EL PRINCIPAL SOSPECHOSO NO SE CONMOVIÓ

Espeluznante crimen de un niño genera reacción de ira

El forense “sospecha” abuso sexual; tenía un brazo fracturado y golpes

La familia de Inti Nahuel Lois sepultó rápidamente al niño en el cementerio de Atlántida para concurrir a la audiencia de formalización de la investigación. Foto: Francisco Flores.
Al llegar al Juzgado, se enteraron que ésta había culminado. Los padres del acusado y de Nahuel se cruzaron frente a la sede. Foto: Francisco Flores.
Se generó un incidente. Poco después, el padre del niño reconoció: “hice una cosa mala. La Fiscalía me pide que se dispersen. La Justicia tiene que encargarse de estos bichos”. Foto: Francisco Flores.
Poco después, vecinos golpearon al patrullero que sacó al acusado del juzgado. Foto: Francisco Flores.

Un funcionario judicial, con 37 años de experiencia en juzgados penales de Montevideo y Canelones, dijo que nunca había visto un asesinato tan horrendo.

La autopsia reveló que Inti Nahuel Lois, de ocho años, fue muerto a golpes en la cabeza presuntamente con una piedra o una pala, tenía un brazo fracturado y casi desmembrado. La autopsia indicó que hay “sospechas de abuso sexual”, dijo la fiscal del caso Darviña Viera.

El cuerpo fue encontrado en Pinamar Norte, en una zona boscosa y cerca de una cañada, a cinco kilómetros de la casa del menor en Neptunia Norte.

A un adolescente de 16 años, que vive a pocas cuadras de la casa de Nahuel, se le inició ayer una formalización de la investigación en base a dos evidencias: decenas de testimonios de testigos y pericias forenses.

“Los testimonios son muy completos. Está descartado que otras personas participaron en el crimen”, expresó la fiscal.

Hay testigos que señalaron a la fiscal Viera que vieron cómo el adolescente interceptó al niño en Neptunia Norte. Otros vecinos, de Pinamar Norte, relataron que vieron al sospechoso salir de la zona boscosa mojado hasta la cintura y con dos bicicletas al hombro: una de su propiedad y la otra la de Nahuel.

Poco después de la formalización, las familias del adolescente y de Nahuel se encontraron frente al Juzgado Penal, lo que generó un incidente con mucha tensión y elevada carga emotiva.

El padre del niño, Fabricio Lois, vio que familiares del acusado hablaban con la prensa y supuso que defendían al adolescente.

“¿Vos sos la madre de la rata que mató a mi hijo? Lo acabo de enterrar”, gritó Lois e intentó acercarse a la pareja furioso. Varios allegados de la familia lo apartaron.

“Fijate al animal que trajiste al mundo y criaste”, gritó otro familiar de Nahuel a la madre del acusado.

La mujer replicó señalando que ella y su pareja desaprobaban el crimen cometido por su hijo. “Yo no lo tapé”, expresó.

Acusado del crimen de Inti Nahuel es retirado de la Fiscalía. Foto: Francisco Flores.
Acusado del crimen de Inti Nahuel es retirado de la Fiscalía. Foto: Francisco Flores.

Para evitar que el incidente terminara a golpes, la Policía condujo a los padres del adolescente hacia el interior del juzgado y la situación se calmó en forma momentánea.

Cerca de las 17:00 de ayer, unos 60 vecinos se agruparon frente al Juzgado. Cuatro policías de choque con escudo custodiaban el lugar. Otros efectivos se ubicaron frente al garaje del juzgado. Un patrullero ingresó al garaje. La ira de los vecinos aumentó.

Otros policías, algunos de ellos de particular, debieron ayudar a las fuerzas de choque para formar un anillo protector alrededor del patrullero. Cuando el móvil cruzó la vereda fue rodeado por los vecinos y la custodia no aguantó la embestida. Varios vecinos golpearon los vidrios mientras insultaban al acusado. Un mate voló e impactó en el parabrisas trasero del patrullero que se alejó a toda velocidad.

Posteriormente, el menor fue trasladado a un centro del Instituto de Inclusión Social Adolescente (Inisa).

“Al adolescente se le inició la formalización por una infracción gravísima de homicidio”, dijo en rueda de prensa el juez de Atlántida, Ismael Falco.

La fiscal Viera tiene ahora 30 días para presentar la acusación. Luego Falco tiene otros 30 días para elevar el expediente a la defensa.

Mientras se procesaba la formalización del adolescente, medio centenar de personas obstaculizaron durante varias horas el tránsito a la altura del peaje Pando reclamando mayor seguridad en la zona y justicia para Nahuel.

“Vamos a buscar piñas”.

A las 10:30 horas del viernes 21, Nahuel se encontraba en su vivienda humilde, pero de material. Hacía apenas dos meses que la familia, compuesta por su madre, el padrastro y otras dos hermanas pequeñas, se instalaron en Neptunia Norte.

Nahuel subió a su bicicleta modelo Jazz, despintada. Tomó calle Los Teros. A unos cincuenta metros de su casa, dobló por Tabaré y transitó las dos cuadras que lo separaban del “almacén de Ana”.

Se trata de un pequeño comercio muy bien surtido, situado en Tabaré y Zorzal. Desde la vereda se aprecian roscas de chicharrones, cigarrillos, galletitas, varias botellas de vino y un freezer con lácteos y fiambres, entre otros productos. Hasta vende carne picada.

Ana y su esposo expenden la mercadería a sus clientes a través de una ventanilla con rejas.

En el comercio, el niño compró café, cocoa y cigarrillos, según fuentes del caso.

