CASA PRESIDENCIAL

Residencia de Suárez y Reyes: de nuevo un hogar

La residencia presidencial de Suárez y Reyes vuelve a albergar a una familia. Quienes la mantuvieron en el último periodo celebran que la casa se vuelva a aprovechar.

Residencia Suárez y Reyes. Foto: Fernando Ponzetto
Residencia Suárez y Reyes. Foto: Fernando Ponzetto

Para los católicos, la catedral; para los futboleros, el estadio; para los republicanos, esta casa”, dice Jorge Márquez, encargado de la residencia oficial de Suárez y Reyes y vecino del Prado desde su nacimiento. A sus 65 años y aún después de ir a trabajar a la casa presidencial todos los días desde marzo de 2015 —cuando el presidente Tabaré Vázquez asumió su segundo mandato—, Márquez no puede ocultar su admiración por este lugar.

La primera vez que entró al predio era niño. Recuerda la fecha: 9 de octubre de 1964, durante la visita oficial del General Charles de Gaulle, quien se alojó en la residencia durante su estadía en el país. “Vine con dos amigos del barrio. Caminamos dos metros y nos sacaron. Había una casa en frente que estaba en obras y desde ahí mirábamos”.

Cincuenta y cinco años después, Márquez cuenta la anécdota mirándola de nuevo y enumera de memoria cada rincón.

La residencia tiene cuatro plantas. Por la tercera, donde se ubica la suite presidencial y otros dos dormitorios pasaron los expresidentes Luis Batlle Berres, Andrés Martínez Trueba, Jorge Pacheco Areco, Juan María Bordaberry, Aparicio Méndez, Gregorio Álvarez, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle y Jorge Batlle. En los últimos 15 años “solo los fantasmas” pasaron la noche en la casa principal, comenta Márquez.

Sin embargo Vázquez la usa para trabajar y almuerza allí todos los días. “A veces se duerme una siestita como para descansar, pero nunca se quedó”, cuenta Cristina Urán (57), secretaria administrativa de la residencia.

Márquez forma parte del personal de confianza del presidente Tabaré Vázquez. Para administrar la casa se “llevó” consigo desde Presidencia a Urán y a Laura Pereyra (27), que “hace de todo un poco”: se encarga de la planta baja, la piscina, el pabellón y es moza cuando hay algún evento. En total, relata Urán, unas 15 personas —sin contar el personal de seguridad— trabajan de lunes a viernes en Suárez.

Cinco jardineros todos los días

En un predio de tres hectáreas en el corazón del Prado, la residencia presidencial espera ser habitada nuevamente. La arquitectura ecléctica de la casa principal, construida por el arquitecto Juan Aubriot a principios del siglo pasado, la transforman en un ícono que necesita constante mantenimiento. Para eso, se destinan alrededor de 15 personas incluyendo la cocina y las tareas administrativas. Este número aumentará con la llegada del presidente electo. Hoy, los días en la casa son concurridos, pero en la noche, desde hace 15 años, no duerme nadie. Mantener las cinco edificaciones, la piscina, la cancha de fútbol —donde también funciona un helipuerto—, el parque, el rosedal y el estanque no es tarea sencilla. Para el cuidado de los jardines, por ejemplo, una empresa privada provee cinco jardineros que van de lunes a sábado a cortar, podar, regar y barrer.

El legado de la casa

Los rincones de una casa hablan de sus habitantes. Pero el predio de Suárez habla, además, de la historia reciente del país. Márquez intenta contarla como un cuento a medida que recorre el parque. Las tres hectáreas que tiene hoy el terreno datan de la época de la dictadura. Cuando Pacheco se mudó a la residencia se expropiaron solares linderos al predio, de manera que quedaron dos calles dentro: Bernardo Berro y Valdense. Para explicar esta modificación hay una anécdota que se repite. Una supuesta foto de Pacheco afeitándose, sacada desde la calle Valdense y enviada al expresidente en forma de amenaza es una de las teorías de porqué se agrandó tanto el terreno.

Márquez insiste en que nunca vio la foto ni conoce a nadie que la haya visto, pero el misterio propio de la época y el personaje hacen que la anécdota prevalezca y sirva como dato curioso para los visitantes.

Residencia Suárez y Reyes. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Durante la dictadura también se levantaron muros alrededor del predio. De esto sí hay constancia: “En mi barrio vive el presidente / Cercado por un muro casi derrumbado”, cantaba Alfredo Zitarrosa en Guitarra Negra. Cuando Sanguinetti asumió como presidente tiró los muros. También achicó la piscina de cuatro metros de profundidad que había construido Pacheco.

