MARÍA GOMENSORO

"Siento que mi deber es generar un cambio de mentalidad"

Una casualidad la llevó a la tevé. Antes y después de eso, intenta no dejar lugar al azar. Predica con el ejemplo, desde en el deporte hasta en el feminismo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Yo nunca me había imaginado trabajando en la televisión", dice. Foto: Fernando Ponzetto.

Es lunes y María Gomensoro acaba de terminar la reunión semanal de producción de Consentidas, el programa de Canal 10 con el cual ya cumple una década. Hace una pausa en Mandarino para comprar el almuerzo y mira el reloj para no demorar en llegar a su casa. Es que este no es un lunes cualquiera. María está engripada y a la noche tiene la final del campeonato clausura del Old Girls Club, el equipo de hockey en el que la conductora juega a medio camino entre número 9 y puntero izquierdo. Faltar al partido no es una opción. "Ahora me tomo una pichicata y me meto en la cama un rato. Tengo que estar bien".

En la cancha María (41) se transforma. "¡No sabés lo que son mis rodillas! Las tengo todas negras, llenas de machucones, me las tienen que maquillar para la tele... Pero no me importa, que me partan un diente igual. Mientras esté en la cancha… estoy feliz". Aunque empezó a jugar siendo una niña, se reencontró con el deporte a los 40. Dice que el hockey le "devolvió el equipo" y todas las actividades que se desprenden de él, desde entrenamientos bajo lluvia hasta salidas a tomar el té. Pero también sintió que era "una linda forma de educar" a sus hijos, que son cuatro y van desde los 16 hasta los 5 años. "Es un sostén importante para el resto de la vida, no solo por estar bien físicamente sino por un tema mental y social, de compromiso, de que no les podés fallar... esas cosas a los chiquilines hablándoles no les quedan tanto como cuando te ven".

Por eso, en cada cosa que hace María elige predicar con el ejemplo. Y a la hora de tomar decisiones, es mucho más reflexiva que impulsiva. La excepción, quizás, haya sido la forma en la que entró a la televisión. Fue en 1999, cuando contrató a Pablo y Francisco Sacco para que le hicieran el video de su casamiento. Ellos tenían la idea de producir un programa de arquitectura y diseño para Canal 10 y la invitaron a hacer un casting. Hasta ese momento María era decoradora de interiores y compartía un auspicioso estudio con una socia. "Hice un casting forzado, porque yo no me había imaginado trabajando en la televisión, no era mi proyecto ni ahí, me iba muy buen como decoradora", recuerda. En aquel casting entrevistó a su hermano Juan Enrique, en español e inglés, sobre una exposición de cuadros. Y quedó. "Así empecé, y me entusiasmó tanto que nunca más dejé". Aquel primer programa se llamó Estilo, un magazine de interés general que se emitía los sábados por la noche y que conducía junto a Soledad Ortega y Andrea Menache.

Con Estilo, que estuvo al aire cinco temporadas y donde entrevistó desde Tara Gandhi hasta a la Mona Jiménez, hizo todas sus herramientas en televisión. "Tuve unos profesores increíbles. Pablo Sacco, que fue el creador y director, me enseñó muchísimo del tema de las cámaras. Si hoy sé todo lo que tengo que hacer es porque me enseñó a pensar con cabeza de editor", cuenta. "Pero el máster, o más bien el PHD, lo hice con Consentidas".

Una vez más, María se sumó a un equipo femenino. Con Emilia Díaz y Carolina García conoció el medio que más disfruta, el que siente como menos tirano y al que, algún día, le gustaría volver: la radio. Y al mismo tiempo se consolidó como una de las caras más conocidas de la televisión. Ese mismo trío hizo, en 2009, Buenas y Santas, un magazine diario en las mañanas del 10. Hoy, en Consentidas está Sara Perrone (que sustituyó a García en 2014) y aunque el programa se renueva cada año, mantiene el horario central de los sábados.

—Cuando Consentidas empezó en televisión, en 2007, no era frecuente ver un programas conducido por mujeres que no fuera solo para mujeres.

—Estilo fue el primer programa conducido por mujeres que no era exclusivamente para mujeres. Hacíamos de todo, no era para la mujer, para nada. Hicimos notas de boliches, toques, personalidades, teníamos un espacio donde cocinábamos en la casa de los famosos y estuvimos con Sanguinetti, Batlle, Diego Pérez, Sergio Puglia... Y con Consentidas pasa lo mismo: que seamos mujeres conduciendo no quiere decir que sea un programa de mujeres. Le ponemos la perspectiva de género, pero las mujeres no hablamos solo de cosas de mujeres. Nunca estuve en un proyecto que fuera eso. No soy así, no sé cocinar, no manejo el lavarropas... estoy lejos de todo eso.

—En la salida al aire, ¿cuánto hay de personaje y cuánto de realidad?

—Yo siempre soy yo. Cuando se plantea un tema tratamos de que cada una se sienta representada con la opinión que va a decir. Las tres somos distintas y está buena la diferencia. A veces se juega con eso para que haya un contrapunto. Pero nunca voy a decir algo que no pienso o no respaldo, jamás.

Tradiciones.

Última hija mujer en una familia numerosa —son seis hermanos— y melliza de un varón —Luis— María aprendió de feminismo casi que desde la cuna. "Crecí en una casa donde él podía salir y manejar el auto primero que yo; él podía salir solo o viajar con amigos y yo no. Siempre cuestioné esas cosas: ¿por qué? ¿porque soy nena? Hoy soy madre de tres nenas y un varón. Y en mi casa, con mi marido, somos 200 y 200, somos un equipo para hacer las compras, organizar los baños, cocinar, llevar y traer".

