Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Reflexiones sobre el final

La política tiene sus recovecos: el alma humana muchos más. Mujica es autor de montañas de disparates, desde aquello de subirse a un arado hasta que lo político está por encima de lo jurídico. Sin embargo esa cabeza sin chaveta tiene una cualidad desconocida (o reprobada) en la izquierda: es libre. Si usted prefiere: anárquica. Mente despojada de hormas que son el sello de toda cabeza izquierdista.

La política tiene sus recovecos: el alma humana muchos más. Mujica es autor de montañas de disparates, desde aquello de subirse a un arado hasta que lo político está por encima de lo jurídico. Sin embargo esa cabeza sin chaveta tiene una cualidad desconocida (o reprobada) en la izquierda: es libre. Si usted prefiere: anárquica. Mente despojada de hormas que son el sello de toda cabeza izquierdista.

Recojo expresiones recientes de Mujica (El País 25-1-2014). “Una de las mayores formas de inversión es la enseñanza dirigida esencialmente a la multiplicación del mundo material que nos rodea”. Agrega referencia al “engranaje burocrático infernal alejado de la realidad concreta que vive la gente”. Termina con un reconocimiento: en materia de educación, “las generaciones que nos precedieron nos han dejado mucho” y el presente deja una deuda para adelante.

Esto, y expresiones similares en otras oportunidades, resulta escandaloso e inaceptable para la cultura de izquierda que sostiene el Frente Amplio. El Frente nunca entendió a Mujica, no lo acompañó y le trancó todo lo que pudo. El principal obstáculo que enfrentó Mujica como Presidente ha sido el Frente. Él mismo lo ha dicho: son los míos los que no me la llevan.

Mujica ha sido un mal gobernante por mérito propio, por incapacidad organizativa y de gestión: de eso no cabe duda. Pero tuvo un palo metido en la rueda proveniente de adentro. Es curioso: Mujica goza de enorme popularidad pero nadie le hace caso. Obtuvo muchos votos, algunos provenientes de los frentistas que votan a una heladera pero muchos auténticamente de él. Los aparatchiks de la burocracia frentista lo usaron electoralmente pero no le han dejado el gobierno porque el proyecto político del aparato frentista no armoniza ni con la cabeza ni con el sentimiento de aquel Mujica sin uso, recién estrenado, el del discurso en la Asamblea General.

Para las próximas elecciones el Frente Amplio va a cambiar de candidato (es un decir) pero no habrá un cambio de mentalidad. Va a tener un candidato con saco y corbata (o túnica blanca) y con las uñas mejor cortadas, pero seguirá siendo el Frente. Recordemos que unas elecciones las puede ganar un candidato pero gobernar, gobierna un partido. El Frente es una máquina electoral y de propaganda pero no tiene ideas nuevas (nuevas quiero decir posteriores a 1917).

Resulta curioso que los intelectuales y politólogos compatriotas, casi todos con cabeza de izquierda y fidelidad frentista, no hayan estudiado ni escrito nada sobre el extraño fenómeno de un Presidente objeto de un apartheid partidario fríamente calculado entre su notoria utilidad publicitaria y la sorda resistencia a que gobierne. ¿No habrá alguno que se anime?

A veces me siento tentado a pensar que, en estos momentos de euforia económica, la vida política ha pasado a ser una dramatización vacía, escenario nominal, dominado por gente que no tiene sentido de gobierno ni siquiera ambición de poder como herramienta de incidir sobre el Uruguay. Sólo atiende a las urgencias por colocarse hábilmente en la gataparida de los cargos de confianza y los puestos oficiales bien remunerados. Un lector de Marx me citó palabras de D. Carlos: “La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos” (El 18 Brumario). A los nietos de la utopía revolucionaria la caída del muro les ha dejado un cansancio devastador.

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