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Más allá de los Términos de Intercambio

Usualmente suele medirse el impacto de la influencia externa sobre una economía en función de los llamados términos del intercambio, o mejor dicho de la variación de éstos. Es decir, la variación de los precios de exportación comparada con los de importación.

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A determinados precio, la producción no existe. Foto: Archivo El País

Lo anterior constituye una correcta aproximación al efecto de los cambios en el entorno sobre el ingreso de un país a muy corto plazo, en la medida que supone, y a plazos breves razonablemente es así, que la estructura productiva no se altera. De donde, si en el año base un determinado país exporta e importa 100 unidades cuyo precio individual es igual a 1 y al siguiente los precios de exportación suben 10%, mientras que los de importación quedan iguales, ello implicará que, con el mismo volumen de producción y exportación, ese país tendrá un ingreso monetario por sus ventas al resto del mundo 10% superior, será más rico y podrá, entre otras cosas, importar —consumir e invertir— un 10% más unidades físicas que el año previo.

Como expresé, esto supone estructuras productivas constantes. Pero los precios tienen una función mucho más importante en la economía, son la guía de cómo se asignan los recursos; así si un precio aumenta relativamente frente a otros suele implicar que ese bien o servicios está siendo más demandado y por ende, la oferta reaccionará en un plazo no muy largo para llenar el vacío.

Hay situaciones, clásicamente los bienes provenientes del sector primario (agrícolas-ganaderos y la extracción de minerales), donde a determinado precio la producción no existe o es mínima, en función de la dotación natural y la misma aparece con el alza de aquel. Esta fue (y en cierta medida es) la situación de Uruguay.

En nuestro país, la producción de soja era prácticamente inexistente hasta fines de 2002, los precios comenzaron a aumentar en 2003 y a fines de 2004 la siembra llegó, si mal no recuerdo, a las 200.000 hás., y nos parecía "un montón". Hoy supera el millón. Del mismo modo se multiplicó el maíz y el trigo, entre otros.

Más allá que en éstos y otros casos, en la "explosión" de oferta contribuyeron los errores de política económica que Argentina cometió —y sigue cometiendo—, así como las acciones deliberadas de las autoridades uruguayas de aquel entonces, que mostraban a nuestro país bien diferente en sus acciones y la forma de afrontar y salir de los problemas que "incendiaban" la región, con lo que se atrajo a los primeros inversores en estos rubros "nuevos", no es complicado explicar el por qué los precios absolutos juegan un papel que sobrepasa largamente en su influencia al efecto de los términos del intercambio.

Áreas menos productivas se vuelven rentables; en otros casos conviene invertir en mejoras y equipos, o adoptar procesos más costosos que los "naturales" con el fin de aumentar la oferta, porque el precio de mercado es lo suficientemente alto como para compensarlo.

Pensemos en la inversión de Aratirí y el precio del mineral de hierro, no es una cuestión de más o menos producción, puede ser que haya algo o nada. De igual manera, la lechería "revivió" con el aumento de precios de estos años, siendo desde la liberalización del sector —primera mitad de los ochenta—, un sector muy pujante, que pasaba por extremas dificultades cuando los precios bajaron a niveles insospechados a fines de los noventa y comienzos de este siglo.

De aquí que debamos estar tan atentos a la evolución de los precios de exportación de nuestros principales bienes y no sólo a la relación entre la evolución de éstos con los de importación.

El petróleo ha bajado más de 45% en los últimos 5 meses y eso nos beneficia pero, si todos los precios (de exportación e importación) se comportaran de la misma manera, aun cuando los términos del intercambio no se modificaran, seguramente la pasaríamos muy mal.

Repaso.

Los precios de exportación, y también de importación incluyendo el petróleo que entre 2002 y 2004 aumentó en promedio más de 50%, comenzaron lentamente a subir en el 2003.

Muchos recuerdan los precios de aquel entonces a los que vendían o compraban los bienes al exterior. En los informes mensuales del BCU se incluían los principales precios de exportación, pero no se disponen de estadísticas complexivas mensuales sino con base en 2005.

El cuadro que acompaña esta columna resulta por demás ilustrativo y nos pauta la realidad de la influencia externa sobre nuestra economía. Los precios de exportación son hoy 75% más caros que hace 9 años y los del sector primario más del doble, 105% en promedio.

Por su parte en la industria los precios son 67% más altos en promedio, pero en las principales basadas en materias primas del campo, carne, lácteos y arroz (poco más del 50% del total de las exportaciones industriales sin celulosa) son las que mejores precios han tenido, bastante por encima del promedio.

Pese a que en 2008 se había llegado a valores muy altos, en todos los casos los "años dorados" parecen ser a partir de 2011. El promedio de los precios de exportación es hoy 15% superior al de 2010, incluso el presente 2014 muestra en muchos casos los precios más altos de la serie, en especial en los lácteos donde la caída de los precios internacionales, aún no había llegado a nosotros hasta setiembre.

Por el lado de los precios de importación, su aumento respecto a 2005 es la mitad que los de exportación, 38%, estando hoy 4% por debajo del pico de 2008 y ciertamente desde el 2011 estos caen de manera suave pero persistente, reflejando las tensiones deflacionarias del mundo desarrollado.

Reflexión.

Esta realidad que las cifras oficiales muestran nos permiten, de alguna manera, calibrar el real impacto que las políticas expansivas en el mundo (viento de cola) han tenido sobre nosotros y la región.

Pensemos que estando, como estábamos, equilibrados en el comercio de bienes en 2005 hoy si exportáramos exactamente la misma cantidad de bienes, podríamos comprar del exterior (importar) un 27% más de bienes porque el aumento de nuestros precios frente a los del resto del mundo nos brinda esa posibilidad.

Tal es la potencia del fenómeno que Argentina pese a aplicar políticas tan erradas como en el pasado y, aún peores, en medio de restricciones extremas que afectan al sector productivo, tiene apenas una suave recesión y sigue "aguantando". Bajo otras circunstancias no duraba un año.

Lo que pasó en el mundo no tiene precedentes, su impacto tampoco. Fuimos y seguimos siendo los grandes beneficiados, más aún cuando competidores directos y bastante más atractivos que nosotros hicieron todo lo posible para echar a los inversores cuando aquí, acertadamente, los recibimos con los brazos abiertos.

El tiempo de la expansión monetaria y fiscal desenfrenado está terminando, en especial en Estados Unidos, aunque desde el punto de vista fiscal ni Europa ni Japón tampoco pueden hacer casi nada en función de sus altos déficit y niveles de deuda. Los economistas están esperando que las tasas de interés suban y el período de dinero fácil termine.

Si bien se cree en un proceso lento, al menos al inicio, deberíamos esperar que la moderación vaya progresivamente ganando terreno y, por tanto, aquí también deberíamos adecuarnos a dicha moderación, en especial si los precios de nuestros productos exportables caen de manera significativa.

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