Opinión

El problema es la región en su conjunto

Desde abril pasado, la atención a nivel local en lo que a aspectos económicos refiere, se centra en Argentina: ¿qué sucederá?, ¿cómo nos impacta?, y cuestiones por el estilo son preguntas frecuentes.

Corrida Cambiaria: en Argentina se intensificó, lo que generó una avidez por adquirir dólares de este lado del río y el BCU intervino. Foto: Reuters
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Lo llamativo es que se soslaya la situación de Brasil y, por supuesto, la nuestra propia, como si todo dependiera exclusivamente de lo que sucede allende el Plata. No es que carezca de relevancia, la tiene y mucha, pero no es lo único.

Ya desde el 2014 he sostenido reiteradamente en diversos ámbitos, y en más de una oportunidad desde esta columna, que tanto Uruguay, como Argentina y Brasil teníamos (tenemos), un nivel de desequilibrio en las cuentas públicas que hacen a la trayectoria de deuda insostenible en el tiempo y, por ende, a las propias finanzas del estado. Tarde o temprano la situación se corrige, por las buenas —los gobiernos toman las medidas correctivas que deben— o el mercado lo hará "a lo bruto". Las extraordinarias condiciones financieras mundiales que aun hoy imperan, fueron dilatando los tiempos del ajuste "vía mercado", pero éstos se acortan por su mero transcurso mientras se retorna a la "nueva normalidad", la que está llegando. Bajo otras circunstancias (las normales en por lo menos un siglo previo al 2008), los tiempos y la paciencia de los acreedores se habrían agotado hace rato, sin contar que el costo del endeudamiento hubiese sido muy superior. El drástico cambio de política monetaria, conjuntamente con la reacción de los agentes en Europa y EE.UU., los extendieron. Así, nosotros —la región—seguimos tomando deuda muy barata y, con ello, "tirando el ajuste para adelante". Lamentablemente, desperdiciamos el tiempo que los hechos nos dio.

Déficit fiscales. Los tres países tenemos agudos desequilibrios fiscales. A efectos de entender su sostenibilidad, —su real impacto sobre el ratio deuda a PIB—, debemos analizar el llamado resultado operacional. Éste depende del resultado primario y la tasa real de interés que se abona sobre la deuda. Hasta hace un tiempo, Uruguay era el que tenía el menor desequilibrio operacional, seguido por Brasil, y Argentina el peor de todos. Hoy día, me atrevería a decir que será Argentina, si cumple el programa anunciado, el que quedará con menor desequilibrio y Brasil en el peor registro. De todos modos, en cualquier caso, todos con la necesidad de procesar un fuerte ajuste de las FFPP. Dados los niveles de deuda a los que hemos llegado, se vuelve imperioso que su trayectoria (razón a PIB) sea descendente. Para Uruguay, bajo las actuales y futuras —más restrictivas— condiciones de mercado, cualquier ajuste cuyo objetivo sea obtener un superávit primario inferior al 2,5% - 3,0% del PIB a corto plazo y del orden de 1,5% a 2% promedio a 10 años plazo, salvo un milagro (crecer al 5% anual) no será suficiente. No es posible vivir con endeudamientos netos del orden del 60% en economías donde la moneda local sigue siendo prácticamente testimonial. Cualquier dificultad en algún lugar del mundo emergente nos pone ante un corte en el flujo de capitales, la moneda se deprecia, la actividad se contrae y el ratio de deuda sube a niveles que genera temores entre quienes nos financian.

Siendo conocida su situación, a Brasil no le prestamos la suficiente atención. Tiene un déficit fiscal de 6,3% del PIB, que ha venido mejorando, pero aún tiene déficit primario y su resultado operacional es deficitario en aproximadamente 3,4% del PIB, incompatible con la estabilidad macroeconómica. Su inestabilidad o poco dinamismo se traslada a Argentina, por lo que su efecto sobre nosotros también es indirecto.

Reformas por doquier. Más allá de mejorar las cuentas públicas, se precisan reformas de relevancia, como la educativa, apertura al comercio internacional, la previsión social —en especial en Brasil donde está colapsada—, desregulación de mercados para mejorar la competencia, entre otros. En el área fiscal, todos deben reducir su gasto público. Argentina y Brasil gastan alrededor de 43 44% del PIB, en tanto nosotros del orden de 38%. En cualquier caso, por fuera de lo razonable para países con el nivel de ingreso percápita como los nuestros. Superamos a EE.UU. y, salvo Francia que no es el mejor ejemplo de economía dinámica y sin problemas, a niveles "europeos" (hasta un poco superior) en el caso de nuestros vecinos). A su vez, los sistemas tributarios se han vuelto complejos a nivel de pesadilla, con innúmeras dobles y hasta cuádruples imposiciones sobre la misma materia gravada, lo que nos lleva a la necesidad de reformas tributarias simplificadoras que, a su vez, alivien la carga sobre los factores de producción, en un mundo donde las relaciones comerciales son la clave del progreso. Por tanto, cualquier ajuste deberá procesarse irremediablemente por el lado del gasto.

El corto plazo. En la coyuntura las monedas se han devaluado, cierto que mucho más en Argentina y Brasil que aquí, quedando nuestro tipo de cambio real totalmente apreciado frente a todo el mundo. Ya lo estaba, fuertemente frente a Europa y EE.UU., ahora también lo está con Argentina y Brasil. Si la paridad cambiaria nominal de las monedas permaneciera en los valores actuales, dadas las inflaciones estimadas, a fin de año tendríamos devaluaciones reales (el tipo de cambio sube por encima de los precios) muy disímiles, Argentina 52%, Brasil 20%, Uruguay 5%. No hace falta decir qué sucede ante este escenario.

Mientras el déficit fiscal sea financiado desde el exterior con deuda, el atraso cambiario se sostiene. Eso demuestra la teoría y es ratificado a diario empíricamente. El día que se acaba, se acaba.

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