LA BITÁCORA

Una estirpe en extinción

Israel despide a un pionero de su historia y el mundo, al último miembro de una estirpe en extinción.

La estirpe de los líderes que amasaban la historia con sus manos y diseñaban el futuro con su lucidez. Ese futuro ya es pasado y a esos grandes estadistas los va reemplazando una dirigencia formateada en el marketing, que repite los guiones escritos por gurús publicistas.

En el escenario mundial, donde hoy deambulan personajes como Trump, una de las últimas figuras de gran porte era Shimon Peres. Su historia es la historia de Israel. Llegó con la inmigración askenazí que huía de los pogromos y persecuciones que sufrían los judíos en Polonia, Rusia, Ucrania y Bielorrusia.

Fue un pionero del kibutz, la incubadora socialista donde se originó Israel. También fue un pionero del Mapai, movimiento izquierdista que, antes de convertirse en el Partido Laborista, conducido por David Ben Gurión fundó el Estado judío.

Construyendo esos cimientos estuvo el joven Peres. También en campos de batalla donde Israel se jugaba la existencia. Lideró el laborismo, integró gobiernos como el de Golda Meir, fue jefe de Gobierno y también jefe de Estado, pero su mayor huella la hizo como canciller de Rabin, diseñando las negociaciones secretas de Oslo que desembocaron en la Conferencia de Madrid, el regreso de Arafat a Cisjordania y la creación de la Autoridad Nacional Palestina.

Habría dejado otra gran huella si no hubiera fracasado el Camp David II. Peres colaboró con el primer ministro Ehud Barak para, con mediación de Clinton, acordar el nacimiento del Estado palestino que impone la resolución de ONU de 1947, por la cual existe Israel. Pero Arafat no supo o no pudo aprovechar aquella oportunidad.

Peres volvió a intentarlo con el último Ariel Sharon, aquel halcón sorpresivamente convertido en paloma. El partido Kadima fue la última trinchera política donde procuró que se retomara el camino que había impulsado con Rabin.

Después vino la deriva de la negociación y la hegemonía de una derecha dispuesta a congelarla y a construir asentamientos para hacer geográficamente inviable al Estado palestino.

En estos años Shimon Peres era un prócer viviente, aunque sin peso político. El duro Netanyahu lo guardó en una vitrina para que lo veneraran, pero desactivado.

No todas son luces en su vida. También hay páginas negras. Pero lo indiscutible es que fue un hacedor de historia. El último de una estirpe en extinción.

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