Tema de análisis

Caída en la producción industrial

Si se excluye la refinería, la contracción es de -2,3% anual al cierre del 1er. semestre 2018.

Industria manufacturera. Foto: Pixabay
Foto: Pixabay

Uno de los sectores en dificultades en la actual situación económica es la industria manufacturera. Una parte importante de la caída se encuentra en la pérdida de competitividad, donde los costos crecientes en pesos y el dólar rezagado hacen casi imposible el intento por agregar valor en la transformación de materias primas.

Por otro lado, la tecnología hace necesaria la escala de producción y en ese sentido el proyecto de Uruguay integrándose en la región fracasó por la falta de interés de Argentina y Brasil, que vaciaron de contenido al Mercosur.

Sin escala y con costos de producción fuera de los rangos competitivos, el destino está en el dinamismo de algunos sectores donde los recursos naturales que genera la producción primaria son muy generosos. Es así que la estructura de producción uruguaya va mutando hacia menos empresas industriales, menos valor agregado en los productos manufacturados y una concentración en importancia en algunas cadenas de productos alimenticios, en la celulosa y en algunos productos químicos básicos.

Obviamente que esta evolución tiene un correlato en menos horas ocupadas y menos personal empleado por las empresas. Lo que dicen los indicadores también es reflejado por el estado de ánimo de los empresarios, que a mediados del 2018 tiene una marca clara de pesimismo.

El índice total de volumen físico de producción industrial se mantuvo prácticamente estancado en el año terminado en junio de 2018 (0,1%). Pero en este período hay que considerar que la refinería de Ancap registró un fuerte incremento en la producción, porque en el segundo trimestre del año pasado estuvo apagada por mantenimiento. Si se considera a la industria sin la refinería, hay una contracción del -2,3% en el último año.

La evolución en los últimos años está pautada por el ingreso en producción de la segunda planta de celulosa. Si se excluye del índice la refinería y la producción de celulosa, la evolución es decreciente tal como se ilustra en el primer gráfico del cuadro adjunto. Esa base tradicional de la industria manufacturera uruguaya pierde nivel de producción y participación en la economía desde 2013. Hubo un alto en la caída el año pasado, pero el 2018 arrancó con grandes dificultades y se retomó la senda decreciente.

La celulosa provocó un cambio relevante y para tomar idea basta mirar la evolución del índice de este sector en la encuesta del INE. En el gráfico de la izquierda en el medio del cuadro adjunto se puede ver cómo desde 2008, con el ingreso de Botnia (hoy UPM), la producción del sector se multiplica por 10. Más adelante, el ingreso de Montes del Plata agrega otro tanto de producción y multiplica por 2 el ya crecido nivel del sector. De esta forma en menos de 10 años la producción de celulosa se multiplicó por más de 20 veces.

Estas cifras históricas del sector de producción de celulosa permiten poner en perspectiva lo que significa estos proyectos de gran dimensión y la importancia que puede tener un proyecto como el de la tercera planta localizada sobre el Río Negro. En materia de producción impactan en saltos en escalón que luego son estables. El tercer proyecto se considera un tamaño de planta incluso mayor al de las dos instaladas y que en definitiva consolidaría a Uruguay como uno de los principales productores a nivel mundial.

Siguiendo por las evoluciones positivas en el último año dentro del resto del sector industrial, se destaca por su incidencia en el total el sector automotor, que se está recuperando de la muy fuerte caída en el año 2016. La volatilidad de esta industria ya es algo característico y tiene su razón de ser en que es un eslabón dentro de la producción regional de automóviles y por lo tanto sufre mucho la volatilidad cambiaria regional, las condiciones de demanda y la política comercial de Argentina y Brasil. Lamentablemente para el sector, estamos lejos del proyecto de unión aduanera original del Mercosur.

Otros tres sectores que tienen una incidencia positiva son el de Plásticos, el de Cemento, cal y yeso y las Sustancias químicas básicas. Entre los tres aportan más de un punto porcentual de crecimiento al índice total. Los dos primeros con rebotes luego de la caída observada hasta el año 2016, pero todavía sin alcanzar los niveles de 2013. En el caso de los Productos químicos básicos, el crecimiento es prácticamente permanente desde 2005, actividad donde hay una capacidad exportadora, principalmente dentro de América Latina.

Lamentablemente hay sectores que hacen un contrapeso a la baja tan grande, que el saldo final es de contracción. Hay cierto grado de generalización en la cantidad de actividades que presentan una variación negativa en los doce meses a junio del 2018.

Entre las caídas más notorias en la producción, se encuentra el sector de Alimentos y bebidas. Hasta el momento nunca había mostrado una faceta decreciente como lo está haciendo en el 2018, constituyéndose en una señal de alerta y por lo tanto merece un análisis con más detalle a su interior.

Si bien los frigoríficos y los molinos arroceros registraron caídas en el volumen físico de producción, el mayor impacto negativo en el sector lo tiene la Producción de otros productos alimenticios, una clasificación general para varias industrias que por sí solas no tienen una ponderación grande. Este agregado de actividades tiene fuerte influencia de una planta de concentrados para bebidas en zona franca y venía mostrando fuertes tasas de crecimiento hasta 2015, donde comienza un proceso de descenso en el segundo trimestre del 2017.

Esta caída se suma a otras como la de Textiles y Vestimentas que ya llevan varios años con dificultades para sostener el nivel de actividad manufacturera.

El correlato de la menor producción, habitualmente es menos horas de trabajo y luego un menor empleo. Esto se ilustra en el gráfico de la derecha en la parte media del cuadro adjunto. Ambos indicadores de la encuesta muestran una tendencia descendente desde el año 2013. El empleo se ubica un 15% por debajo del alcanzado en aquel momento.

Con este panorama en la producción y un clima de negocios deteriorado debido a la conflictividad laboral, las amenazas de mayores impuestos y regulaciones hacen que el pesimismo de los empresarios se profundice. A esto hay que agregar que para los exportadores hay un nivel de tipo de cambio que lleva a que no cierre la ecuación de precios y costos.

En el gráfico de más abajo se ilustra la evolución del saldo neto entre visión positiva y negativa sobre el futuro para la economía y para la empresa, recabada en la encuesta a empresarios que hace la Cámara de Industrias. Junto con la caída del 2018 hay un retorno al pesimismo luego de la leve recuperación del 2017.

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