Hernán Sorhuet Gelós
Hernán Sorhuet Gelós

Una voz inesperada

El siglo XXI no deja de sorprendernos. Por doquier se perciben las pruebas del valor superior que tiene la educación como herramienta fundamental para la construcción de las personas y las sociedades. Hablamos de crecimiento personal y libertad de pensamiento.

Cuanto más educado está un pueblo, mayor control puede ejercer sobre su destino. Por eso los líderes populistas descuidan la educación para poder gobernar con arengas y manipulación.

Resulta llamativo el fenómeno social a escala mundial en que se han convertido las acciones de la activista Greta Thunberg, de tan solo 16 años de edad.

Sorprenden tanto sus punzantes reclamos a los líderes mundiales, como la creciente popularidad global alcanzada en pocos meses de activismo. Pasó de manifestarse con un grupo de estudiantes frente al parlamento sueco contra su inacción ante las amenazas del cambio climático, a hablar ante el Congreso de los Estados Unidos, el Foro Económico Mundial en Davos, en cumbres climáticas de Naciones Unidas, y en multitudinarios actos desarrollados en varios países.

Focaliza su indignación ante lo que denomina el doble discurso que desde hace décadas practican los tomadores de decisiones. Estos jóvenes confían mucho más en lo que dice la ciencia que en los políticos y gobernantes.

Su principal reclamo es que las acciones difíciles deben tomarse de inmediato. “Cuando yo pueda ser política, ya será tarde para actuar”.

Con su llamativa irrupción a la opinión pública estos adolescentes pretenden sacudir la conciencia de los adultos, al verlos tan pasivos y condescendientes. “Todo está mal. Yo no debería estar aquí arriba. Debería estar de vuelta en la escuela, al otro lado del océano”.

Resulta particularmente interesante comprobar que el motor del activismo de estos adolescentes no es sentimental -como ocurrió mayormente en los 60, 70 y 80 del siglo pasado-, sino racional -prestándole toda la atención a lo que dice el mundo científico, con el prestigioso IPCC a la cabeza. Ante el Congreso de los Estados Unidos Thunberg expresó: “Quiero que escuchen a los científicos, no a mí. Y quiero que se unan detrás de la ciencia. Y luego quiero que actúen”.

Creemos que lo que le da fortaleza a su mensaje es que confronta a la generación de sus mayores invocando los argumentos esgrimidos por la ciencia más avanzada “de los mayores”. No son caprichos o lucubraciones que se podrían atribuir a su corta edad, sino en todo caso al sentido común.

Es dable pensar que su condición de sueca le confiere la ventaja de contar con una buena educación (confianza y autoestima), pero al mismo tiempo la amplitud de sus reclamos basados en las conclusiones de las mejores mentes, induce a pensar que intenta recoger el sentir de sus coetáneos, sin importar si son del primer o tercer mundo.

Este fenómeno social nos parece un cambio cualitativo porque expresa la opinión de los que hasta ahora no lo hacían. Para muchos esta joven puede sonar arrogante y hasta desubicada, pero lo que está claro es que enfrentamos una amenaza real que exige respuestas valientes e inteligentes. Una vez más la ciencia y la tecnología tendrán la última palabra. Sabemos que cuanto más se posterguen las decisiones, más costosas resultarán en términos económicos, sociales y ambientales.

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