ALENTADOS POR ENORMES SUPERFICIES DE TIERRA SIN PRODUCIR, CRUZAN LA FRONTERA

Los chinos invaden Rusia

Trepado en la cabina de un tosco tractor ruso, Li Chengbin, campesino agricultor, de 62 años de edad, de China, conducía dando vueltas y vueltas en círculos cada vez más amplios, arando un campo a fin de prepararlo para plantarlo; y regocijándose ante las oportunidades ofrecidas por tierras indómitas en el Lejano Oriente ruso, casi desprovisto de gente.

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Los campesinos provenientes de China destacan por sus hábitos laborales. Foto: Pixabay

De vuelta a casa en China, dijo, nunca tuvo una parcela que si quiera se acercara al gran tamaño de la extensión de 33 hectáreas que él y su hijo cultivan actualmente en Rusia. La gran mayoría de los 300 millones de campesinos chinos tienen a duras penas 8.000 metros cuadrados. La granja familiar de Li en China es incluso más pequeña.

Entre nacionalistas rusos en Moscú y otras ciudades en el oeste del país, la presencia de agricultores chinos en tierra rusa en el Lejano Oriente ha suscitado un frenético temor de una furtiva toma de poder china. Es una obsesión perenne que, pese a relaciones cada vez más cálidas entre los dirigentes de ambos países, sigue preocupando a muchas mentes rusas.

Sin embargo, aquí en el Lejano Oriente, oficiales locales y muchos residentes, si bien se quejaron de que no pueden mantenerse al paso de los hábitos chinos, suelen ver a China y su vasta reserva de mano de obra como la mejor esperanza para desarrollar regiones empobrecidas que, con frecuencia, transmiten la sensación de haber sido abandonadas por Moscú.

Lyudmilla Voron, directora del consejo local por el distrito que abarca a Polo Opytnoe y otras cuatro aldeas en la Región judía autónoma, área en Rusia contigua a la provincia china de Heilongjiang, dijo que no existían cifras reales del número de chinos trabajando en el área como jornaleros contratados a tiempo completo para terratenientes rusos, jornaleros de temporada o como agricultores en tierra que alquilan para sí. Sin embargo, agregó Voron, una cosa quedó abundantemente clara en una región que fue creada originalmente por Stalin en los años 30 como lo que sería una patria judía: "Definitivamente hay muchos más chinos que judíos aquí".

Con una población rusa de apenas 1,716 personas, al distrito de Voron solo le quedan dos familias judías —todas las demás se mudaron a Israel u otras partes— pero tiene cientos de chinos.

Su hija, Maria, quien es la jefa de administración del distrito, se quejó de que muchos chinos trabajaban sin registro y "duermen en los campos". De igual forma, destacó que "todos trabajan como locos", elogiándolos por convertir tierra que solía estar ociosa en granjas productivas.

Hombres de la localidad, se muestran menos entusiastas y maldicen a los chinos por levantarse demasiado temprano, usar demasiado fertilizante químico y trabajar la tierra excesivamente.

Los chinos empezaron a mudarse al otro lado del río Amur para arar tierra en Rusia en números considerables tras el colapso de la Unión Soviética, en 1991. La afluencia en su mayoría sin control generó quejas de protesta de políticos nacionalistas en Moscú.

El presidente Vladimir Putin, con la mirada en China para sumar un poco de chispa a la lenta economía de Rusia y para demostrarles a dirigentes occidentales que él no los necesita, ha intentando apaciguar la promoción del miedo.

Cuando las autoridades en la región TransBaikal a lo largo de la frontera de China anunciaron el año pasado que planeaban alquilar alrededor de 115.000 hectáreas a una empresa china para producción de granos, el trato propuesto desató una tormenta de protestas, sobre todo en los distantes distritos europeos de Rusia. Todo parece indicar que el plan se estancó.

Bajo Putin, quien llegó al poder por primera vez al final de 1999, las autoridades rusas han intentando y, en cierta medida, tenido éxito para recuperar el control del flujo de migrantes proveniente de China. Introdujeron un sistema de cuotas para trabajadores chinos y canalizaron buena parte del negocio trasfronterizo a través de entidades controladas por el estado.

A menudo se violan las reglas, y la corrupción oficial dificulta la aplicación de leyes. Al mismo tiempo, el temor a una imparable ola de chinos haciéndose de tierras orientales de Rusia tiene su origen en la nacionalista formación de mitos, no en la realidad, dijo Iván Zuenko, investigador por la Universidad Federal del Lejano Oriente en Vladivostok, estudioso de la participación china en la agricultura rusa.

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