DRAMA COTIDIANO

Guerra a los migrantes ilegales

Italia veda, por la política de Salvini, a barcos de rescate; en toda la UE los arribos caen 30%.

Menores que viajaban en el barco Open Arms son transportados hacia el puerto de Lampedusa. Foto: Reuters
Menores que viajaban en el barco Open Arms son transportados hacia el puerto de Lampedusa. Foto: Reuters

Se ha convertido en un ritual bajo el gobierno de Italia contrario a la inmigración. Un barco de rescate, lleno de migrantes africanos queda librado a su suerte durante semanas en el Mar Mediterráneo mientras Matteo Salvini -el ministro del Interior de Italia de línea dura- gana puntos políticos al negarle el permiso para entrar a puerto.

Pero la última pulseada entre el barco español Open Arms, que transportaba a 150 migrantes -ahora quedan a bordo 105 adultos y dos niños acompañados, después del desembarco ayer de 27 menores no acompañados- y Salvini muestra la culminación de la evolución de Italia como un país que se angustió por la pérdida de vidas de migrantes y pasó a una situación en la que esencialmente ha declarado la guerra a las naves de rescate.

El Parlamento aprobó este mes una nueva ley de seguridad impulsada por Salvini, que codifica su visión de los barcos de rescate como cómplices de los traficantes de personas.

La ley otorga poderes a Salvini para negar el ingreso a aguas territoriales italianas a los barcos de ayuda, confiscar naves e imponer una multa de un millón de de euros a los capitanes que desobedezcan.

En el caso del Open Arms, la situación se agravó porque el barco navegó hacia un huracán político. Salvini confía en que la ruptura de su coalición gubernamental con el Movimiento 5 Estrellas precipite unos comicios que, según los sondeos, podrían dar a su partido de ultraderecha, la Liga, una aplastante victoria. El líder ultraderechista cuenta con atizar la presunta crisis migratoria como uno de los arietes para derrotar a sus rivales políticos, a quienes atribuye haber tolerado medio millón de entradas irregulares en Italia al año.

Pero, por ahora, su táctica está frenada. El Senado rechazó el pedido de la ultraderecha de someter al gobierno de Giuseppe Conte, y llamó a Salvini a concurrir el próximo martes para explicar la nueva situación política.

Salvini
apela al sentimiento contra los migrantes ilegales para reunir apoyo. “¿Timidez? ¿Apelaciones a un concepto falso de humanidad? ¿Puertos abiertos? ¿Miles que desembarcan? ¡No lo voy a permitir!”, escribió Salvini en Twitter. “¡Italia vuelve a levantar su cabeza!”

El ministro argumenta que su política frena a los migrantes y traficantes, que intentan realizar el cruce peligroso. Apunta a las estadísticas de su ministerio que muestran una disminución del 80% en el arribo de migrantes y en una reducción significativa del número de muertes en el mar.

Los críticos señalan que las estadísticas muestran que ahora la probabilidad de muerte para los migrantes que se arriesgan a hacer la travesía es mucho más alta.

Salvini comentó a los periodistas que el primer ministro Giuseppe Conte -técnicamente neutral, pero claramente cercano al Movimiento 5 Estrellas- le había pedido que dejara entrar a Italia a todos los pasajeros del Open Arms. Conte dijo que solo había pedido que dejaran bajar a los niños y calificó a Salvini de “traicionero” y dominado por una “obsesión con los migrantes”.

Eso era justo lo que Salvini esperaba. “Conmigo, los puertos permanecerán cerrados a los traficantes y sus colaboradores extranjeros”, respondió en un posteo en Facebook, y después agregó que se postula en contra “de los que trabajan para reabrir el grifo de la inmigración ilegal”.

Logran salvar 150.000 vidas

Después de un naufragio en las cercanías de Lampedusa, en 2013, en el que murieron cientos de personas que buscaban asilo, el gobierno de Italia, bajo el Partido Democrático de centro-izquierda, respondió con el costoso programa de búsqueda y rescate Mare Nostrum, que salvó más de 150.000 vidas durante su breve duración. El alto costo suscitó críticas y fue reemplazado en 2014 por Triton, una misión dirigida por Frontex. Pero, Triton resultó mucho menos eficaz. En los años siguientes, los países vecinos no ayudaron a Italia a abordar el problema.

Descenso.

A pesar de la retórica incendiaria de políticos y gobernantes como Salvini, la Unión Europea (UE) no sufre ninguna emergencia migratoria. El número de entradas ilegales en territorio de la UE detectada entre enero y julio de este año cayó 30% en relación con el mismo período de 2018, según los datos publicados el martes último por Frontex, la agencia europea de fronteras. Las rutas más transitadas son las que llevan a Grecia y a España, pero no a Italia.

Las entradas registradas en la UE durante julio aumentaron 4% en relación con el mes anterior, hasta alcanzar la cifra de 10.500. Pero incluso la presión migratoria durante ese mes estival, habitualmente alta, cayó un 50% en comparación con julio de 2018.

Un migrante menor de edad desembarca en Lampedusa. Foto: Reuters
Un migrante menor de edad desembarca en Lampedusa. Foto: Reuters

El balance mensual de Frontex indica que la reducción en el número de llegadas se produce en todas las rutas del Mediterráneo, aunque la más acentuada es en la que tiene como destino a Italia. En la ruta oriental, hacia Grecia, la reducción es solo del 6% y continúa siendo en 2019 la más transitada de todas. En segundo lugar, figura la ruta occidental, que lleva hacia España.

