Juan Martín Posadas
Juan Martín Posadas

Equilibrio y apuesta

Los embates del Covid que registran los informes diarios son cada vez menos tranquilizadores; son alarmantes: creo que esta sea la palabra adecuada. Pienso que ese sentimiento de alarma angustiosa pesa sobre la población y pesa tanto o más sobre las autoridades.

¿Qué hacer? ¿Qué se puede planificar con posibilidades de que se concrete?

La pandemia viene llena de interrogantes y dudas desde su primer momento: está rodeada de mucho no saber. No solo no se sabe a ciencia cierta su origen sino que tampoco se sabe mucho de su comportamiento. En varios países del primer mundo, aún entre los más disciplinados y de mayor cultura como por ejemplo Alemania, tomadas todas las medidas y precauciones recomendadas, un buen día se dispararon los casos. Se le puso un nombre: segunda ola; un nombre que no explica nada, ¿Por qué se produce? ¿Qué la provoca? ¿Se puede evitar o acontece de todos modos? En Chile, el país más vacunado del continente, se dispararon los casos: llámele segunda ola (y no se puede agregar mucho más).

Los gobiernos -el nuestro y todos los gobiernos serios- toman medidas dentro de la penumbra, siempre procurando un equilibrio entre no hacer nada por no saber qué hacer o perder la cabeza y hacer cualquier cosa. La disyuntiva razonable ante esta amenaza de la que se sabe tan poco y es, por lo mismo, tan impredecible, es un tanteo, una flexibilidad, un dejarse campo para respuestas rápidas y creativas y para correcciones de rumbo.

Sobre todo sería una insensatez dejarse amilanar por los daños de hoy -el número de infectados, las camas disponibles, los CTI y los fallecimientos del día- y cerrar los ojos a los daños de mañana, los daños económicos, sociales, psicológicos, educativos, extendidos por toda la sociedad y por una duración de quién sabe cuántos años.

La ciencia, tarde o temprano, va a dar con remedios eficaces y algún día se erradicará la enfermedad misma. Pero los países, en este caso nuestro país, no pueden arriesgarse a un futuro sin Covid pero con enormes heridas sociales, con destrucción del aparato productivo, con una pérdida importante de nivel cultural, con seria afectación del empuje social para erguirse sobre las dificultades.

La solución que se proclama y se empuja desde filas del Frente Amplio es cerrar todo y repartir plata. ¡Como si todo se pudiera arreglar con plata!, (que, por supuesto es infinita, está ahí, en manos de los ricos, solo es cuestión de repartirla -de que la repartamos nosotros- y todo arreglado). Tétrica visión; un país desvitalizado y fundido mantenido por el estado (o por la Cruz Roja, o la organización de la UN para refugiados, da lo mismo).

Como se dijo arriba, la cuestión está en los equilibrios, el balance entre la disciplina impuesta o la libertad exhortada, comprometida, responsable. En cierta medida es el equilibrio entre el presente y el futuro; la construcción de un presente a costa de un futuro o como base del futuro.

Y es una apuesta, como tantas cosas en la vida. La vida que, como dijo bien el Dr. Guzmán, es siempre un emprendimiento por cuenta propia. Tanto la vida individual de las personas como la vida colectiva de las naciones. Y como no es razonable andar un día para un lado y al siguiente para el otro, hay que tender hacia la unidad de esfuerzos y colaborar con el gobierno elegido.

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