OPINIÓN

Las lecciones que deja el GACH

No escatimemos elogios ni agradecimientos a su labor.

Foto: El País
Foto: El País

Me permito en esta oportunidad apartarme del estricto análisis de temas vinculados al mundo de los negocios, comercio o económico, aunque en estos tiempos, créanme, todo tiene que ver con todo. Hoy propongo una reflexión sobre las posibles lecciones que nos ha dejado el funcionamiento del llamado GACH. Procesarlas nos permitirá capitalizar el tránsito por un camino que no ha da ser en vano.

Estos últimos días leeremos y escucharemos más de un análisis u opinión, y sobretodo varios agradecimientos. No escatimemos, no seamos avaros en reconocimientos, no sucede a menudo tal experiencia. Las lecciones aquí identificadas, de modo alguno sugieren que deban reiterarse este tipo de grupos para otros ámbitos, pero lo que si sugiero con absoluta transparencia es que valoremos los que nos deja. Recojamos los frutos de una forma de hacer.

El GACH fue más que el GACH.

G de grupo, me conecta en este caso, al valor del trabajo en equipo. Aquí no hubo ni una persona ni dos ni tres, más de medio centenar de profesionales trabajando. No permearon personalismos con agendas propias. Por supuesto que todo equipo precisa líderes y este caso no fue la excepción. Lograron ratificar que el trabajo así concebido, que coopera con un objetivo común, rinde mucho más que la simple suma individual de los aportes que pudieran haber hecho cada uno de los integrantes por separado.

A de asesor. La relevancia de contar en el proceso de toma de decisiones con opiniones de expertos. El asesor no es el decisor, ni el responsable de la decisión. Contribuye con sus conocimientos y fundamento a la construcción de opciones. Y esto también es una lección en sí misma. Más allá del acuerdo o la discrepancia, la reivindicación de las decisiones políticas y sus responsabilidades. Es que pueden delegarse un sinfín de procesos, pero la responsabilidad no.

C de científico. Vino a recordarnos que la ciencia uruguaya existe, y que tienen un gran recorrido. Existe investigación e investigadores. Pero sobretodo, vino a ubicarnos en lo importante de invertir como comunidad en estas disciplinas. No tengo dudas que las sociedades que avanzan dedican recursos y reconocen adecuadamente la investigación y la innovación. También la “C” es de convocatoria. Fue una sabía decisión conformar y convocar a este equipo de expertos. Fue sabia porque la convocatoria fue sana, con independencia de las opciones u orientaciones políticas de cada integrante del grupo asesor de Presidencia. Valen por lo que saben, por la capacidad de aporte. Además, está la “C” de los consensos. Fueron capaces de construir consensos entorno a su rol, entre otras virtudes, por sus habilidades de comunicación con la gente: una forma simple, humilde y clara. Transmitieron seguridad en momentos de incertidumbre.

H de honorario. Pero también de honestos. Se le reconoce una profunda honestidad intelectual, en momentos de acuerdo pero también la valentía para marcar el disenso. Además, la “H” también es de heroico. Los actos heroicos, lejos de Disney, suelen encarnar los rasgos más sobresalientes, valorados y tantas veces olvidados de una sociedad. Quienes los realizan, terminan siendo en el mejor de los casos admirados por el resto. En lo honorario y heroico se encuentran características de generosidad, de entrega sin exigir nada a cambio. De búsqueda y encuentro del bien común sobre cualquier otro interés.

Hace unos años la hermana Paciencia Melgar, al contraer ébola en Liberia, se le prohibió el retorno a España. Al superarlo, pudo volver y sin una pizca de rencor, donó plasma de su sangre para contribuir a salvar la vida del primer afectado por esta enfermedad en España. En aquel momento dijo: “la vida es para darla, no para guardarla”.

(*) Decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica (UCU Business).

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