Leonardo Guzmán
Leonardo Guzmán

Para la vida no hay veda

Otra veda política. Entonces ¿no escribir? ¿Limar las puntas para refugiarse en corredores estrechos del pensamiento? No: asomarse al hontanar permanente del periodismo, que está en la vida.

Es que el periodismo sigue reflejando la vieja vocación por retratar, reír y llorar con comedias, dramas y tragedias que son de cada jornada, pero reflejan y continúan lo que cantaron y presagiaron aedas y trovadores, pitonisas y coristas griegos. La vocación por contar hechos y procesar conceptos nació más de un milenio antes que los partidos y las elecciones: el primer reportero fue Filípides, que 490 años antes de Cristo se agotó corriendo su inédita maratón para contar a tiempo una victoria helénica.

El discurrir ordenado -el Verbo, el Logos- sacó al hombre de las tinieblas y la perplejidad de los tiempos en que mandaba el mito y no la ciencia, la tradición y no la reflexión. Ese origen noble se perdió de vista. Con el periodismo mezclado con el entertainment hemos olvi

Otra veda política. Entonces ¿no escribir? ¿Limar las puntas para refugiarse en corredores estrechos del pensamiento? No: asomarse al hontanar permanente del periodismo, que está en la vida.

Es que el periodismo sigue reflejando la vieja vocación por retratar, reír y llorar con comedias, dramas y tragedias que son de cada jornada, pero reflejan y continúan lo que cantaron y presagiaron aedas y trovadores, pitonisas y coristas griegos. La vocación por contar hechos y procesar conceptos nació más de un milenio antes que los partidos y las elecciones: el primer reportero fue Filípides, que 490 años antes de Cristo se agotó corriendo su inédita maratón para contar a tiempo una victoria helénica.

El discurrir ordenado -el Verbo, el Logos- sacó al hombre de las tinieblas y la perplejidad de los tiempos en que mandaba el mito y no la ciencia, la tradición y no la reflexión. Ese origen noble se perdió de vista. Con el periodismo mezclado con el entertainment hemos olvidado que la prensa nació como prolongación del libro y el panfleto, para retratar cuadros globales y defender convicciones. Perdemos de vista que el periodismo se llama así porque inserta el minuto en períodos que cambian sus costumbres; y porque al convertir en palabras el pulso nuestro de cada día sostiene e ilumina todo lo fugaz que hay en la Tierra, dándole los cimientos y la luz de todo lo que merece eternidad: el amor y el respeto al prójimo, la persona, la libertad, la justicia. ¡Todos hemos visto cómo se desbarranca la convivencia cuando se eclipsan tales valores por errores, distracciones y viarazas!

Seamos francos: como la campaña por este balotaje fue gris y mustia, la veda de esta jornada no tuvo mucha cosa que acallar. Pero todos sabemos que por muchos aciertos o yerros que puedan esperarse de quien resulte electo el domingo, va a ser ciclópea la tarea a que estamos llamados como ciudadanos libres de un país que siempre volverá a empeñarse en ser libre. Todos nos damos cuenta que ni el festejo de los que ganen ni la desazón de los que pierdan han de ocultarnos que la nación ya no está para resolver sus grandes dificultades resucitando el culto personalista al Presidente, que tantas veces en el pasado nos torció mal el destino.

Por encima de quienes impulsen la confrontación, el Uruguay necesitará volver a emocionarse colectivamente y a tener fe en la razón, expuesta en orden y con fundamentos, después de haber vivido bajo el culto de la palabrota, la ojeriza hacia abogados y escribanos, el regocijo por haber encaramado legisladores sin estudios y el sacrilegio de colocar a la política por encima del Derecho. Necesitamos rescatar lo humano, volviendo a situar a cada criatura en contextos familiares no descoyuntados y devolviéndole prestancia a la persona, hoy recortada por las insuficiencias de la educación, aplastada por las visiones materialistas de la sociedad y cribada por los espionajes informáticos que nos radiografían sin que sepamos.

Se dirá que estas desgracias no son sólo nuestras sino mundiales y se nos llamará a alzarnos de hombros.

Pero hagamos memoria: el Uruguay fue grande cuando aventuró síntesis propias para enfrentar causas con valor universal. Puede volver a hacerlo si, en un mundo donde ya no hay degradación que falte, nos damos cuenta cuánto puede valer nuestra experiencia si volvemos a pensar entre todos, sin depender más que de nosotros mismos.

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