El trayecto hacia las costas españolas registró en julio un incremento del 22%, hasta rozar los 2.900 cruces ilegales. La cifra casi triplica las llegadas de la ruta hacia Italia en el mismo mes (1.100). Aún así, en el periodo enero a julio, las entradas han descendido un 41% en relación con los siete primeros meses de 2018, hasta 13.000 (más del doble que las 4.900 de la ruta italiana).

Es cierto que Italia sufrió una enorme presión entre 2014 y 2016, con más de 500.000 llegadas irregulares. Pero en 2017, las llegadas a Italia se rebajaron hasta 117.000. Y desde entonces, los cruces ilegales se han reducido en todo el Mediterráneo. Desde los 373.000 en 2016 a los 141.000 del año pasado, según los datos de Acnur. Y la tendencia a la baja se mantiene claramente durante 2019.

La caída es especialmente significativa en la llamada ruta central del Mediterráneo, que parte de las costas de Túnez o Libia hacia Italia y Malta. El tránsito en ese trayecto, que es el más mortífero para las personas que lo cruzan con la esperanza de solicitar asilo en la UE, es del 75% entre enero y julio hasta los 4.900 cruces. La ruta es utilizada, sobre todo, por tunecinos, sudaneses y paquistaníes, según Frontex.

análisis| geza molnar y jastinder khera

El muro de Orban

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, estará en el centro de todas las miradas este lunes con ocasión del 30º aniversario del desmantelamiento de la Cortina de Hierro, que contrasta con su empeño en construir nuevos muros en las fronteras de su país.

Este 19 de agosto en Sopron, una pequeña ciudad colindante con Austria, se organiza la conmemoración oficial del “pícnic paneuropeo” celebrado en 1989, que marcó la primera brecha en el bloque que separó a Europa en dos tras la Segunda Guerra Mundial, y dio lugar a la huida masiva de unos 600 alemanes del Este a través de Hungría.

Aquel año, cuando los regímenes comunistas se desmoronaban en Europa del Este, Orban, entonces un joven opositor político, adquirió una gran notoriedad con un discurso ante una gran multitud en Budapest en el que exigía la salida de las tropas soviéticas. Aunque sus detractores consideran que su rol en los eventos de aquel año se ha exagerado, su llamado a “la democracia ciudadana” tuvo un fuerte eco.

El proceso de apertura de las fronteras iniciado entonces culminó en 2004 con la entrada de Hungría y varios de sus vecinos en la Unión Europea.

Los húngaros fueron los que ejercieron con mayor entusiasmo su nuevo derecho a desplazarse libremente. Actualmente, según Eurostat, unos 350.000 húngaros en edad de trabajar viven en otros lugares de Europa, de un total de expatriados evaluado en casi 500.000, para una población nacional de algo menos de 10 millones de habitantes.

En los años posteriores a la caída del comunismo, la cuestión de la inmigración en Hungría fue relegada a un segundo plano, ante el fenómeno de la emigración hacia el oeste del continente.

La política que se aplicó a la entrada de extranjeros en su territorio, especialmente la concesión del derecho de asilo, era en esta época totalmente liberal.

A finales de los años 1980 y en los años 1990, miles de húngaros de origen que huían de Rumanía fueron recibidos con los brazos abiertos, así como al menos 50.000 personas desplazadas por la guerra en la ex-Yugoslavia, incluidos muchos musulmanes de Bosnia.

Boldizsar Nagy, de la Universidad de Europa Central, subraya a este respecto que entonces nadie ponía en duda la legitimidad de la obtención del derecho de asilo, lo que contrasta con la islamofobia que marca el discurso público en la Hungría de hoy.

“La guerra en Yugoslavia ocurría en un país vecino. En las ciudades del sur, se podían oír los bombardeos” del otro lado de la frontera, explica. “Sabíamos en Hungría que esas personas que llegaban [...] debían ser protegidas”, agregó.

En cambio, cuando se trató de autorizar una estancia permanente en este país, todos los gobiernos que se sucedieron después de 1989 dieron preferencia a los húngaros de origen que venían de los Estados limítrofes.

Esta actitud se agudizó cuando Orban accedió al puesto de primer ministro, que ocupó de 1998 a 2002 antes de volver en 2010. Incluso antes de la crisis de 2015 del éxodo masivo de migrantes hacia Europa, había endurecido su retórica contra la inmigración proveniente de otras regiones del mundo.

Aunque Hungría había permitido en un principio a miles de extranjeros atravesar su territorio para llegar a Europa occidental, el gobierno hizo construir después vallas de alambres de púas a lo largo de su frontera sur, permitiendo a la policía “empujar” a los migrantes hacia Serbia.

Para Zoltan Ziszelly, del grupo de reflexión de obediencia conservadora Instituto del Siglo XXI, aquellos que ven una contradicción entre las posturas de Orban en 1989 y en 2015 no entendieron sus razones.

Hace treinta años, su preocupación era “la soberanía de Hungría”, más que una apertura como tal de las fronteras, señala.

Orban explicó esta idea en un discurso en el Parlamento de Baviera en octubre de 2016: “La apertura de las fronteras en 1989 y la protección de estas fronteras hoy son las dos caras de una misma moneda”, recalcó.

En 1989, “luchábamos por la libertad de Europa y ahora protegemos esta libertad”, añadió. (AFP)

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