Antonio Mercader
Antonio Mercader

El voto que el alma pronuncia

Hoy es día de elecciones en Uruguay, día de fiesta para la democracia. Una democracia que no se agota con el voto, pero que encuentra en él su acto político esencial. Acto que es un derecho y un deber, aunque entre nosotros, por ser obligatorio, el voto puede llegar a concebirse más como un deber. Si así fuera, se trata de uno de los deberes más gratificantes para quienes como nosotros, los uruguayos, podemos poner nuestro granito de arena para que la democracia siga rigiendo nuestras vidas y el destino del país.
La democracia, el menos imperfecto de todos los sistemas, es el “gobierno del pueblo” aunque el pueblo no ejerza el poder directamente sino a través de sus representantes, esos que hoy elegimos para que actúen en nombre de todos. Los elegimos por quienes son y por lo que se proponen hacer, en una decisión entre diversas alternativas que no siempre capturan toda la riqueza y la complejidad de la voluntad de muchos electores.
Los electores, es decir los protagonistas de e

Hoy es día de elecciones en Uruguay, día de fiesta para la democracia. Una democracia que no se agota con el voto, pero que encuentra en él su acto político esencial. Acto que es un derecho y un deber, aunque entre nosotros, por ser obligatorio, el voto puede llegar a concebirse más como un deber. Si así fuera, se trata de uno de los deberes más gratificantes para quienes como nosotros, los uruguayos, podemos poner nuestro granito de arena para que la democracia siga rigiendo nuestras vidas y el destino del país.
La democracia, el menos imperfecto de todos los sistemas, es el “gobierno del pueblo” aunque el pueblo no ejerza el poder directamente sino a través de sus representantes, esos que hoy elegimos para que actúen en nombre de todos. Los elegimos por quienes son y por lo que se proponen hacer, en una decisión entre diversas alternativas que no siempre capturan toda la riqueza y la complejidad de la voluntad de muchos electores.
Los electores, es decir los protagonistas de esta jornada, están protegidos por el secreto, garantía fundamental en el ejercicio del sufragio: nadie puede ser obligado a declarar por quién vota. Aun así hay votantes que con buena voluntad revelan su voto en las encuestas de boca de urna, esas que hoy antes de las 10 de la noche nos permitirán orejear los resultados con bastante precisión sin tener que aguardar a los datos del escrutinio que la Corte Electoral difundirá recién mañana.
Esos votantes que cantan su voto ante los encuestadores son una excepción. El sistema electoral vigente está concebido para asegurarle al ciudadano el secreto del voto sin temor a presión o represalia alguna. Y vaya si eso vale sobre todo cuando se lo compara con casos de triste memoria. Este columnista recuerda bien uno de ellos. Fue en unas elecciones paraguayas en la época de Stroessner cuando un periodista argentino, en rueda de prensa con el ministro del Interior le dijo que había presenciado votaciones sin el debido secreto. “Ah, no” —contestó el ministro— “en Paraguay hay derecho de entrar a votar en el cuarto secreto... lo que pasa es que los buenos ciudadanos que no tienen nada que ocultar, votan francamente ante la mesa sin esconder la lista elegida”. De antología.
Ese tipo de trampas y coacciones ya no se hacen en Paraguay, pero todos sabemos que todavía quedan unos cuantos regímenes en el mundo que buscan traicionar la voluntad ciudadana y en donde el libre ejercicio del voto resulta impensable. Ahí están las imágenes de Hong Kong en las últimas semanas en donde una multitud encabezada por unos jovencitos le exigía infructuosamente al gobierno de Pekín libertad para elegir a sus autoridades.
Por esa razón, una forma de valorar lo que tenemos y procurar afianzarlo es ir a votar. El voto en blanco o anulado por decisión deliberada del sufragante no debería ser una opción. Si bien se comprende que haya personas propensas a marcar su irritación con el sistema político inutilizando su voto piénsese en lo que sucedería si la mayoría actuara de esa forma: tendríamos gobiernos no representativos de la voluntad popular, algo que finalmente desacreditaría a las instituciones democráticas.
A votar entonces con plena conciencia y a sabiendas de que hoy es el día para ejercer un derecho por cuya vigencia hubo en nuestra Historia quienes dieron la vida. 

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