Javier García
Javier García

Invitado a fugarse

En todos los países los narcos son los presos más presos, los más vigilados por su gran poder de corrupción y compra.

Salvo acá donde duermen con la puerta abierta de su celda, se avisa que se van a escapar y de la forma que lo van a hacer y nadie hace nada y, además, por si las moscas, sacan las cámaras de seguridad, no sea cosa que alguien se le ocurra evitar la fuga.

Lo de Morabito es un escándalo de proporciones donde la corrupción de algunos funcionarios y la negligencia e incapacidad del gobierno están tan mezclados que si no se hubiera escapado sería una decepción. Lo invitaron a irse. Ojalá lo recapturen pronto, aunque el episodio de la fuga ya no tiene vuelta atrás.

El gobierno de Italia se hizo sentir, sin usar la discreta vía diplomática, para que se supiera del enojo. El papelón internacional que estamos pasando es mayúsculo. Va casi una semana de la fuga y hasta el momento ningún jerarca dio la cara, empezando por Bonomi que dio una imagen patética escondiéndose en su auto oficial con sus guardaespaldas para que la prensa no lo agarrara. Ya no quedan criollos…ni tupas. Es natural a esta altura del partido que el gobierno nunca se haga cargo de los problemas, es una fábrica de excusas y de echarle la culpa a otros. En este caso la culpa alguno la adjudicó a Italia por no llevárselo antes. Es lo que yo llamo la tesis de la tintorería, donde si no retira la prenda antes de los 90 días se pierde el derecho al reclamo. El escándalo es de proporciones. La que era directora de esa cárcel dice que avisó varias veces que estaba para fugarse pero que nadie le dio bolilla en las autoridades.

El informe de inteligencia penitenciaria de junio de 2018 lo avisó, y nadie hizo nada. Uno de los presos fugados se fue por una puerta que está al lado de la entrada de la oficina del propio jefe de Policía de la capital.

El gobierno no puede dar cumplimiento a una orden judicial en el país y un pedido de extradición. Todo allí fue una cadena de cosas que estaban dadas para que se escapara, un plan perfectamente diseñado para que se fuera. Participaron varios, sin duda, nadie baja seis pisos en la jefatura sin que alguien lo vea. Seis pisos y además abrió la puerta que no tenía tranca. Nadie escuchó un golpe durante los días que hicieron un boquete. Nadie vio polvo, ni un pedazo de piedra. Nada, todos miraron para el costado, los que participaron y los que tomaron medidas insólitas que posibilitaron que casualmente no quedaran rastros. En cualquier circunstancia normal esto tendría como conclusión que el ministro se vaya en gesto de mínima dignidad y que cayera toda la cadena de autoridades, entre ellas el locuaz Layera que sentó días atrás la tesis de que hay que desarmar a los policías fuera de horario. Acá se cumplió su idea al máximo: los desarmó dentro del horario. Y la de su subdirector, que defendió el retroceso de la Policía. También se cumplió: todos fueron para atrás, tanto que nadie molestara mientras los presos se fugaban.

Cuando decimos que se debe restablecer el principio de autoridad, es también por estas cosas, porque en las cárceles mandan los presos que organizan el crimen y andan a sus anchas coimeando, y fugando impunemente. Los únicos “presos” seguros son los uruguayos honrados que viven enrejados adentro de sus casas, mientras los delincuentes mandan afuera y adentro de las cárceles viven sin rejas.

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