—¿Te definís como feminista?

—Sí, me defino como feminista desde el momento que cada vez que pienso, hago algo o educo a mis hijos estoy pensando en los derechos de la mujer. Estoy siempre atenta, las cosas no se van dando solas, nada es casualidad. Me parece nuestro deber, al estar en los medios de comunicación, ser los que llevamos a generar el cambio de mentalidad para que en el futuro no tenga que existir un movimiento que bregue por los derechos de las mujeres porque ya va a estar dado, no vamos a pensar en términos de hombres y mujeres, vamos a pensar en individuos.

María creció en una familia amante de la cultura y en la cual la profesión de rematador se llevaba en la sangre, pero en la sangre de los varones. Ni bien terminó el liceo, con su hermano mellizo se pusieron a estudiar historia del arte. Después ella eligió seguir decoración y él hacer el curso para sacar la matrícula de rematador. No es que no haya pensado sumarse a la empresa familiar, pero las mujeres "no estaban previstas" en el negocio. "En el momento que me tocó decidir, Gomensoro y Castells ya se habían separado, mis hermanos y mis primos estaban todos, pero como que no había mentalidad de incorporar a la mujer, no estaba abierta la cuota". La forma que encontró de colaborar fue armando los exhibidores y haciendo "la puesta en escena" de los remates.

Su padre, Juan Enrique Gomensoro, tiene 80 años y todavía sigue trabajando. Tiene "un ojo impresionante" y lo llaman sobre todo para las tasaciones importantes. De las tardes con él, María tiene los mejores recuerdos. En su infancia, la sala de estar de su casa se convertía en una sala de cine con proyección de películas en 8 y 16 milímetros. "Había armado todo atrás de la biblioteca y nosotros cambiábamos los rollos y girábamos la manivela. El cine era su hobby y como tenía muchos conocidos en distintas embajadas, lograba conseguir películas de cine independiente de China, Italia y Francia que no llegaban al circuito comercial".

Pero quizás el legado más grande de su padre sea el amor por el campo, al que vuelve cada vez que puede. Durante años, después del último remate de los viernes sus padres los pasaban a buscar a todos por el colegio para ir al campo de sus abuelos, en Soriano. "Eran cuatro horas y media de viaje divino, todos vestidos de uniforme. Mi infancia es eso, olor a monturero, estar jugando afuera, todo muy rústico".

Hoy, la comunicadora apuesta a repetir esa experiencia con sus hijos, pero en Sarandí del Yi, donde hace "de todo", desde alambrar hasta marcar o vacunar ganado. "Me encanta porque me reencontró con esa infancia", admite. Salvo en enero, cuando sus vacaciones son en Rocha, el resto de su tiempo libre lo pasa allí. "En el campo estás en otro tiempo, la cabeza trabaja de otra manera, estás en otra sintonía y es más reflexivo... Nos pasamos afuera y no existe la televisión, la tablet… nada".

Con marca propia.

Con el trabajo en radio y televisión, a la vida profesional de María Gomensoro llegaron muchas otras actividades: conducción de eventos, campañas sociales y publicidades varias.

Su vínculo con el campo también la llevó a trabajar en la Asociación Rural del Uruguay. Para reunir todas esas tareas bajo un mismo paraguas, se está "preocupando y ocupando" de desarrollar su nombre como una marca. "Tengo visibilidad y trabajo en los medios hace más de 15 años, entonces quiero buscarle la vuelta para ser una especie de plataforma de difusión de un montón de cosas que hago y represento", explica. A ese proyecto —que no quiere que tenga el formato de portal ni blog— está abocada hasta fin de año. "Me gustaría ser un vehículo para inspirar, para intercambiar ideas, para desarrollar proyectos... Por ejemplo, me encanta la música y sigo las noticias de muchos festivales que estaría bueno compartir". En la calle, la fama no le pesa. "Me piden fotos y es divino. Yo soy un piojo resucitado al lado de otros 20 mil famosos. Además el público de Consentidas es muy familiar. Y yo pienso mucho en mis hijos y en mi marido antes de sacarme una foto o hacer un comentario en las redes."

SUS COSAS.

La imagen.

Con la televisión, María se volvió coqueta. "No estoy ni ahí de acuerdo con esa idea de que por producirte o porque te guste la ropa perdés cinco gramos de intelectualidad. No tiene nada que ver". En ese rubro, dice que es "histérica" de las uñas. "Llueve o truene siempre me vas a ver con las manos y los pies hechos".

Los jeans.

Su despertador suena a las 6.45 y el sueño le impide pensar "demasiado" en el atuendo. Por eso, el jean es su prenda favorita. "Trato de ponerme polleras, pero siempre termino con un jean, es la base de todo, cómodo y práctico". Tiene de todos los tipos y colores: oscuros, rotos, de tiro alto y bajo, anchos, Oxford y atigrados.

El Kindle.

A María le encanta leer, sobre todo biografías y novelas históricas. Para su último cumpleaños recibió de regalo un Kindle y está fascinada. "Es como tener la biblioteca del mundo en mis manos". Por estos días está terminando El umbral de la eternidad, que cierra la trilogía de Ken Follet. También disfruta mirando series en Netflix.

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