SOLEDAD FRUGONE

"Cuando me falta el teatro no sé qué hacer"

Es actriz porque cree en su profesión y porque no hay nada más que la reconforte. Se la puede ver en una obra en El Galpón y va a girar con otra por Argentina y España.

Soledad Frugone, actriz

Hubo un tiempo en el que creyó que el arte podía cambiar el mundo. Que el teatro podía salvarlo. Salvarnos a nosotros, digamos. "Yo creo eso porque soy una romántica del izquierdismo y de la cultura". Después lo pensó otra vez. No iba por ahí. Era más sencillo. O no es tan complejo. Trabajando junto a Sergio Blanco, se replanteó esa premisa. En su obra El Bramido de Düsseldorf el director y dramaturgo plantea que "el arte no puede cambiar el mundo pero sí puede cambiar la vida de una persona". Y a partir de esa frase, algo se movió dentro de ella: "Capaz que tiene razón Sergio. Estoy pensando mucho en esto. No sé si el teatro va a cambiar el mundo, nos va a hacer a todos libres, nos va a abrir los ojos a todos y nos va a mostrar otra forma de vivir. Pero si hay una persona a la que le produce algo, le pega, entonces el teatro ya sirve", dice Soledad Frugone.

Y ella se dedica al teatro a pesar de todo y de todos. A pesar de que el Uruguay no es un país amable con sus artistas, a pesar de que tiene 37 años y tiene que compartir el alquiler con alguien más porque "no le da", a pesar de que ensaya y ensaya y ensaya para hacer algo que no le da "un peso", a pesar de replantearse, de tanto en tanto, si le conviene buscar algún otro trabajo, otro que le de más estabilidad. Sin embargo, no hay nada que pensar. Ya eligió, Soledad. Lo hizo cuando tenía 18 años y entró a la escuela de El Galpón: iba a entregar su vida al teatro. Iba a ser actriz. Y eso es lo que hace.

Cambiar.

"Yo nací en Jacinto Vera. ¡Qué barrio Jacinto Vera! Ranchos de lata por fuera, por dentro de madera", dice Soledad, repitiendo el poema de Líber Falco. Ella también nació y vivió allí hasta los 10 años, cuando se mudó con su familia (sus padres y sus dos hermanos varones) a Paso de la Arena. "Eso fue un cambio brutal para mí. Yo estaba en quinto de escuela cuando nos fuimos. Jacinto Vera era un barrio de clase media y nosotros éramos muy pobres. Yo siempre fui como la nena fea ahí, eran todas rubias, lindas, con el pelito prolijo y yo era un mamarracho. Y cuando nos mudamos, Paso de la Arena era un barrio mucho más humilde. Yo terminé siendo abanderada de la uruguaya, porque iba más adelantada en la escuela y pasé a ser la nena linda. Es una tontería, pero en ese momento me cambió la vida", recuerda.

Pero la vida también le cambió cuando su mamá le propuso, como forma de integrarse al nuevo barrio, empezar un taller de teatro que daba la Intendencia de Montevideo cerca de su casa. "Ella decía que yo le pedí para hacer teatro, pero yo creo que eso fue un invento suyo, porque le encantaba y quería que yo fuera actriz".

Solo había un problema: el taller de teatro era los domingos de 10 a 12 de la mañana, la misma hora en la que en su casa todos se prendían a la televisión a mirar Cine Baby: "Mi padre es dibujante, y mis hermanos también, entonces la hora de los dibujitos animados era como la misa". Fue a la clase de teatro un día, a probar. Y no se fue más. "Estuve con la misma profesora hasta los 17 años. Hicimos un grupo bastante estable que nos afianzó un poco en el trabajo, porque éramos cinco chicas que estuvimos por siete años y eso le permitía a la docente hacernos crecer. Yo creo que de verdad salí de ahí con una formación interesante".

A los 18 años, cuando uno tiene que decidir lo que hará el resto de su vida, Soledad se quiso ir a vivir a Buenos Aires. "Tengo familia allá y me fascina. Me enamoré y dije que me iba y mis tíos me ayudaban a conseguir un trabajo". Mientras esperaba a que algo surgiera en la capital argentina, decidió inscribirse en alguna escuela de teatro. Dio la prueba para ingresar a la de El Galpón. Entró. Y Buenos Aires fue una historia pasada. "Cuando llegué a la escuela fue como que se me abrió otro mundo. Y dije que no me iba a ir nunca más. Que me quedaba acá. Y me quedé". Desde que egresó, es integrante del elenco de esa institución.

Sentirse actriz.

Terminó la escuela a los 25 años. Y, aunque es defensora de las escuelas, se dio cuenta de que los años allí habían sido una "mínima base para todo el resto del trabajo" que implica formarse, y se logra arriba del escenario.

Sin embargo, Soledad cree que un actor nunca termina de aprender a ser actor ni a actuar. "En el teatro nunca se termina de aprender. En esta profesión siempre vas a hacer una obra distinta, los directores son distintos, el elenco es distinto, siempre estás haciendo algo nuevo. Yo creo que recién en la obra Mi hijo solo camina un poco más lento (del croata Ivor Martinic), dije: Puedo hacer esto, tengo las herramientas para hacerlo. Recién ahí, después de diez años como profesional dije, bueno, soy una actriz".

¿Por qué con ese personaje (Sara) y con esa obra?

