Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

La última rendición

Se encuentra a estudio del Parlamento la última rendición de cuentas de la administración Mujica. Aunque al ser la correspondiente a un año electoral tiene limitaciones importantes, reviste el interés natural de ser el cierre de la gestión del actual gobierno.

Se encuentra a estudio del Parlamento la última rendición de cuentas de la administración Mujica. Aunque al ser la correspondiente a un año electoral tiene limitaciones importantes, reviste el interés natural de ser el cierre de la gestión del actual gobierno.

A través de un extenso documento el gobierno expone sus logros y sus excusas, sin mayores novedades. Se dedica buena parte del mismo a la comparación con gestiones anteriores, eligiendo desembozadamente y sin mayor criterio contrastar contra 2004, 1990 o 1985 según convenga más al caso. Parece que el año electoral también alcanzó a los técnicos que elaboraron el informe.

Es una exposición exhaustiva en cuanto al aumento del gasto en los distintos rubros, pero desligado de sus resultados. Gastar más con peor salud y educación, verbigracia, no tiene nada de meritorio, al contrario, da cuenta de mala gestión de y que se están dilapidando recursos de todos los uruguayos. El enfoque del gasto ya es obsoleto, es necesario no sólo saber cuánto se gasta sino qué resultados se obtienen para saber cómo poder mejorar.

En cuanto a las principales variables de la macroeconomía, si bien se las quiere mostrar como un éxito, hay luces y sombras. El PIB creció en 2013 el 4,4%, dato superior al de las previsiones oficiales y privadas. La explicación es el aumento excepcional del sector suministro de electricidad, gas y agua (55,2%) debido a una mayor generación de energía hidráulica que es la que tiene mayor valor agregado. Excluyendo esta cifra rara, el crecimiento del PIB en 2013 sería de 3,6%.

No puede desconocerse un importante crecimiento del producto desde el segundo trimestre de 2003, pero haría mal el actual gobierno y el próximo en ignorar que estamos en una fase de desaceleración. Dos reconocimientos positivos en la rendición de cuentas en este sentido son que las condiciones externas y en particular los precios de las materias primas influyeron decisivamente en el crecimiento de estos años y que las tasas de crecimiento en el futuro serán más moderadas.

En cuanto a la inflación queda claro que el gobierno seguirá jugado sólo a la política monetaria, con lo que seguirá irremediablemente fuera del rango meta. Sin ayuda desde la política fiscal o de ingresos vamos a volver a ver seguramente en los próximos meses nuevos toqueteos al IPC pero ninguna medida que enfrente al fenómeno inflacionario como tal.
El déficit fiscal crecerá significativamente este año alcanzando el 3,3% del PIB. Para encontrar una cifra peor hay que ir a la crisis de 2002. La justificación de Vázquez de que “haciendo una revisión histórica de todas las rendiciones, de todos los gobiernos, siempre hubo un déficit que aumentó en el último año” sólo ratifica que el aumento se debe al año electoral. Una vez los intereses político-partidarios de corto plazo le ganan al interés general en el largo plazo.

La evolución de la deuda pública tampoco fue la deseable. Mientras que al comienzo del gobierno se esperaba culminar la gestión con un ratio sobre el PIB del 40% la proyección hoy es de 62,1% para 2014. Tanto el déficit como la deuda son una mochila pesada para la próxima administración.
El balance deja una gran desazón por lo que se hizo en contraste con lo que se pudo hacer. Con una buena gestión de los recursos y prudencia fiscal hoy el Uruguay podría ser un país de primera.

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