OPINIÓN

Así de complicada está Argentina

La situación económica argentina luce extremadamente delicada hacia el futuro, y digo delicada para no ser dramático utilizando otra palabra.

Peatonal Florida (Buenos Aires). Foto: Wikipedia
Peatonal Florida (Buenos Aires). Foto: Wikipedia

Con un gasto público consolidado récord (gasto de la nación, las provincias y los municipios), presión impositiva en niveles asfixiantes, sin crédito interno porque el ahorro fuga al exterior o bien el estado lo absorbe todo vía Leliq, sin acceso al mercado crediticio internacional y sin posibilidades de emitir moneda sin caer en una mega inflación, la situación económica argentina luce extremadamente delicada hacia el futuro, y digo delicada para no ser dramático utilizando otra palabra.

Suponiendo que se diera el escenario en que gana Macri revirtiendo milagrosamente el resultado de las PASO, y considerando que no tendrá mayoría en el Congreso, veo bastante difícil que le aprueben las reformas estructurales que se comprometió a implementar con el FMI. No creo que los gobernadores vayan a aprobarle una ley que modifique la coparticipación federal o la legislación laboral.

Si, por el contrario, suponemos que gana Fernández, el problema es el mismo, porque no tiene planeado ningún ajuste de gasto público, solo más ajuste del sector privado cobrando más impuestos, pero si intentara ir por el ajuste del estado se le armaría un fenomenal lío en la tropa propia que vota básicamente más populismo. Realmente estamos en un problema muy serio.

El problema central de Argentina es que la cultura de la dádiva, que reemplazó la cultura del trabajo, llevó a que 19 millones de personas pasen todos los meses por la ventanilla del estado a buscar un cheque, mientras que solo 6,5 millones de personas tenemos que sostener toda esa fiesta populista. Esa fiesta populista disparó el gasto público que tiene como contrapartida una carga tributaria que espanta las inversiones y un estado con tradición confiscatoria (plan Bonex, previamente ahorro forzoso, corralito, corralón, pesificación asimétrica, default festejado con cánticos, etc.) que genera toda ausencia de ahorro interno para financiar el crecimiento. Si a eso le agregamos el condimento de inestabilidad en las reglas de juego, el problema económico argentino es mucho más que económico.

Los datos de pobreza que se difundieron hace unas semanas no deben sorprender. Recordemos que la pobreza en Argentina se mide de la siguiente forma: se considera, por ejemplo, un hogar tipo 2, compuesto por un varón de 35 años, una mujer de 30, una hija de 8 años y un hijo de 6 años. En base a esa conformación familiar se calcula cuántos alimentos tienen que comprar para no desnutrirse, un mínimo de ropa, transporte, medicamentos y algunos rubros más. Es decir, es una especie de IPC más reducido para ese tipo de hogar. Por ejemplo, en agosto esa canasta básica total para un hogar tipo 2 costaba $ 33.013 mensuales. Si una familia gana esa cifra o más no es pobre, si gana menos de esa cifra es pobre.

La indigencia se mide sobre una canasta básica alimentaria mínima para no desnutrirse. También se calcula su costo y si la familia gana menos del monto de esa canasta básica es indigente y si gana por encima de esa canasta no es indigente.
Con el salto inflacionario del último año y el aumento de salarios por debajo de la inflación era previsible que saltara la pobreza al momento de medirla en el primer trimestre del año, justo antes de las elecciones.

De todas maneras, el problema de la pobreza, que algunos la llaman estructural como si mágicamente hubiese nacido con la Argentina, es consecuencia de la falta de inversiones por las casusas señaladas más arriba. Sin inversiones no se crean puestos de trabajo ni aumenta la productividad para que crezca el salario real, de manera que mientras no cambien las condiciones institucionales que rigen en Argentina la inversión será muy baja, y la pobreza junto con la desocupación seguirán siendo un serio problema.

Volviendo al cortísimo plazo, el gobierno está más preocupado por no entrar en default (en realidad ya lo está al cambiar la palabra default por reperfilamiento) que por las Leliq que tienen como contrapartida los depósitos del sector privado en los bancos. Que el estado no tenga más financiamiento externo para seguir con la fiesta del gasto público no me preocupa tanto, me preocupa mucho más cómo se va a resolver el problema de las Leliq en el futuro y, la realidad, es que para enfrentar ese problema hay, por ahora, solo dos opciones: financiar su cancelación con emisión monetaria generando una mega inflación o bien un plan nuevo plan BONEX como el aplicado en 1989.

En síntesis, que nadie se guie demasiado por lo que dicen ambos candidatos en la campaña electoral. Sus actuales promesas son puro humo. Los problemas que hay por delante son de tal magnitud que la realidad les va a imponer a ellos qué tienen que hacer o bien terminaremos en otra crisis económica, social y tal vez política.

El simulacro del debate presidencial que hubo la semana pasada en que 6 candidatos disponían de solo 2 minutos cada uno para exponer sobre temas tan complejos como, por ejemplo, el económico, muestra la falta de seriedad de nuestra dirigencia política en su conjunto. Limitándose a formular frases hechas y vacías de contenido, cada uno de ellos fue utilizando sus dos minutos para decir obviedades. El más exaltado fue Alberto Fernández que mostró, con sus agresiones y descalificaciones, que es falso que el kirchnerismo quiera cerrar la grieta.

En síntesis, gran parte de la dirigencia política es responsable de nuestra larga decadencia económica y, lo peor de todo, es que esa misma dirigencia política es la que pretende mostrarse como la que nos va a sacar de la decadencia.

Así, de complicada está Argentina.

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