VIOLENCIA EN BRASIL

Balas que mataron a la edil brasileña eran de la Policía

Eran de 9 mm y pertenecían a un lote que había sido comprado en 2006.

Protestas. Miles de personas se manifestaron ayer en Río, San Pablo y otras ciudades de Brasil por el asesinato. Foto: AFP
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Río de Janeiro siguió ayer viernes movilizado por el asesinato el miércoles de noche de la concejal Marielle Franco. La indignación fue mayor cuando se supo que las balas que la mataron pertenecían a un lote comprado por la Policía Federal.

Así lo revelaron ayer varios medios brasileños. TV Globo aseguró que Marielle Franco, una carismática líder de 38 años del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), fue abatida con balas de calibre 9 mm que formaban parte de un lote adquirido por la Policía Federal en diciembre de 2006. Por su parte, la rede RJTV dijo que la pericia de la División de Homicidios probó que la Policía Federal de Brasilia compró estas municiones a la empresa brasileña CBC el 29 de diciembre de ese año.

En Río existen redes de tráfico de armas en las que participan policías, guardias penitenciarios y militares, señaló en 2016 una Comisión Parlamentaria de ese estado con amplias zonas bajo control de bandas de narcotraficantes o de milicias parapoliciales, las mismas que eran objeto de las denuncias de la concejal.

Las manifestaciones masivas del jueves en repudio al asesinato de Franco —con más de 50.000 participantes en Río y 30.000 en San Pablo— encontraron eco este viernes en nuevas convocatorias a protestas al final de la tarde.

En el centro de Río, los faroles estaban cubiertos con imágenes de Marielle, conocida por su combate contra el racismo y las violencias policiales en las favelas, con un mensaje repetido: "Marielle Presente".

Las paredes del Concejo Municipal, en la plaza Cinelandia, estaban también cubiertas de pintadas contra la policía y contra el gobierno del presidente Michel Temer.

Dos vehículos.

La investigación corre bajo secreto de sumario, pero según trascendidos de la prensa, el coche en el cual Marielle Franco regresaba a su casa después de asistir a un evento de mujeres negras, fue seguido durante cuatro kilómetros por otro vehículo.

El ataque tuvo lugar en el centro de la ciudad y hubo al menos trece disparos realizados a unos dos metros de distancia.

Junto a la concejal, que recibió cuatro impactos de bala en la cabeza, murió el conductor del vehículo, Anderson Gomes. Otra pasajera, su asistente de prensa, recibió solo esquirlas.

Los atacantes habrían contado con el apoyo de otro coche, que habría vigilado a la concejal en las afueras del evento, según el portal G1.

Numerosos comentaristas vinculan esa ejecución a las denuncias de la concejal contra el accionar de milicias parapoliciales o de la intervención militar de Río, decretada hace exactamente un mes por Temer.

Franco, que formaba parte de una comisión para supervisar la intervención militar, criticó duramente la medida el domingo y dijo que podría empeorar la violencia policial contra los residentes de Río.

"Es demasiado pronto para afirmarlo, pero obviamente estamos viendo esto como un asesinato en respuesta a su trabajo político, esa es la teoría principal", dijo un fiscal de Río de Janeiro, que habló a condición de que no se mencionara su nombre, ya que no estaba autorizado a discutir el caso.

Rivaldo Barbosa, jefe de la Policía Civil de Río de Janeiro, dijo a los periodistas: "Una de las posibilidades en el análisis es, sí, una ejecución". No especificó quién pudo haber sido el responsable.

Un investigador de la policía de la ciudad fue más allá y dijo que el motivo principal parecía ser la denuncia de Franco a la policía por las supuestas muertes de inocentes en sus constantes batallas con las bandas de narcotraficantes.

El ministro de Seguridad Pública, Raúl Jungmann, anunció una investigación exhaustiva, aunque se abstuvo de avanzar hipótesis sobre los ejecutantes.

El escepticismo planea sobre esa promesa, en un país con altos índices de impunidad. "Con un trabajo serio, sin miedo de atacar los quistes de corrupción, violencia y crimen incrustados en el Estado, ese crimen se puede resolver en dos semanas", declaró el diputado Chico Alencar, del PSOL.

"Existe en Río de Janeiro una cultura de matriz mafiosa, de eliminación de personas que se oponen de alguna forma o resisten a las organizaciones criminales", y eso sería lo que ocurrió con Marielle Franco, dijo el jurista Walter Maierovitch, exsecretario Antidrogas (1999).

Los grandes diarios de Río consagraron ayer viernes sus portadas y varias páginas a las manifestaciones de la víspera.

O Globo y O Dia citaron una frase colgada por Marielle Franco un día antes de su muerte en las redes sociales: "¿Cuántos más tendrán que morir?". El mensaje se refería a la muerte de un joven que salía de una iglesia, presuntamente debido a un abuso policial.

Para el diario Folha de S. Paulo, el asesinato de la concejal "despertó un gigante dormido" a meses de las elecciones generales de octubre, al generar las mayores manifestaciones de la izquierda que hasta ahora nunca consiguió movilizar de manera duradera a sus bases contra las medidas de austeridad de Temer.

"Mataron a mi madre y a más de 46.000 electores", escribió en Twitter Luyara Santos, hija de Marielle, aludiendo al número de votos con los que su madre fue elegida en 2016.

