Juan Oribe Stemmer
Juan Oribe Stemmer

Mercosur: ¿otro rumbo?

La semana pasada se reunieron en Brasilia los presidentes de los dos principales países socios del Mercosur, Mauricio Macri y Jair Bolsonaro.

 Los presidentes habrían acordado consultar a los dos socios menores, Paraguay y Uruguay, para definir procedimientos más flexibles que permitan que cada una de las Partes del Tratado de Asunción negocie acuerdos de libre comercio por separado de los demás socios del bloque. Según informó El País, ese cambio de rumbo en la política establecida del Mercosur abriría el camino para que Brasil concluya un tratado de liberalización comercial con los Estados Unidos.

El presidente brasileño afirmó que “El Mercosur precisa valorizar su tradición original: apertura comercial, reducción de barreras, eliminación de burocracias. El propósito es construir un Mercosur que siga teniendo sentido y relevancia”. El presidente argentino, por su parte, se refirió a las negociaciones con la Unión Europea y consideró que era necesario “dar los pasos hacia un acuerdo que beneficie a ambos bloques”.

Son dos cuestiones diferentes.

Una cosa es un proceso de negociación entre dos bloques económicos, la Unión Europea y el Mercosur; y otra muy diferente que cada una de las partes del Mercosur pueda negociar libremente, y por su lado, acuerdos de integración económica con terceros Estados.

La clave de un proceso de integración, escribió Catalano hace décadas, es “la aceptación de reglas comunes dictadas a partir de perspectivas comunes y sobre la existencia de intereses comunes”. En el caso de la Unión Europea, el proceso de integración se funda en cuatro libertades fundamentales: libertad de circulación de mercancías, personas, servicio y capitales.

El Tratado de Asunción, suscrito en 1991, sigue esas ideas fundamentales. Su artículo primero estipula que los Estados Partes “deciden constituir un Mercado Común, a través, entre otros, de la eliminación de los derechos aduaneros y restricciones no arancelarias a la circulación de mercaderías”. Con ese fin, acordaron establecer un arancel externo común; adoptar “una política comercial común con relación a terceros Estados o agrupaciones de Estados y la coordinación de posiciones en foros económicos-comerciales regionales e internacionales”; coordinar sus políticas macroeconómicas y sectoriales, y asumieron el compromiso de “armonizar sus legislaciones en las áreas pertinentes”.

La conclusión lógica, necesaria, de la construcción de un espacio económico común, como se pactó en Asunción, es la definición de una política exterior comercial común.

En los hechos, dentro de un mercado común no existen acuerdos de libre comercio separados, estancos, con terceros países. Si una de las Partes negocia un acuerdo de ese tipo, ello aparejará consecuencias para el conjunto de las actividades económicas dentro del mercado común y tendrá un impacto directo sobre las demás Partes.

Dejando de lado las posibilidades que tenga Brasil de negociar un acuerdo comercial con los Estados Unidos, la liberalización que propone el presidente Bolsonaro parece ir en contra de la tradición original cristalizada en el Tratado de Asunción y, lo más importante, contradice la esencia de un mercado común.

Sería muy diferente si el Mercosur, como un bloque, suscribiese un acuerdo comercial con los Estados Unidos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)