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Pandemia de COVID-19 y natalidad: ¿cómo impactará el virus en Uruguay?

Especialistas manejan tres hipótesis sobre qué incidencia tendrá el nuevo coronavirus en la reproducción humana. 

Bebé acostado en una cama. Foto: AFP.
Una posibilidad es que dada la incertidumbre laboral y conyugal, se postergue la decisión de procrear, dice demógrafo Pardo. Foto: AFP.

¿Qué incidencia tendrá el COVID-19 en la reproducción humana? La historia muestra que tras las guerras, las hambrunas y las pandemias, crecen los nacimientos. Pasó con la Gripe Española y con la Segunda Guerra Mundial.

Los demógrafos locales aún no tienen la respuesta. Según el investigador Ignacio Pardo, del Programa de Población de la Universidad de la República, la comunidad científica internacional baraja tres hipótesis posibles: dos que harían bajar la fecundidad y una que la aumentaría.

“Con la pandemia hay más incertidumbre laboral, conyugal y de todo tipo, lo que hace que la gente posponga los planes de tener hijos. En segundo lugar, en los países con fecundidad muy tardía (como España), el COVID-19 complicó los tratamientos de reproducción asistida”. Cualquiera de estos dos escenarios haría que bajaran los nacimientos.

Pero, explicó Pardo, hay otra opción que podría aumentar los embarazos: “En países con fecundidad adolescente importante, la pandemia pudo haber perjudicado en algo el contacto entre adolescentes y el sistema de salud, complicando el acceso a métodos anticonceptivos, al menos en la población más pobre, lo que redundaría en algunos embarazos no deseados".

La ginecóloga Mónica Gorgoroso, coordinadora del Programa Salud Mujer y Género de ASSE, explicó “en los grandes números no se ha visto un descenso en la distribución de anticonceptivos ni se ha discontinuado el seguimiento de dispositivos (como los implantes subdérmicos que fueron una de las claves en la caída de los embarazos adolescentes)”.

En los primeros meses de la pandemia, cuando las consultas médicas presenciales estaban reducidas a una mínima expresión, el prestador público llevó los fármacos a domicilio, incluyendo las pastillas anticonceptivas. No hubo pausa en la atención de las farmacias ni la distribución de preservativos. Pero, aclaró Gorgoroso, “todavía falta un tiempo para evaluar si hubo algún aumento en los embarazos no intencionales o si hubo un crecimiento de las interrupciones de los embarazos fruto de esa no intencionalidad”.

Mientras Uruguay vivía una cuarentena voluntaria, entre marzo y abril, las autoridades sanitarias le habían pedido a la población que solo concurrieran a las policlínicas y hospitales cuando fuera imprescindible. Eso, dijo Gorgoroso, “podría tener un impacto en nacimientos donde la calidad del control del embarazo o la detección precoz del embarazo se vio afectada”.

La buena noticia dentro de la incertidumbre, acotó la demógrafa Wanda Cabella, es que “las adolescentes no son parte del grupo de riesgo del COVID-19” y eso, a diferencia de la Gripe Española, “hace que, a priori, no debería haber un cambio de comportamiento reproductivo demasiado pronunciado”.

Naturaleza.

Una población crece o decrece en base a tres elementos claves: los nacimientos, las muertes y la migración. En tiempos de fronteras semicerradas, la movilidad humana se ha visto reducida. Y en la era de una pandemia que afecta la salud, también podría verse afectada la fecundidad y la mortalidad.

Un ejemplo es lo sucedido en las provincias del norte de Italia, donde, tras la primera ola del COVID-19, se registraron pérdidas de la esperanza de vida de dos a tres años y medio para los hombres, y de uno a dos y medio para las mujeres. Consiste en la mayor pérdida de la esperanza de vida en ese país europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Así lo constató un estudio del Instituto Internacional de Sistemas Analíticos Aplicados que difundió la revista Science.

En Uruguay las muertes registradas hasta el momento no han alterado la curva de mortalidad. El COVID-19 se llevó la vida de poco más de 50 uruguayos, cuando por año mueren, por distintas causas, más de 30.000.

Lo que pueda ocurrir con los nacimientos, en cambio, está menos claro. El mismo artículo de la revista Science recuerda que tras la Gripe Española hubo una recuperación de la natalidad, pero que no está claro si fue por el fin de la pandemia en sí o por el término de la Primera Guerra Mundial y la vuelta al hogar de los hombres que estaban en el campo de batalla.

A diferencia de la pandemia de 1918-1919, además, la del COVID-19 llega en un momento en que más de la mitad de los países del planeta tienen niveles de fecundidad por debajo del reemplazo: las mujeres en edad de ser madres tienen, en promedio, menos de 2,1 hijos.

En Uruguay el nivel de fecundidad está al borde de ser “muy bajo”: 1,5 hijos en promedio por mujer en edad reproductiva. Y si este 2020 continúa la tendencia de decrecimiento, es probable que el registro anual quede por debajo de ese umbral. Pero hablar de tendencias en tiempos de incertidumbre, reconoce Cabella, “es demasiado arriesgado”.

Según el artículo de Science, la incertidumbre mundial es aún mayor si se tiene en cuenta que, en las últimas décadas, uno de los factores para el descenso de los nacimientos fue la salida de la mujer al mercado laboral y el haber ganado más años de estudio. Pero con el COVID-19 hubo cierres de centros educativos y las personas tuvieron que quedarse en sus casas, regresando al cuidado de los niños. “En la medida en que esto impone una carga más pesada al tiempo de los padres, el bloqueo resultará en una menor fertilidad deseada y aplazamientos de la maternidad a corto plazo”.

Nacimientos mantienen tendencia a la baja

La marcha de los nacimientos en las mujeres de la salud pública uruguaya parece demostrar que, al menos con los datos del primer semestre del año, continúa la tendencia a la baja de la fecundidad en las adolescentes y cierta estabilidad en las edades más adultas.

Durante el primer semestre de este 2020 hubo 8.337 nacimientos registrados en los servicios de ASSE; apenas 60 menos que en el mismo período del año anterior. La cifra global, sin embargo, desdibuja el dato más llamativo: entre las menores de 19 años la cantidad de nacimientos cayó un 10%. Eso confirma que la disminución de los embarazos en adolescentes sigue la baja que se registra desde el año 2016.

Si bien las usuarias de ASSE son solo una porción de las mujeres uruguayas en edad reproductiva, son un termómetro del comportamiento global: este prestador reúne al 44% de los nacimientos del último año y concentra a la población más pobre que fue clave en la caída general de la fecundidad.

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