Julio María Sanguinetti
Julio María Sanguinetti

Hay mucho en juego

Es frecuente oír que en esta campaña electoral no se están discutiendo temas de fondo. También que, pase lo que pase, no habrá cambios estructurales en el manejo del país. Quienes miran desde el ángulo de los partidos fundacionales, suelen engañarse con el hablar cansino del Dr. Vázquez. Quienes lo hacen desde la perspectiva frentista, en cambio, solo encuentran el argumento de que a los pobres “se les quitarán los beneficios alcanzados”.

Es frecuente oír que en esta campaña electoral no se están discutiendo temas de fondo. También que, pase lo que pase, no habrá cambios estructurales en el manejo del país. Quienes miran desde el ángulo de los partidos fundacionales, suelen engañarse con el hablar cansino del Dr. Vázquez. Quienes lo hacen desde la perspectiva frentista, en cambio, solo encuentran el argumento de que a los pobres “se les quitarán los beneficios alcanzados”.

Desde ya que esta es una mentira mayúscula que se basa en ignorar que las transferencias condicionadas, existen desde hace 80 años cuando, por ley de 1944, se establecieron las asignaciones familiares, subordinadas a que los niños fueran a la escuela. Así se trabajó medio siglo con éxito hasta que el engrudo frentista entreveró todo, en su demagogia clientelística, y —tratando de amarrar votos a la miseria— organizó prestaciones sin reales condiciones, fomentando así el ocio y el desaliento a la cultura del trabajo.

Desde nuestro ángulo, lo que importa es que está en proceso un cambio fundamental en la estructura democrática del país, que se inició bajo el gobierno del Dr. Vázquez, se expandió bajo el anárquica administración de Mujica y ahora corre el riesgo de consolidarse: el mismo significaría, nada más ni nada menos, que alejarse de nuestra clásica democracia representativa, donde gobiernan quienes eligen los ciudadanos, para caer en la estructura corporativa que el peronismo, en los años 40, importó de la Italia fascista.

El primer gran escalón fue la ley de fuero sindical, de 2006, que estableció la inamovilidad de cualquier dirigente sindical, grande o pequeño, y un sistema obligatorio de descuento de cuotas, que lograron que el PIT CNT pasara de 110.00 afiliados en 2003 a cerca de 400.000 actualmente. Pasó a ser tal negocio afiliarse, que ya la agremiación dejó de ser algo voluntario para transformarse en algo prácticamente obligatorio, con el consiguiente manejo de recursos que hoy obscenamente se exhibe.

De cómo esta fuerza sindical predomina sobre las estructuras políticas se vió rotundamente en el debate de la ley de responsabilidad penal empresarial, en que los senadores frentistas que discrepaban tuvieron que levantar la mano cuando el SUNCA les rodeó el Palacio Legislativo y les obligó a votar.

En la administración misma, el episodio de autoritarismo y corrupción de la ASSE es de tal modo expresivo que no precisa comentarios. Es la consecuencia inevitable de haberle dado al poder gremial la capacidad de conducción, sin los contralores propios de cualquier administración. El resultado fue la expansión de un caudillejo desbordado y una estructura de corrupción que, felizmente, la Justicia ha desnudado y sancionado.
Si pasamos al tema de vivienda, formidable fracaso del Frente Amplio, nos encontramos con un verdadero escándalo. Se le da al sindicato de la construcción la capacidad para administrar un enorme fondo público. El Banco Hipotecario se limita a poner el dinero, pero a quién le prestará y quién construirá, lo dirá la agremiación. Ésta fue rápidamente ganada por las modalidades más groseras de la corrupción, al punto de inventar una intermediación ficticia y luego “coimear” a las empresas que eventualmente construirían. Estos días se le añade que el Tribunal de Cuentas observa una adjudicación millonaria del MVOTMA al SUNCA, revelando una vez más que los fondos del Estado ya no están administrados por quienes fueron votados por la ciudadanía. Por fortuna, el MVOTMA decidió no insistir y el contrato cayó, a diferencia de lo ocurrido en el MIDES y el contrato (en realidad, fueron al menos cuatro) con el sindicato de empleados de comercio para gestionar un refugio y que fuera igualmente observado por el Tribunal de Cuentas.

El ejemplo de la educación también es clamoroso. Se duplicaron los fondos y se derrumbaron los resultados. La incorporación, por ley de 2008 (también del gobierno Vázquez) a la dirección de la ANEP de una dirigencia sindical con poder real, ha logrado ser más o menos detenida por el actual gobierno, justo es reconocerlo. Pero preserva un poder de veto que impide todo cambio. Pierden la votación, pero hacen ilusorio el resultado.

Está claro que ya la democracia representativa va quedando en caricatura. Votar al moderado Astori es perder el tiempo, porque su mano se levantará o bajará según diga el gremio que rodee el Palacio Legislativo. La palabra “peronización” ha partido del sector sensato del movimiento sindical, que está alarmado ante la aparición de la corrupción rampante y una disolución ética que ya no defiende al buen trabajador sino que premia al abandonado y sin disciplina.

Esto es lo que está en juego en esta elección. Es democracia o corporativismo, es separación de poderes o subordinación al poder gremial, es libertad del trabajador o sumisión a una estructura opresora que lo llevará y lo traerá a donde quiera, es ser gobernado por aquellos a los que se ha votado o resignarse al mandoneo de los que emergieron de oscuras decisiones corporativas.

El Dr. Vázquez seguramente es consciente de lo que ocurre, pero no podrá enfrentarlo porque es la consecuencia de sus propias leyes.
O se cambia ahora, o será tarde. El Uruguay no puede caer en un futuro institucional como el que ha corroído a la Argentina desde hace décadas.

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