A PRIORI NO SERÍA NECESARIO IMPORTAR MADERA PARA CUBRIR LAS NECESIDADES

Hay suficiente producción para abastecer tercera planta

Según Carlos Faroppa, consultor forestal y presidente de la Sociedad de Productores Forestales, todo lo planificado en casi tres décadas en materia forestal se ha ido cumpliendo, y el sector está a las puertas, cuando se sume la tercera planta de celulosa entre otros emprendimientos, de exportar por 2.500 millones de dólares.

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Carlos Faroppa. Foto: Francisco Flores

Mostró su beneplácito por el anuncio de UPM de instalar otra planta y también por la zona de emplazamiento. Comenta que se duplicó la disponibilidad de madera desde el momento en que se inició el trabajo de Botnia hasta ahora, y que existen plantaciones suficientes para soportar otra "explosión" con la demanda para la tercera planta. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿En qué condiciones se encuentra el sector forestal?

—Estamos creciendo, todo lo que se planificó que íbamos a crecer, lo que se fue plantando, está bien orientado. El sector sigue teniendo más disponibilidad de materia prima de la que hoy procesa. Los precios del mercado no han bajado mucho, en algún caso se han recuperado. Igualmente tenemos problemas o de acceso a mercados, como ha pasado con otros commodities agrícolas, pero nunca en el sector forestal las caídas son tan abruptas ni las subidas tan pronunciadas. Son graduales, en un sentido y otro, mucho más que en otros mercados.

—La Ley forestal es de 1987. ¿Ya está maduro el sector?

—Sí, está en su maduración, de acuerdo con lo planificado y tenemos más espacio donde incorporar dentro del sector, lo que no significa más tierras. Esa madurez, lo que va haciendo es que tengamos un clúster, un círculo virtuoso, cada vez más completo, donde interactúan el mercado, las industrias, los productores, las empresas de servicios, la investigación, la academia, el Estado, todos en un buen equilibrio que se va perfeccionando. No es para quedarnos quietos, es para seguir con más velocidad si se puede, pero están dándose los pasos de un sector más maduro, incorporado, con los conceptos de medio ambiente y sustentabilidad, bien arraigados en el sector.

—El gran cambio fue la llegada de Botnia. ¿Cómo es la línea de crecimiento desde ese momento a ahora?

—Cuando llegó la primera planta de celulosa había en ese momento una disponibilidad de madera que se ubicaba en el orden de 7 millones de metros cúbicos; hoy estamos aproximadamente en 14 millones de metros cúbicos. Siempre hablando de eucaliptus. Tenemos una disponibilidad adicional de unos 3 millones de metros públicos en pinos, que se están industrializando también.

Por suerte tenemos un sistema industrial que si bien no es de terminación, está procesando mucha madera; sea celulosa, sean tableros, sea madera aserrada, y parte el componente energético que hace a la sustitución de combustibles fósiles.

—¿Existe conformidad con la confirmación de la llegada de una nueva planta de celulosa?

—Es una muy buena noticia que se instale una nueva planta de celulosa en el país. Que viniera la primera, en la que me tocó participar en el proceso, fue una carrera por las inversiones. Porque los países compiten por las inversiones, y nuestro país es un pequeño emergente forestal al que ya empiezan a visualizar. Pero traer el primer proyecto fue, no solo la primera gran inversión industrial del país, sino fue la más grande inversión de Finlandia en el extranjero en la época, y eso nos puso además mucho más a la vista —en momentos en que salíamos de una crisis— de los inversores globales. Y al país entró mucho dinero. Si uno mira las inversiones extranjeras directas de 2002 y el crecimiento a la fecha, verá cómo se fueron multiplicando varias veces los montos. Y el primer hito, no el único, pero sí el primero, fue haber logrado captar una inversión como la de Botnia en aquel momento.

—La competencia por ese tipo de inversiones es grande…

—Uruguay no está solo. En materia de celulosa y producción forestal, lo mismo pasa en Brasil y otros países de la región y el mundo. Competimos. Por eso vemos los beneficios fiscales que se dan y a veces se critican, pero en otros países o dan esos beneficios o directamente prestan el dinero para la inversión a tasas muy bajas, como hizo Brasil con el BNDS durante mucho tiempo. Alemania en 2007 en Stendal, dio un subsidio no reembolsable de 70 millones de euros para instalar una planta. Todos juegan así. Los países compiten por estas inversiones muy tecnológicas que realmente transforman a su alrededor, pero además durante el período de instalación, generan un gran movimiento de trabajo, inversión y consumo. Y luego la cadena forestal celulósica se mantiene por décadas. Y cuando envejece la planta, en el mismo lugar se levanta otra con nueva tecnología y sigue el proceso.

—¿Le parece conveniente que se instale en el centro del país?

