propios. Se ha derrotado a un régimen. Que se sintió fundacional, como si toda la Historia de la Nación de José Gervasio Artigas no fuese digna de consideración y a su vez, cimiento de una institucionalidad política, económica y social que despertó y despierta reconocimiento planetario. Régimen que durante 15 años tuvo mayorías parlamentarias estables, el manejo de todos los organismos descentralizados del Estado, que conoció históricamente el tiempo de mayor bonanza económica internacional merced al alza de las materias primas, al que no proyectó en desarrollo sustentable y que, abreviando, ha dado a todo el Estado uso proselitista. Haciendo incluso de dos canales de televisión estatales que paga todo el pueblo uruguayo, comités de base, regenteados y disfrutados por amigos, con sesgo partidario impenetrable, Y, engordando las plantillas de personal estatal con decenas de miles de funcionarios, con un afán de clientelismo que supera lo hasta ahora conocido, en nuestros antecedentes.

El desafío es duro. Toda la dirigencia y los movimientos de la coalición creemos que estarán cohesionados y a la altura de las circunstancias, por la jerarquía personal de quienes los encabezan. También porque hacia adelante la afirmación democrática rumbo al 2024, los precisa enteros para alzar nuevamente al viento las banderas del porvenir libre.

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