Opinión

Apuntes para no economistas (II)

Voy a continuar en esta columna con el propósito iniciado en la anterior, de trasmitir a no economistas algunos elementos que considero relevantes para el análisis de la coyuntura.

Dólar

Deuda. Lo primero, los números: al fin del primer trimestre la deuda pública total era de US$ 40.302 millones o 68,1% del PIB; la deuda neta (sin contar los encajes entre las reservas, pero sí sumando los activos con residentes) era de US$ 25.243 millones o 42,6% del PIB. En ambos casos, se registran subidas de más de 10 puntos porcentuales del producto desde finales de 2013.

Si se compara la cifra de marzo con la de diciembre de 2004, antes que asumiera el FA, el aumento de la deuda bruta es de US$ 26.371 millones, y el de la neta de US$ 14.529 millones. La diferencia, obviamente, está en la acumulación de reservas (sin encajes) y activos con residentes.

Y, en última instancia, ese aumento de la deuda neta es consecuencia directa de los déficits fiscales que, en el conjunto de los últimos 13 años, sumaron casi 13 mil millones de dólares. Por supuesto que no todo el déficit se financia con deuda (hay también un financiamiento inflacionario) y que no todo el aumento de la deuda se debe a los déficit (hay un efecto del cambio en las paridades, hay efectos de los canjes de deuda, entre otros). Pero sin dudas, grosso modo las cifras tienden a parecerse demasiado con el transcurso de los años.

Se debe destacar que una cosa es el aumento de la deuda que observamos, criticable como consecuencia del mantenimiento del déficit en niveles insostenibles, cercanos a 4% del PIB, y otra es la gestión de la deuda, encomiable por haberla pesificado significativamente, extendido en el tiempo y haber aprovechado cada oportunidad que dio el mercado para lograr emisiones exitosas. Y es mayor el elogio que merece la gestión de la deuda cuanto mayor es la crítica que merece la gestión fiscal.

Por último, debe destacarse que el "seguro anti devaluación" implícito en la pesificación de la deuda está pagando. En el segundo trimestre pagó más de US$ 2.100 millones, si vemos el efecto de los cambios en las paridades cambiarias en la deuda, al ser ésta expresada en dólares.

Reservas. El pasado viernes 21, las reservas internacionales del BCU ascendían a US$ 15.934 millones, pero sólo el 42,5% de ellas eran "sin contrapartidas de los sectores público y financiero", o sea US$ 6.777 millones. Mientras tanto, US$ 3.056 millones eran la contrapartida de activos del sector público en el BCU y US$ 6.101 millones eran la contrapartida de obligaciones del BCU en moneda extranjera con entidades financieras (encajes y otras).

Por lo tanto, las reservas de libre disponibilidad del BCU, por ejemplo, para venderlas de modo que el dólar no suba o para repagar Letras de Regulación Monetaria, eran US$ 6.777 millones el viernes 21. Entre el 30 de abril y el 21 de septiembre, las reservas "propias" del BCU bajaron en US$ 1.019 millones, al mismo tiempo que el stock de LRM expresado en dólares se redujo en US$ 2.547 millones, en parte por la reducción del circulante y en parte por el aumento del precio del dólar. Al 21 de septiembre, el circulante de LRM todavía superaba en 11% al stock de reservas referido (esto era 30% al 30 de abril).

Empleo. Finalmente, quiero insistir en dónde poner el foco cada vez que se difunden datos de la encuesta de hogares. Lo más relevante es la tasa de empleo y no la de desempleo, por dos razones: porque es la cantidad de personas ocupadas la que se relaciona con el nivel de actividad de la economía y porque hay personas que entran o salen de la población económicamente activa (PEA) lo que cambia la base de la tasa de desempleo.

Esto último es lo que viene pasando desde 2014, cuando se empezó a perder puestos de trabajo de manera firme (42 mil en 2015 a 2017). En ese mismo lapso, el número de desempleados subió en sólo 14 mil personas. La diferencia, de 28 mil puestos, son personas que se salieron del mercado de trabajo, pasando a ser inactivos. Al mes de julio se mantuvo el mismo comportamiento en esos indicadores. Para que se pueda apreciar claramente el impacto de la disminución de la PEA sobre el menor desempleo, se puede calcular cuál sería hoy la tasa de desempleo (TD) si la tasa de actividad (TA) fuera la de antes. Al comparar el segundo trimestre de 2014 con el de 2018 (de modo de evitar problemas de estacionalidad), la TA pasó de 64,5 a 62,1; la de empleo, de 60,1 a 57,1 y la de desempleo de 6,8 a 8,0. Si se calcula la tasa de desempleo a partir de la tasa de actividad de antes con la de empleo de ahora, se llega al 11,5.

Para un mejor análisis del mercado de trabajo, se utilizan otras definiciones de desempleo. Por ejemplo, una que se sigue con atención en EE.UU. donde en años anteriores se dio el mismo fenómeno que comentamos para nuestro país, es la llamada "U-6", que incluye, además de los desempleados, a los sub ocupados (en blanco y en negro) y a los trabajadores que buscaron trabajo tras perder su empleo y bajaron los brazos porque vieron que no podrían encontrarlo ("discouraged workers", los llama el BLS). Una estimación propia para nuestro país, sitúa esa tasa en 18,1 en el segundo trimestre de 2018 cuando estaba en 12,9 en el cuarto de 2014.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos

º