El Gobierno insistió en que mantendrá al Ejército en Río mientras organismos internacionales, como Naciones Unidas, exigieron una investigación "completa, transparente e independiente" sobre las circunstancias de la muerte de Franco.

Mesa Política del Frente condenó el asesinato

Ayer viernes la Mesa Política del Frente Amplio aprobó una declaración en la que condena el asesinato de Marielle Franco, a la que define como "una de nosotros", y aprovecha para criticar al gobierno de Michel Temer "que no fue electo por su pueblo". "Este es un momento de profundo dolor para la izquierda latinoamericana. Esta vez fue en Brasil. Asesinaron a Marielle Franco, militante del PSOL, feminista, activista social y partidaria. Una de nosotros", dice la declaración del FA.

Expresa además su preocupación por "la falta de garantías para los militantes sociales y políticos a lo largo y ancho del territorio brasileño, y volvemos a manifestar nuestro total compromiso con el hermano pueblo de Brasil, en la lucha por la plena vigencia del Estado de Derecho".

"Nos solidarizamos con la familia, compañeras y compañeros de Marielle, que harán este duelo en medio de una situación de total inestabilidad política, con un gobierno que no fue electo por su pueblo".

Un mes de intervención militar sin resultados

La intervención en la seguridad de Río de Janeiro decretada por el Gobierno brasileño y que dejó en manos del Ejército el manejo del orden público, completó ayer un mes en medio de críticas por el asesinato de la concejala Michelle Franco.

El asesinato de Franco, una activista por los derechos humanos que nació y creció en el complejo de favelas de Maré y que fue asesinada el miércoles junto con su chofer, Anderson Pedro Gomes, pone en la mira a los mandos del Ejército, que no han conseguido detener la criminalidad en un mes de operaciones.

Desde que el presidente de Brasil, Michel Temer, decretó la intervención federal en Río por la ola de violencia que azota al estado, la criminalidad no ha menguado y las acciones militares no dejan muy clara la estrategia a seguir. El ministro de Seguridad Pública, Raúl Jungmann, dijo que, aunque ya se podían ver resultados, no se puede esperar que la situación se resuelva como por arte de magia, y su colega en la Secretaría de Gobierno, Carlos Marun, calificó de "imbéciles" a quienes imaginaron que en 30 días "se habría solucionado el asunto de la violencia".

El general Walter Braga Netto, jefe de la intervención en Río, definió como un "laboratorio para Brasil". Los responsables por Fuego Cruzado, una aplicación que ofrece un mapa de los tiroteos en Río y su zona metropolitana, dijeron que entre el 16 de febrero y el 15 de marzo murieron por causas violentas 149 personas, 23 más que las registradas en el mes anterior, es decir cuando no había comenzado la intervención. Los datos de la misma aplicación indican que el número de tiroteos diarios pasó de 22,7 en el mes anterior a la intervención a 24,2 en el mes posterior.

FAVELA LA MARÉ

"Nadie nos va a callar, seguiremos luchando"

La Maré amaneció ayer viernes en silencio y en calma. Muchos lloran de puertas adentro a Marielle Franco, pero, como asegura Doña Helena, un símbolo de resistencia en la favela, "el dolor fortalece" y "tenemos el deber de continuar su lucha. Nadie nos va a callar".

"Mari", como la conocen cariñosamente en el barrio, nació y creció en una de las zonas calientes de Nueva Holanda, la comunidad más conflictiva del complejo de Maré, una auténtica ciudad con 140.000 habitantes y mayor conjunto de favelas de Río de Janeiro. Tenía muchos amigos y trabajaba muy estrechamente con Redes da Maré, la principal organización social del complejo, que ayer lucía en su fachada un enorme crespón negro con la leyenda "Justicia por el asesinato de Marielle".

Una de sus fundadoras es Helena Edir Vicente, "Doña Helena", que vio crecer a Mari, tener a su hija con sólo 17 años, pelear por los derechos de las minorías y saltar a la militancia política hasta convertirse en concejal por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL).

Hoy llora la muerte de Marielle, tiroteada en pleno centro de esta ciudad brasileña en la noche del miércoles, después de participar en un acto político con mujeres negras. A sus 38 años, Marielle era un símbolo de los colectivos castigados. "Era mujer, negra, favelada y lésbica. Era incómoda", recuerda Doña Helena.

"Querían callar la voz que les estaba incomodando, pero no esperaban que tuviera esa repercusión. Pensaron que iban a callar su voz, pero se dieron un tiro en el pie porque con esta repercusión van a tener que dar una respuesta a la sociedad", asegura. "Hoy, la favela está más fuerte. Vamos a luchar para conseguir justicia", dice esta mujer de 68 años.

"Tal vez haya algo de recelo, pero no van a conseguir callar nuestras voces", insiste esta mujer que llegó a la favela cuando "no había nada, ni agua, ni electricidad", trabajó en la creación de una red social y perdió a su hijo por una bala perdida.

"Su muerte me dio más fuerza para ayudar a los jóvenes, por eso no salgo de la favela", explica Doña Helena.

No puede identificar a los culpables, pero no oculta su recelo de la Policía y admite que muchos vecinos de la favela temen al Ejército y a la Policía, que han dejado un triste rastro de víctimas en la Maré. EFE

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