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Alta moda en escena

El diseñador Oscar Alvarez donó una docena de trajes al Teatro Solís. Están exhibidos hasta el 4 de octubre.

Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
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Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
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Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.
Oscar Álvarez donó una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís.

DANIELA BLUTH

Transformar un dolor propio en una alegría colectiva. Algo de eso pensó Oscar Álvarez cuando decidió donar una docena de trajes de alta costura al Teatro Solís. Después de casi medio siglo de actividad, el diseñador cerró su atelier de Pocitos para emprender nuevos rumbos. Allí se había instalado cuando comenzó a hacer vestidos de gran porte, allí recibía a las novias, allí tenía sus habitaciones tapizadas de fotografías, allí se jactaba de los placares repletos de piezas y telas traídas de sus viajes por el mundo. Ahora, Álvarez y su socio Carlos Arbeleche —alma máter de sus históricos desfiles en Montevideo y Punta del Este— resolvieron volver a los orígenes, a la moda prêt-à-porter, más acorde a los tiempos que corren.

Amante tanto de la moda como de la música y el teatro, Álvarez no lo dudó un minuto: ¿qué mejor destino podían tener esos trajes que un teatro? "Nosotros somos como ratones de teatro, nos gusta ver a la Comedia Nacional, las óperas, los conciertos… y no solo en el Solís, ¡en todos los teatros! Pero mirando hacia atrás es innegable que en Montevideo todo pasó por el Teatro Solís, siempre fue un poco el faro que guiaba la cultura nacional. Acá hemos visto la comedia francesa, a Vivien Leigh haciendo La dama de las camelias, a Vittorio Gassman haciendo LaSolitudine, definitivamente tenemos un vínculo muy cercano. Entonces, ¿cuánto le debemos nosotros a este teatro?".

Así, abrió las puertas de su taller para que un equipo técnico hiciera su propio proceso de selección. La clasificación desempolvó, entre otros, el vestido que la soprano María José Siri lució en la gala de reinauguración del Solís hace ya diez años, o el que su colega Rita Contino usó en la ópera La Traviata. Hoy, esos dos trajes junto a otros diez ya forman parte del acervo de la ópera y están exhibidos en la muestra La consagración de la moda en el mundo del arte, abierta hasta el 4 de octubre. "En estas piezas, que son partes de diversas colecciones, tratamos de identificar aquellas que pudieran usarse arriba del escenario, ya sea para una presentación lírica o una ópera", explica el director del Centro de investigación, documentación y difusión de las Artes Escénicas (CIDDAE), Marcelo Sienra. Además, Álvarez donó otros 15 vestidos para el elenco de la Comedia Nacional y algunas piezas que se utilizaron en las tres funciones de Las bodas de Fígaro, también en el Solís.

La relación entre el teatro y el diseñador no es nueva. Además de ser un eterno espectador, había pisado el edificio desde otro lugar varias veces, ya que en esta nueva etapa del Solís fue él quien diseñó el uniforme del personal que atiende al público. "Con ese diseño empezamos una relación que continúa vigente y gracias a la cual concretamos lo que está pasando hoy", dice la directora de la institución, Daniela Bouret, rodeada de tafetas, tules y bordados que, en breve, podrá ver sobre su escenario. El acervo del Solís cuenta con unos 1.500 trajes producidos para las temporadas de ópera y de la Orquesta Filarmónica, a los que ahora se sumarán los diseños de Álvarez.

En 2014, a partir de un convenio del Solís con la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático (EMAD), el teatro logró poner la casa en orden, con el vestuario a la cabeza. Un equipo de estudiantes de Diseño de vestuario de la escuela, con el diseñador teatral Marcelo de los Santos como tutor, identificó, ordenó, contabilizó y clasificó los trajes que allí había. Hoy las prendas están separadas entre " genéricas" —aquellas que se pueden volver a utilizar— y "únicas", que no pueden ser retocadas y con valor patrimonial, sea por quién las diseñó, quién las utilizó o simplemente por la calidad de su hechura. "Ahora sí, entonces, podemos decir que estamos en condiciones de recibir nuevos trajes", explica Bouret.

Al parecer, coinciden los involucrados, la propuesta de Álvarez llegó en el momento y el lugar indicado. No solo se trataba de trajes importantes, como los que suelen usar las solistas en las galas líricas, sino que la tendencia indica que cada vez más las óperas se nutren de la moda contemporánea. En Elixir de amor, ejemplifica Bouret, el vestuarista fue Gino Bogani, gran modisto de los sociales de Argentina. "Este trasiego entre diseñadores de moda y vestuarios artísticos se está dando en todas partes del mundo", comenta.

La muestra de Álvarez se inscribe en el marco de un proceso del Solís por revalorizar la ópera en general, y el vestuario en particular. Mientras sus trajes se lucen en la sala del primer piso, en el subsuelo se exhibe hasta mediados de octubre Sudamericanamente, una muestra con material del archivo de la ópera de Roma, y en la fotogalería están los retratos de artistas capturados por el lente de Robert Yabeck.

—¿Qué va a sentir cuando vea un traje suyo en escena?

—Me voy a sentir orgulloso, que todo esto valió la pena. Porque en cada uno de ellos hay un sueño, una idea que se hizo realidad, son como un hijo.

Su próximo destino: Ciudad Vieja.

Oscar Álvarez empezó en el mundo de la alta costura en medio del movimiento hippie, cuando nadie estudiaba moda en la Universidad y el término diseñador no se usaba. Su mentora fue su madre, que era modista. Su primer local propio, Unisex, estaba en una galería de Pocitos. Allí vendía prendas de prt-à-porter para hombres y mujeres. Con los años, y la ayuda del boca a boca, comenzó con la alta costura. La fama la ganó con los vestidos de novia y de madrina. Vinieron las colecciones y los desfiles. Hace más de 35 años inauguró su atelier en una casa sobre la calle 26 de Marzo que funcionó hasta ahora. Sin embargo, hoy no soplan buenos vientos para la alta costura y Álvarez, a los 72 años, está en busca de nuevos caminos. O de volver al origen. Su próximo paso es instalarse con su taller en la Ciudad Vieja y armar una propuesta que esté en el punto medio entre alta costura y prt-à-porter. "Una línea más joven y más ponible, con tailleurs, chaquetas...", dice. Eso sí, cada tanto, seguirá haciendo algún traje de alta costura, esos con los que se hizo más conocido.

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