EL PERSONAJE

Mariana Percovich: "Acá el cáncer es un gran tabú"

Es directora teatral y dramaturga. Su cargo al frente del departamento de Cultura de la Intendencia la alejó del teatro. Ahora planea volver y hablar de su enfermedad. 

Mariana Percovich es directora de cultura de Montevideo
Mariana Percovich es directora de cultura de Montevideo. Foto: F. Ponzetto.

Antes salía de su casa a las nueve de la mañana y no volvía hasta la noche tarde, muy tarde. No existían ni el tiempo libre ni el descanso, pero no importaba. Antes no había límites ni tampoco conciencia de ellos. Antes iba a la oficina, organizaba actividades en los barrios de Montevideo, iba, se quedaba, hacía. Todo el tiempo hacía. Antes la cabeza no paraba. Antes había rulos rojos. Antes el cuerpo estaba distinto.

El 5 de marzo de 2018 Mariana Percovich, 55 años, directora de teatro, dramaturga y actual directora general del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo, fue diagnosticada de cáncer. Fue en la mama izquierda. Se preguntó por qué a ella. Después se cuestionó por todo lo que podría haber hecho para que la enfermedad no apareciera. Se tomó licencia de la Intendencia, se operó y con la quimioterapia ya en su cuerpo, un día le preguntó al médico si se iba a morir. “Al principio no me decían nada. Pero una vez, en la clínica Leborgne mientras me hacía radioterapia, el doctor me lo dijo: ‘No sé de qué se va a morir usted, Mariana, pero de este cáncer no va a ser’. Yo siempre tuve una gran certeza de que no me iba a morir”.

Y entonces supo otra cosa. Que ese cáncer, del que no se iba a morir pero que sí la estaba haciendo pasar mal, muy mal, era un paréntesis en su vida intensa, era su cuerpo diciéndole que parara, era su cuerpo poniéndole delante sus límites. “A mí el cáncer me dijo: ‘Pará Mariana, tomátelo con calma porque sino vas a explotar’. Me hizo tomar conciencia de los límites, me hizo entender que somos un cuerpo y una psiquis que están muy encadenados y son muy vulnerables, y me hizo darme cuenta de que el cáncer es una enfermedad que tiene mucho que ver con lo psicosomático”.

Desde la caída del pelo a los turbantes, desde las fases de la quimioterapia a curarse, Mariana compartió en sus redes sociales cada etapa de su tratamiento. Se dio cuenta de que nadie hablaba sobre el cáncer, de que nadie le decía qué le iba a pasar a su cuerpo y a su mente, mientras atravesaba el proceso.

“La idea de compartirlo fue una decisión que tomé por la falta de información que había. Además me sirvió a mí como una cosa bastante catártica, sobre todo para transitar el proceso que tuvo que ver con mi cuerpo, cuando se me cayó el pelo, las cejas, cuando me iban pasando cosas en la quimioterapia, cuando me faltaba el aire, cuando no me podía levantar de la cama. Y además porque tenía muy claro el tabú brutal que hay en Uruguay sobre el cáncer. A la gente le cuesta decir la palabra cáncer”. A ella no.

Ahora Mariana está bien. Dice que a veces se cansa más de la cuenta, que cada tanto siente una fatiga que no sabe muy bien de dónde viene. Volvió a la oficina de la Intendencia y acaba de firmar el título de magister en Género y Políticas Públicas, con énfasis en cultura.

A la tesis de esta maestría la tendría que haber defendido en marzo, pero hubo que esperar. En las etapas finales del tratamiento empezó a estudiar para defenderla, una compañera la ayudó a leer, a “retomar el ritmo cerebral para poder estar despierta y encarar esa tesis como se merecía”. Lo logró. Ese día festejó la maestría, pero también celebró haberlo logrado, haber sobrevivido, estar viva.

Sin embargo, dice, todavía le falta una pelea por dar, que tiene que ver con el cáncer, pero que sobre todo refiere a su cuerpo, a su identidad. “Cuando te van a hacer la operación de una mama, antes te mandan a un cirujano plástico. Fui y le dije que yo no quería hacerme reconstrucción de mama. No había forma de que comprendieran mi postura. El primer cirujano que me vio me dijo que era la primera mujer que le decía algo así. Yo le había dicho que yo no me defino por una mama, que no soy en función de tener una o dos mamas, además de que no quería entrar al quirófano cuatro veces más solo por estética, no tenía ganas”.

No lo logró. Nadie quiso entender que su cuerpo era suyo y que, mientras no fueran cuestiones de salud, ella tenía derecho a decidir. Ahora se está haciendo los controles que todos los pacientes que tuvieron cáncer tienen que hacerse, pero después, dice, va a pelear para que su cuerpo sea el que ella quiera y no el que hayan decidido los médicos que fuera.