—Si bien es un poco vago el detalle de la zona donde se va a instalar, me parece que es la región donde debe ir. Llegar al Río Negro con toda esta transformación es muy buena cosa, lo que se necesita es que la logística ayude. Pero es el lugar, porque hay muchas masas forestales en el centro-este del país. En la medida de que haya un proceso productivo más central, va a ser accesible a todo el país.

—De acá a cinco años se va a precisar mucha más madera para alimentar la nueva planta. ¿Estamos en condiciones de contar con esa materia prima?

—Tendríamos que crecer, por lo menos, otros 6-7 millones de metros cúbicos. Y eso está plantado. Todos los años estamos plantando; la tasa de crecimiento de lo que plantamos en el país está en un 2% anual, en el orden de unas 20-25 mil hectáreas. Y se reforesta otro tanto. Todo lo que se corta se reforesta, con nueva genética y crece más. Lo que significa tener entre 15-20% más de producción en las plantaciones comparado a lo que teníamos hace 15 o 20 años. La tecnología actual nos permite ese aprovechamiento, debido a la mejora genética y técnicas de reimplantación. Ese crecimiento, más lo que nos ampliamos por área, compensa tranquilamente las demandas futuras de otra planta en un mediano plazo.

—No sería necesario importar madera…

—No es algo que hoy esté presente en la agenda. Pero de repente en el día de mañana podemos integrar nuestras cadenas y producir lo que necesitemos unos y otros y hagamos algún intercambio, pero en otros rubros. En cuanto a la necesidad que puede generar la nueva planta de UPM, no va a haber una tercera planta de celulosa si no hay recursos, los pasos están bien pensados en el sector.

—Con tres plantas funcionando, la celulosa estará cerca de convertirse en el principal producto de exportación…

—Con la tercera planta y otros procesos que se irían integrando, estaríamos hablando de duplicar las exportaciones, con un volumen de unos 2.500 millones de dólares como mínimo anuales. Estaríamos entre los tres principales productos de exportación y con posibilidades en algún momento de ser el primero.

—¿La nueva planta dejará al descubierto aún más las dificultades existentes en materia logística?

—El país se fue preparando para producir, no solo en lo forestal. Implementó una serie de leyes de promoción, de inversión. Eso, veinte años atrás, se sabía que iba a impactar en las cadenas productivas, y en un movimiento mucho mayor de bienes y graneles agrícolas o forestales.

Fueron creciendo todos los sectores; en 2003 el país movía aproximadamente tres millones y medio de toneladas de graneles agrícolas y forestales. Hoy movemos 19-20 millones. El país tuvo las leyes necesarias, se preparó para producir, está produciendo, lo que no se acompasó en todo este tiempo fue la infraestructura. En 2003 el tren transportaba 1 millón 200 mil toneladas, hoy transporta 800 mil toneladas, todo lo demás lo absorbieron las carreteras, las mismas que teníamos. Se hicieron inversiones en menor dependencia energética, se hizo una gran inversión en puertos, un nuevo aeropuerto… o sea, para salir estamos preparados, pero no sabemos cómo llegar desde los bosques o las fábricas a las puertas de salida del país. Eso es nada menos lo que está faltando y es un gran problema.

En breve comenzará a trabajar nuevo aserradero en Tacuarembó.

—¿Existe la posibilidad de utilizar pino para producir celulosa?

—No lo veo en el contexto actual. Si uno mira los ejemplos exitosos, en su momento Fanapel creció haciendo celulosa de eucaliptus, hoy los dos desarrollos que tenemos, UPM y Montes del Plata, hacen fibra corta, de eucaliptus. Es una fibra en la que no hay una gran competencia a nivel mundial. La conocida como fibra larga, que es la de los pinos, hay mucho en el hemisferio norte y también en la región. La fibra larga es muy buena, muy eficaz para producir papel, y se puede producir en pocos lugares. Por eso, el plan de negocios seguido hasta ahora por las plantas ubicadas en Uruguay parece el correcto.

—¿Puede existir una sobreproducción?

—La utilidad de la madera de pino es aserrada y tableros. Es lo que hacen hoy Caja Bancaria, Weyerhaeuser, Finsa. En ese camino, vamos a poner en marcha en unos meses un aserradero de alto volumen, en Tacuarembó, en las instalaciones en que estaba Urupanel.

Se compró esa planta y se instaló un gran aserradero de alta tecnología, que dará utilidad a buena parte de la producción de madera de pino que tenemos.

Todos los pinos que tenemos hoy están siendo manejados no para celulosa sino para producir madera de calidad. Están siendo raleados, mejorados, podados, para sacar madera buena de exportación.

Carlos Faroppa.

Ingeniero Agrónomo orientación Forestal, Facultad de Agronomía, UdelaR, con estudios de especialización en Perú, Italia, Finlandia y Suecia. Consultor Forestal, presidente de la Sociedad de Productores Forestales.

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