Columna 

Los efectos de premiar al que trabaja

Incentivar a trabajar es un programa efectivo y barato para combatir la pobreza. Y está demostrado científicamente.

Empleo en Estados Unidos. Foto: Pixabay
Empleo en Estados Unidos. Foto: Pixabay

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Uno de los programas de ayuda social de mayor alcance en Estados Unidos es el EITC (Earned Income Tax Credit). Consiste en un beneficio que se otorga a los trabajadores que tienen un ingreso bajo o moderado.
Impacto en la educación de los hijos .

Los investigadores Jacob Bastian (University of Michigan) y Katherine Michaelmore (Syracuse University) acaban de publicar en el Journal of Labor Economics un estudio sobre el impacto de este peculiar programa EITC de ayuda social. En su análisis emplean 40 años de datos de familias que recibieron este beneficio. Los resultados muestran efectos positivos en la educación, empleo e ingresos de los hijos de estas familias: completan educación secundaria y universitaria en una mayor proporción, y muestran tasas mayores de empleo e ingresos cuando llegan a la edad adulta.

Los pobres salieron a buscar trabajo
¿Por qué los hijos de las familias beneficiarias obtuvieron mejor educación? Para contestar a esto, los citados investigadores nos sugieren el siguiente ejemplo. El padre de familia no tiene trabajo formal. Se entera de que el gobierno va a dar una transferencia monetaria a quien sea pobre, con la condición de que esté trabajando y en planilla. Sale entonces a buscar un trabajo formal y genera unos ingresos con su propio esfuerzo. Esos ingresos son precisamente los que causan que sus hijos puedan acceder a mejor educación (pueden comprar los útiles escolares, pagar un maestro particular, estudiar inglés, …). Y los padres saben que no pueden dejar de trabajar porque si abandonan el trabajo formal, no van a cobrar la transferencia monetaria del gobierno. En suma, este programa logra aumentar el ingreso monetario de la familia, ¡incluso antes de recibir la transferencia!

Otro descubrimiento interesante de Bastian y Michaelmore: el programa incentiva a trabajar pero no hace que los padres le dediquen menos tiempo a los hijos. Parecería como que mueve a todo un capital humano que estaba dormido, y ayuda a ordenarse para llegar a todo.


No desplazar a la persona
Frente a la crisis económica o social, al diseñador de política pública le puede venir la tentación de decir: “estas personas no sirven para superar tal dificultad, los voy a sacar yo de esa situación decidiendo por ellos y dándoles todo sin pedir nada a cambio”. Es una tentación que daría unos incentivos perversos.

Un atractivo del citado programa EITC, es que empuja al individuo a la acción. Lo convierte en agente de cambio. No lo sustituye ni paraliza, lo incentiva a ponerse en movimiento. Es una buena característica de un programa público. Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la iniciativa personal, y empobrece al individuo en el sentido más profundo del término.

El costo del programa
Una pregunta básica que debería hacerse un diseñador de política pública es cuál es el costo efectivo de este programa. Jacob Bastion lo contesta con otro estudio que acaba de dar a luz (Do EITC Expansions Pay for Themselves? Effects on Tax Revenue and Public Assistance Spending, diciembre 2018).

Cada dólar que entrega el programa le cuesta realmente al gobierno de Estados Unidos 13 centavos de dólar. Sí, leyó bien: entrega 1 dólar, pero le cuesta sólo 0,13. ¿Cómo se explica esto? Primero: la transferencia monetaria se otorga solamente si la persona trabaja. Esto hace que haya más personas que quieran trabajar, y al trabajar pagan impuestos tanto ellos como sus patrones. Entonces entra dinero a las arcas del estado. Segundo: si soy pobre y paso a tener trabajo y ganar dinero para poder conseguir el beneficio de la transferencia monetaria, entonces no puedo reclamar otras ayudas básicas del gobierno, que exigen no pasarse de un ingreso mínimo. El gobierno se ahorra esos otros subsidios. Tercero: el programa tiene un impacto positivo en la salud de las personas y hace disminuir el delito, por lo tanto, el Estado también ahorra en estas dimensiones.


En suma, es clave no sustituir a la gente más pobre diciendo “este no hace nada bien o es imposible estimularlo”: el diseñador de política debe mover a todos a desplegar sus potencialidades dormidas. Es la misma actitud que recomiendan a las madres y padres: que no le den todo hecho a sus hijos, que los muevan a trabajar y a colaborar en el hogar; también en vacaciones...

(*) Doctor en Economía; Decano de la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo.

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