Creadora

Mariana Percovich, directora teatral y dramaturga
Mariana Percovich, directora teatral y dramaturga. Foto: Fernando Ponzetto

Cuando Mariana nació, sus padres se fueron a vivir a Barcelona por un “exilio económico”. Allí vivió los primeros cuatro años de su vida. Cuando volvió a Uruguay, sus compañeros de la escuela Chile le decían, por su acento español, la gallega. “Siempre ha generado problemas mi identidad, ha sido muy gracioso. Después en el liceo me decían judía, por mi apellido”.

Su infancia no fue fácil. La recuerda con problemas económicos, con poco dinero, comiendo mucho arroz, con sus padres peleando constantemente, con marcas que aún persisten. A los 18 años se fue de su casa, empezó a estudiar profesorado de Literatura en el Instituto de Profesores Artigas, vivió con amigos, con amigas, con otros estudiantes, trabajó de lo que pudo para sobrevivir y pasó hambre. Un año después, Manuel Flores Mora la invitó a escribir sobre teatro en la revista Jaque y entonces, Mariana descubrió que había algo más, más allá de la literatura y los profesores, más allá de que siempre hubiese querido ser docente. Empezó a dedicarse al periodismo, con inclinación por la cultura. “Hice de todo, fui movilera, hice radio, escribí informativos. En los años 90 Danilo Arbilla me ofreció un cargo como editora de la sección de cultura de Búsqueda. Y acepté”.

En el 95 decidió que tampoco era el periodismo, renunció al semanario y empezó a hacer teatro. “Cambié a un trabajo fijo y a un buen sueldo por la nada misma. Me quedé con unas horas en la Universidad Católica, donde daba clases, pero rápidamente me di cuenta de que del teatro no iba a poder vivir”. Así que en 2004 concursó para el cargo de directora de la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD). Desde entonces, la gestión, la dirección y la creación han ocupado sus días.

Se formó como directora haciendo, aprendiendo de los maestros con los que podía trabajar, mirando teatro, en las salas, en las escuelas. Sus obras siempre tuvieron una mirada feminista. “Ser una artista feminista implica darle voz a la mujer en todo lo que hago, es decir, si escribo hacerlo con una perspectiva de género, pensar en no trabajar los estereotipos y si lo hago que sea solo para cuestionarlos; implica armar equipos y darle oportunidades de trabajos a mujeres, implica pensar en cuál es mi discurso a la hora de presentarme como artista”.

Aunque desde que ingresó a la Intendencia se tomó una licencia como creadora, por motivos “de tiempo pero también por motivos éticos”, estar lejos del teatro le sirvió para darse cuenta de que cuando vuelva, no lo quiere hacer de la misma forma. “En estos años de estar en contacto con la gente, de salir a los barrios, me cuestioné mucho todos mis trabajos de teatro anteriores, hubo algunos a los que no volvería y a otros los recontra salvé, como el Proyecto Feria. El teatro, las artes, no pueden solamente hablarse a sí mismas, eso no sirve para nada, es una pérdida de tiempo. Si el arte no te interpela en algo, puede ser muy intelectual, pero deja afuera a mucha gente”.

Por eso, cuando vuelva al teatro no va a volver a las salas. Quiere seguir en contacto con la gente, pero ahora desde la escena. “De verdad no quiero volver al lugar en el que estaba como creadora. Quiero arrancar desde otro lugar, quiero hacer algo que pueda presentar en cualquier lado, en cualquier salón comunal”. Ya está trabajando en su nuevo proyecto. No es una obra, está más cerca de la instalación performática y la va a tener en escena a ella y al cáncer de mama. Porque para Mariana escribir fue sanador y sabe que representarlo puede ayudar a sanar a otras. O al menos sabe que hablarlo hace bien, siempre hace bien.

sus cosas
Ricardo Bartís
Sus maestros
Mariana aprendió a dirigir dirigiendo y tras ser asistente de varios directores. En su camino hubo algunos maestros que la marcaron, como Héctor Manuel Vidal y Ricardo Bartís. “Con Ricardo después nos hicimos amigos. Yo lo vi dar clases y fue un antes y un después para mí en lo pedagógico del teatro”.
Mucho de Ofelia
Su última obra
Mucho de Ofelia fue la última obra que Mariana estrenó antes de entrar a la Intendencia de Montevideo y tomarse una licencia creativa.
En esta pieza, Mariana hacía recaer el protagonismo en Ofelia, la joven enamorada de Hamlet, que en el texto de Shakespeare queda silenciada y relegada.
Mariana Percovich
Su nuevo proyecto
Ya se está preparando para volver a la escena y su primer proyecto tratará sobre el cáncer de mama y sobre las cicatrices. No será una obra de teatro, sino que consiste en una performance en la que Mariana estará en escena. “Quiero compartir cómo se modifica el cuerpo, cómo me siento yo con eso y asociarlo a mitologías y literatura”.
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