Pero quizá lo más significativo que dejó el paso de la familia Sanguinetti-Canessa por la residencia fue la obra Las Puertas, un mural que encargó el expresidente al artista Enrique Medina y que finalmente fue pintado por Homero Vuljevas.

La particularidad de la obra, que ocupa una de las paredes exteriores del garage, es su insistencia en deteriorarse. Las raíces de una anacahuita que está a pocos metros -uno de los ejemplares más viejos que se conocen en Uruguay- y el débil material del muro hicieron que la obra se desmoronara poco a poco en cada mandato. Fue restaurada dos veces, pero bajo la tierra, las raíces hacían lo suyo y los pedazos de la obra volvían a desprenderse. Finalmente, en agosto de 2017, se construyó una pared de cemento de ocho centímetros sobre el original. Vuljevas volvió a pintar allí Las Puertas, de modo que ahora hay dos originales idénticos de la obra, uno sobre otro. Si alguien tirara abajo esa pared se encontraría otra vez con la misma imagen de una puerta abierta en blanco y negro.

Residencia Suárez y Reyes. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

Según Márquez, esa restauración es una de las tantas que se realizaron en este período. ¿Pero qué símbolo le deja el presidente Vázquez a una residencia que, si bien nunca habitó, fue parte de su cotidianidad durante 10 años? Más que nada, restauraciones, dice Urán, y un reloj solar de hierro a pocos metros del rosedal, frente al pabellón donde se realizan eventos protocolares y se reciben mandatarios extranjeros. Urán lo muestra con orgullo. “El reloj fue idea de Márquez junto a una arquitecta. Lo hablaron con el presidente y le gustó la idea. También es como para dejar algo; como que él pasó por acá”, señala. Sin embargo, ese símbolo que deja Vázquez todavía no está terminado.

La seguridad

En el tramo final del recorrido por los “espacios vitales”, un blandengue pasa por el jardín con su arma. Márquez se ríe y dice que los guardias no van a cortar camino por allí cuando la familia del presidente electo, Luis Lacalle Pou, se instale en la residencia. Hoy en día unos 20 blandengues custodian el predio. Están fijos en los puestos de seguridad y hay uno que merodea. Tienen allí un destacamento donde comen y duermen. Márquez apunta que, lógicamente, el número de guardias se incrementará en marzo. Además de los blandengues hay alrededor de 25 guardias del Ministerio del Interior por turno.

Márquez narra que la seguridad de la casa fue uno de los aspectos al que prestó atención Lacalle Pou cuando realizó una visita en diciembre. “Miró los sistemas de seguridad y el parque más que nada”, cuenta. Se muestra entusiasmado con la llegada de una familia. “Nos guste o no quién nos representa, esta casa es un lugar muy especial”, afirma. “Yo aplaudo que él (Lacalle Pou) venga a vivir acá con su familia. Creo que le va a dar a la casa lo que la casa necesita. Niños jugando, una mamá rezongando, olor a comida”. Confesó estar satisfecho de “hacer algo para mejorarla todos los días”, porque “la casa lo merece”.

A menos de dos meses de la mudanza la rutina no cambió en Suárez ni comenzaron las restauraciones en el interior. Márquez sabe que son sus últimos días como encargado; Urán y Pereyra todavía no tienen la certeza total de si volverán al edificio de Presidencia o seguirán trabajando allí. Al preguntarles qué sienten al haber pasado por Suárez y Reyes, dicen “un espectáculo”. Para Urán es “una experiencia inolvidable”, y para Márquez, “un sueño”.

Residente por segunda vez

Al igual que Jorge Batlle, el presidente electo Luis Lacalle Pou habitará la residencia Suárez y Reyes dos veces: como hijo de un presidente (1990-1995) y como mandatario a partir del 1° de marzo. En varias oportunidades declaró que la decisión de vivir allí obedece a motivos prácticos, ya que su casa en La Tahona queda demasiado lejos del centro de la capital. El hoy encargado de la residencia, Jorge Márquez, recibió a la familia del presidente electo en diciembre y se mostró entusiasmado: “Creo que una familia es lo que la casa necesita”.

Los nuevos habitantes

“Hoy ya es la casa de él”, dice el encargado de la residencia en referencia a Lacalle Pou. Desde las elecciones, el presidente Tabaré Vázquez cerró las puertas de la casa principal a la prensa y a cualquier visitante. Según Márquez, se trata de preservar la intimidad del presidente electo. Todavía no hay ninguna pertenencia de la nueva familia en la casa y Vázquez la utiliza para trabajar y almorzar como lo ha hecho en estos cinco años. Sin embargo, considera que desde que la familia tomó la decisión de vivir allí, la casa pasó a pertenecerles.

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