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Cambio radical en el gigante

Jair Bolsonaro asume la presidencia de Brasil en el primer día de 2019 y promete seguridad y reformas profundas.

Jair Bolsonaro aparece junto a soldados en un acto en Sao Paulo, a comienzos de mayo. Foto: AFP
Jair Bolsonaro aparece junto a soldados en un acto en Sao Paulo, a comienzos de mayo. Foto: AFP

Jair Bolsonaro, de 63 años, militar reitrado y diputado desde hace 20 años, asumirá el 1º de enero la presidencia de Brasil con la promesa de dar un giro resuelto a la derecha en el mayor país de América Latina, gobernado en las últimas tres décadas por políticos de centroizquierda o centroderecha.

Su contundente victoria electoral y una popularidad de 75% le aseguran un incuestionable vigor para iniciar su mandato de cuatro años, pero los desafíos que le esperan son enormes, tanto por las crisis que vive el país como por su programa de ruptura en temas económicos, políticos y sociales.

Brasil es una potencia exportadora de materias primas, pero aún está saliendo de una recesión histórica que revirtió muchos de los logros del estelar período de bonanza disfrutado una década atrás.

Bolsonaro designó al liberal Paulo Guedes como su súperministro de economía, para impulsar reformas que disminuyan la creciente deuda brasileña, principalmente a través de privatizaciones y reformas fiscales e incentivando la inversión extranjera. Uno de los desafíos centrales será modificar el régimen de jubilaciones, una reforma constitucional que requiere de mayorías especiales en el Congreso.

El ultraconservador Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro es la segunda bancada de la Cámara de Diputados, pero cuenta con poco más del 10% de los escaños en un Congreso con numerosos partidos. En compensación, Bolsonaro cuenta para gobernar, al menos en la línea de largada, con el apoyo de los lobbies del agronegocio, las iglesias evangélicas y el de la seguridad.

La consultora Eurasia Group subraya que Bolsonaro podría obtener de ese modo el respaldo a reformas clave, a condición de actuar rápido. Pero incluso en ese escenario, “se espera mucho drama en el Congreso”.

“Bolsonaro tendrá dificultades para implementar su agenda fiscal”, opina Mayra Rodríguez Valladares, una consultora y especialista en política latinoamericana de MRV Asociates.

Rodríguez agrega que una fuerte caída este mes en los precios del petróleo -producto que Brasil exporta- sumada a una desaceleración en China, su principal socio comercial, generó dificultades para la economía de Brasil. Metas a largo plazo, como infraestructura y capacitación laboral, son ampliamente ignoradas, subrayó.

Frente externo.

El canciller Ernesto Araújo deberá explicar al mundo las nuevas orientaciones diplomáticas de Brasil, inspiradas en las del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Bolsonaro ha anunciado ya que retirará a su país del Pacto global de Migración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y evalúa hacer lo mismo con el Acuerdo de París sobre el cambio climático, en consonancia con Trump.

Adicionalmente se ha mostrado hostil con la inversión china en Brasil, pese a que China es el principal socio comercial del gigante latinoamericano. Por otra parte, ha dicho que hará todo lo que esté en su poder “dentro de la democracia” para presionar a los gobiernos de izquierda de Cuba y Venezuela.

¿Se arriesga a tensiones con Venezuela jugando duro? “Ni Bolsonaro, ni su equipo tienen experiencia en política exterior y si esto deriva en un incidente internacional podría terminal muy mal”, dice Ryan Lloyd, experto en relaciones internacionales actualmente en la Universidad de São Paulo.

Combate

Las dos principales promesas de Bolsonaro son bajar los índices de criminalidad en Brasil y acabar con la corrupción.

Quiere flexibilizar las leyes para que “gente de bien” pueda poseer armas. Sus críticos temen que esto agrave la situación del país donde el año pasado hubo casi 64.000 homicidios. Los cuerpos policiales, responsables de unas 5.000 muertes al año, muchas de ellas en situaciones más que dudosas, podrían gozar de mayor impunidad.

La lucha contra la corrupción, encarnada desde 2014 por la Operación “Lava Jato” (Lavadero de autos), ha puesto tras las rejas a decenas de políticos y empresarios, algo hasta entonces inusual en la escena brasileña. Capitalizando la buena imagen de la operación, Bolsonaro nombró ministro de Justicia a Sérgio Moro, el juez que encabezó esas investigaciones.

Pero la corrupción en Brasil tiene raíces profundas, y esto está comenzando a evidenciarse en el propio círculo privado y partidista de Bolsonaro. Con personas cercanas bajo la mira por sospecha de participar en actividades ilícitas, su popularidad podría venirse abajo.

Otro desafío incluye la protección ambiental, en especial de la Amazonía. La identificación de Bolsonaro con los intereses del agronegocio y de la minería puede anunciar conflictos en el área.

Legisladores del PT no van a ceremonia de asunción

Los legisladores del Partido de los Trabajadores (PT) no participarán en la investidura de Jair Bolsonaro, en el Congreso. El PT cuestionó la falta de “rectitud” en el proceso electoral, el cual, explicó, estuvo marcado por la “prohibición ilegal” de la candidatura de Lula y por la “manipulación criminal de las redes sociales para difundir mentiras” contra su candidato, Fernando Haddad. Recalcó que el resultado de las urnas, pese a ser un “hecho consumado”, no avala a un “gobierno autoritario, antipopular y antipatriota, marcado por posiciones racistas y misóginas”.

“El debido respeto a la Constitución convierte en obligatorias las denuncias y las protestas contra las amenazas del futuro gobierno de destruir por completo el orden democrático y el Estado de Derecho en Brasil”, indicó.

Bolsonaro lamentó la decisión del PT.

China, un socio estratégico

Xi Jinping Foto: EFE
Xi Jinping Foto: EFE

China considera a Brasil “un socio estratégico”, dijo la vocera del Ministerio de Exterior, Hua Chunying, quien indicó que acudirán a la investidura, Ji Bingxuan, vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional (el órgano legislativo) y enviado especial del máximo mandatario chino, Xi Jinping. Destacó que “son dos grandes países en vías de desarrollo, así como importantes mercados emergentes”.

Situación recesiva de una gran economía

Brasil, quinto país en el mundo en superficie y población y la mayor economía de América Latina, tiene un nuevo presidente, Jair Bolsonaro, surgido de un claro mandato popular que se expresó en sus dos triunfos electorales en primera vuelta y en el balotaje. Después de cuatro años de crisis económica, inestabilidad política a raíz de la destitución de Dilma Rousseff por decisión del Poder Legislativo, el procesamiento y prisión de Luiz Inácio Lula da Silva, escándalos de corrupción y situación de inseguridad -la tasa de homicidios es de 30,8 cada 100.000 habitantes-, el país de 208,4 millones de habitantes y un territorio de 8.514.876 kilómetros cuadrados, comienza una nueva era con el mandato de Bolsonaro.

Uno de los desafíos que enfrentará el nuevo gobierno es la economía. Después de un fuerte crecimiento apoyado por los altos precios de las producciones agrícolas durante los años presidenciales de Lula, el Producto Interno Bruto (PIB) empezó a caer, al tiempo que estallaba una crisis política y se generaban dos años de recesión (-3,5% en 2015 y 2016), en tanto en 2017 hubo un crecimiento mínimo de 1%. La previsión oficial para este año es de 1,4%. El triunfo de Bolsonaro genera confianza de los empresaios y en los mercados.

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