Ana, la comerciante, dijo a El País que no recordaba haber visto a Nahuel la mañana del viernes 21. “Él venía a menudo a comprar acá”, señaló.

Otros testigos declararon ante la fiscal Viera que el adolescente y el niño conversaron en la calle, frente al comercio.

“Vamos a recoger piñas”, invitó el adolescente a Nahuel.

Al mediodía de ese viernes, la madre de Nahuel trabajaba en un residencial de la zona. Le dijeron que el niño había desaparecido. La madre dio instrucciones para que buscaran en tres o cuatro casas de la zona donde el niño acostumbraba a jugar con otros chico.

A las 15:00 horas, la madre concurrió a la seccional de Salinas a realizar la denuncia de la desaparición del menor.

En ese momento, comenzó la búsqueda. La Policía y otros vecinos recorrieron infructuosamente los campos de Neptunia Norte. Al día siguiente, sábado 22, la Policía ya contaba con alguna pista sobre el autor de la desaparición del menor pero no avisó a la familia. “A las 11:00 horas del sábado pasado la Policía ya sabía quién era, pero temían que si daban la información, el menor podía ser capturado y linchado por los vecinos”, dijo a El País un allegado a la familia de Nahuel.

A las 14:00 horas del sábado 22, un familiar del niño fue a la seccional y percibió que los perros y los caballos se encontraban allí. Es decir, la Policía no estaba participando de la búsqueda por los montes y campos cercanos.

Uno de los que ayudaba a los vecinos en la búsqueda de Nuhuel era el adolescente hoy acusado por la Fiscalía.

El padre del joven, Carlos G., quien trabaja en un programa del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), también participó, sin saber que su propio hijo era el causante de la desaparición.

A las 16:00 de ese sábado, el adolescente se dirigió a la casa de Nahuel. En ese momento allí estaba el padre del menor cuidando a las dos niñas. La madre y el padrastro de Nahuel habían concurrido a la comisaría. El adolescente dijo al padre que tenía la bicicleta de Nahuel porque se la había comprado.

Éste llamó a su exposa y le trasmitió que en la casa se encontraba un adolescente que decía haber comprado la bicicleta a Nahuel. La madre respondió que eso no era real e informó a la Policía.

El padre le dijo: “Vos sabés algo, dame datos de mi hijo”.

El acusado salió de la casa.

En ese momento, varios patrulleros circulaban por las calles de Neptunia Norte buscando al adolescente. Uno de ellos se acercó al sospechoso y finalmente fue detenido.

La Policía no informó a nadie que el adolescente había sido capturado. En esferas policiales querían evitar un desborde de vecinos enardecidos.

A las 17:30 de ese sábado, se desató un diluvio en Neptunia Norte y en otras zonas del sur del país. Los vecinos, obligados por el clima, retornaron a sus casas. Cuarenta minutos más tarde, más de 10 patrulleros y móviles de la Fiscalía de Pando ingresaron en una zona boscosa de Pinamar Norte.

El barro, el agua, la lluvia y los rayos daban un aspecto muy lúgubre a la zona. En un extambo y a unos 300 metros de un camino vecinal, el adolescente mostró el lugar donde se encontraba el cuerpo de Nahuel.

Una familia sacudida por una tragedia.

Según vecinos consultados por El País, el niño rara vez andaba solo. Siempre lo acompañaba una hermana algo mayor y la otra más chica. También acostumbraban a hacer los mandados con otros niños del barrio.

“La zona era muy tranquila hasta que pasó esto”, dijo un vecino a El País.

Otra vecina, Verónica García, expresó que vio a Nahuel antes de desaparecer a las 10:10 horas de ese viernes. “El estaba solo y andaba a pie. Como le tenía miedo a mi perro, me pidió: ‘vecina, se anima a agarrar el perro así puedo pasar?”. Verónica le respondió: “Pasá tranquilo, que está atado”. Luego ingresó a la casa.

Horas después, Verónica supo que el niño era buscado por su familia.

Y agregó: “Acá en la zona hay muchos niños. Juegan en todo momento y nunca pasó nada. Esto nos deja muy asustados a todos”.

Julio R., que trabaja en la UTE, tiene una visión distinta del barrio. “Hace dos años este lugar era muy tranquilo. Ahora empezaron los robos”, agregó.

“Es mi hijo y me duele. Esas cosas no se hacen”.

Carlos y Sonia, padres del adolescente acusado, residen casi al final de una calle de Neptunia Norte, donde comienza el campo. En el fondo del terreno está su casa de material y, en el frente, uno de los hijos hizo una pequeña vivienda de madera. Hace poco tiempo, Carlos perdió su trabajo y se dedica a reciclar materiales. También trabaja en un programa del Ministerio de Desarrollo Social (Mides). Su esposa lo ayuda en las tareas de reciclaje.

Luego de escuchar ayer detalles del asesinato por personal de la Fiscalía, Carlos, con lágrimas en los ojos, dijo: “Es mi hijo y me duele. Pero esas cosas no se hacen a un ser humano”.

Sonia le pidió disculpas a la madre de Nahuel. “No sé cómo mirar a la pobre mujer; es horrible lo que ocurrió”. Y agregó que no quiso ver a su hijo en el Juzgado. “Lo peor es que él no me contó nada”.

Negó que su hijo fuera adicto a las drogas. “Dejó el estudio”, añadió.

Expresó que el adolescente estuvo bajo tratamiento de psiquiatras y psicólogos y tomó medicación durante años. “Pero nunca le dieron un diagnóstico”, dijo.

En la tarde del sábado 22, cuando la pareja fue a la Policía de Salinas a declarar por la situación de su hijo, desconocidos ingresaron en su casa y robaron herramientas de trabajo y comestibles.

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