No sé. Porque lo pude hacer desde otro lado, porque sentí que era capaz de hacerlo. Por la experiencia, la información, el conocimiento. Es como si te fueran cayendo gotitas, hasta que te cae la ficha y en un momento decís bueno, puedo hacer esto, no le temo a este personaje. No sé por qué me pasó específicamente con Sara, supongo que porque lo hice con mucha tranquilidad, porque era muy mío.

Fue por Sara, justamente, que Soledad se llevó el premio Florencio a Mejor Actriz de Reparto en la edición 2016. Justo cuando se sintió "actriz" por primera vez, después de unos cuántos escenarios y varias obras, después de haber sido muchos personajes.

Ahora Soledad tiene una obra en cartel, Nerium Park, que viene con funciones desde hace nueve meses e irá hasta el 15 de abril, y espera por unas giras de El Bramido de Düsseldorf por Argentina y España, y por distintos festivales que quieren llevar la pieza. Además, está trabajando en un proyecto con actores alemanes y argentinos.

Como todos los proyectos (menos el último, que recién empieza) ya fueron estrenados y puestos en varias ocasiones, Soledad no está ensayando en este momento. "A veces me pasa que estoy agotada y digo basta, no quiero ensayar más, quiero terminar. Pero después estoy una semana sin ensayar y me falta algo. Es horrible, pero si me falta el teatro no sé qué hacer". Ahora, por ejemplo, aunque nunca le gustó hacer ejercicio, se bajó aplicaciones para hacer gimnasia en su casa. "Nadie lo puede creer, nadie lo entiende, pero lo hago porque sino me vuelvo loca", se ríe.

Puede sonar extraño, exagerado, quizás, pero para alguien que eligió al arte como forma de vida, no lo es. "El teatro es todo para mí. Es mi vida, es donde vivo, digamos. Estoy más tiempo en el teatro que en mi casa. Digo, tengo una vida, quiero hacer otras cosas, pero mi proyecto primero es el teatro, es donde soy feliz".

—¿El teatro sirve para algo?

Yo realmente creo que la cultura es muy importante y que el teatro te cambia, te hace pensar, pensarte, repensarte, verte, mirarte. Cuando te ves en otra situación, desde afuera, te podés analizar mucho mejor. El teatro siempre propone otro camino, otras soluciones, te da opciones. Es como ir al psicólogo: vos le contás un problema y el psicólogo te hace pensar desde otro lado, entonces te abre otro camino. Bueno, lo mismo para mí hace el teatro. Te permite ver de afuera tu propia historia o la de tu par, o la de tu entorno o (y acá entra mi romanticismo) la de tu sociedad o la del mundo en el que vivimos, y ahí es que podes analizarlo y si podés analizarlo, podés cambiarlo.

Aunque se replantee si el teatro puede o no cambiar el mundo, o si en realidad es más simple y solo puede modificar la vida de una persona, de algo no hay dudas: Soledad cree en su profesión. Y piensa también, que todas las personas creen en el arte, pero no lo valoran. "Hay como un desprecio al pensar que el esto es algo que uno hace cuando no tiene otra cosa para hacer. Pero la realidad es que la gente va al cine, mira series, va al teatro, compra música, se baja Spotify. El arte es importante para todos. Pero creo que el desprecio tiene que ver con la valoración de nuestro trabajo. Que lo disfrute no quiere decir que no sea un laburo y que me exija y que me tenga deslomar como en cualquier otra profesión".

En la gran pantalla

"Yo no tengo mucho problema con la plata, no me interesa. Si me da para pagar el alquiler, listo. Lo vivo tranquilamente, pero claro, en algún momento decís, bueno quiero trabajar solo como actriz y nada más". Sabe que es difícil vivir de la actuación, pero también sabe que si hace cosas cercanas, es posible. Por eso hace castings para publicidades y películas. En 2015 tuvo su primera experiencia en el cine. Fue en la película Clever, dirigida por Federico Borgia y Guillermo Madeiro, que cuenta las aventuras de un instructor de artes marciales y padre divorciado, que se obsesiona con pintar unos fuegos especiales en su auto. Para eso, viaja a un pueblo en busca del único artista capaz de cumplir su sueño. "Fue un proceso divino. Tuve pocas escenas y fueron todas con Hugo Piccinini, que es el protagonista. Es un crack, una persona muy generosa a la hora de trabajar, y los directores que son dos pibes jóvenes y el trabajo fue muy tranquilo, muy relajado". El filme ha recibido múltiples premios hasta entonces: en 2016 la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay la nombró como Mejor Película nacional. Y en 2017 obtuvo el Premio del Público en la Mostra de Cinema Latinoamericano de Cataluña.

SUS COSAS. 

UNA OBRANerium Park es una obra que Soledad y Gustavo Saffores, su compañero de elenco y pareja, reinventan en cada función. "Como tenemos tanta confianza y hace tanto que hacemos esta obra que empezamos a jugar entro de los parámetros del personaje y de la situación. Nos escuchamos mucho en escena".

UN LUGAR. Si tiene que elegir un lugar para vivir y poder actuar, Soledad elige Brasil. Incluso vivir allí es uno de los proyectos que le encantaría cumplir. "Me encanta, me encanta el lugar, su música, la alegría con la que viven, todo, me fascina". De hecho, aprendió sola a hablar portugués y ahora, cada vez que habla el idioma siente que es "feliz".

UN LIBRO. Soledad es una gran lectora. Actualmente está leyendo Entre actos, la última novela escrita Virginia Woolf, publicada en 1941, después del suicidio de la escritora inglesa. Además, entre sus escritores predilectos están Mario Levrero, Haruki Murakami o Paul Auster.

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