El rock uruguayo post dictadura

Aquella rebeldía

Para algunos un invento del gobernante Partido Colorado. Para otros un auténtico movimiento anti sistema. Leo Lagos repasa los hechos y las polémicas en el libro Quiero Puré, a puro rock.

Zero
Zero
Los Tontos
Los Tontos
Traidores
Traidores
Los Estómagos
Los Estómagos
La Chancha Francisca
La Chancha Francisca
El Cuarteto de Nos
El Cuarteto de Nos
La Tabaré Riverock Banda
La Tabaré Riverock Banda

EN LOS últimos años se han sucedido libros y artículos sobre el movimiento de rock nacido en la última fase de la dictadura militar uruguaya (1973-1985) y que se consolidó en los primeros años de la democracia. El fenómeno, conocido como rock post dictadura, ha dado trabajos interesantes como En la noche (2012) de Mauricio Rodríguez y Errantes (2014) de Gustavo Aguilera, a los que debe agregarse el extenso artículo periodístico de Ignacio Martínez "Cuando la democracia hizo pogo", y el trabajo académico Rock uruguayo de los ochenta: la inesperada reinvención de las tradiciones de Leandro Delgado. Hijo directo del punk rock anglosajón y con influencias del rock español post Franco, ese movimiento tuvo una fuerte y también fugaz adhesión de la juventud que salía de uno de los períodos históricos más oscuros del Uruguay.

Aquellos jóvenes eligieron esa música directa, sencilla que, al igual que su antecedente inglés, podía ser tocada por cualquiera que aprendiera algunos acordes, tuviera un mínimo sentido del ritmo para sentarse detrás de una batería o cantara letras algo inocentes sobre su insatisfacción personal, aún desafinando un poco. Entre los grupos protagonistas destacaban Los Tontos, Los Estómagos, Traidores, El Cuarteto de Nos, Zero, Neoh 23, Resortes Reflexivos, La Chancha Francisca y La Tabaré Riverock Banda. Tuvo también personajes que lo hicieron viable al poner ojo y experiencia comercial sobre el tema. El ejemplo más conocido —pero no el único— es el de Alfonso Carbone, productor de aquellos primeros discos de rock y conductor del programa de televisión Video Clips que se emitía en el canal oficial, donde daba a conocer a las nuevas bandas. En el libro de Mauricio Rodríguez, En la noche, se arriesgan algunas conclusiones sobre las razones por las que un movimiento que generó tanta adhesión, resultara tan efímero dejando una huella relativa en generaciones posteriores.

Ahora, con otros objetivos, a ese grupo de trabajos se agrega una novela gráfica, Quiero puré. Memorias del Rock Nacional de Leo Lagos, que cuenta la historia personal de uno de los integrantes de dicha movida y, desde la distancia que dan los años, se hace preguntas sobre el fenómeno.

Viejo puré.

Una primera virtud de Quiero puré, del músico, humorista y realizador audiovisual Leo Lagos, cantante y guitarrista del grupo The Supersónicos, es el reconocimiento del objetivo limitado de su obra. No pretende ser un ensayo sobre esos años y se aplica a relatar lo que fue su peripecia personal. El tono elegido también es un acierto. Con el estilo de una fotonovela, de aire leve e irreverente, cuenta lo que recuerda y recrea algunas de las polémicas que se generaron por aquellos años. Aclara, desde el comienzo, que este libro no es una biografía ni un estudio profundo y reconoce que "solo pretendo tratar de explicarme qué pasó" al hacer una "autopsia al rock post dictadura".

El comienzo del libro cuenta la forma en que Lagos llegó a la música y luego a integrarse a ese movimiento. El relato es nervioso, irregular, desordenado y ágil. Muchas veces las fotos que grafican la historia son un tanto obvias y en otras se alejan de lo relatado, buscando un efecto humorístico. El resultado siempre es entretenido y el lector interesado se dejará llevar por el juego que genera sonrisas ante las varias ocurrencias del autor.

En pocas páginas Lagos recrea diversos mojones de ese movimiento que tuvo su comienzo al fin de la dictadura y un punto final —o el principio del fin— en el Segundo Festival Montevideo Rock celebrado en 1988, con la estúpida agresión recibida por el grupo Los Tontos a quienes una parte del público —no todo— hizo abandonar el escenario a poco de iniciada su actuación tras abuchaearlos y lanzarles objetos. Si este fuera el final de Quiero puré, quizás su interés se habría limitado a un relato entretenido, anecdótico, incompleto y superficial de esos años. Sin embargo, en la última parte que ocupa casi un tercio del libro, se discute una vieja controversia y que tiene forma de pregunta. El rock post dictadura, ¿fue un invento del gobernante Partido Colorado para controlar a la juventud?

Jóvenes manipulados.

Lagos se pregunta si esos jóvenes fueron manipulados para combatir y desarticular al Canto Popular, integrado en su mayoría por gente afín a los partidos de izquierda. La duda de si el romance entre el rock y la democracia, al decir de Ignacio Martínez, fue espontáneo o si fue inducido por los colorados para desbaratar a ese otro movimiento musical, de carácter más militante y combativo en lo social y político, persiste. Una de las caras más visibles de esa polémica fue la del músico Jorge Bonaldi, notorio exponente del Canto Popular, a quien le resultaba sugestivo que ese "género (el rock) que ya había sido superado en el Uruguay a principio de los 70 se le vuelve a ofrecer hoy a la juventud como salida a sus necesidades culturales". Vista desde hoy la expresión de Bonaldi suena rara, y acaso anacrónica. Pero es un buen ejemplo de cómo se radicalizaron las opiniones. Ciertos rockeros, por ejemplo, no dudaban en hablar despectivamente del Canto Popular. El rock post dictadura se manifestó claramente anti-sistema, sin identificarse con grupo o tendencia política alguna.

El autor abre el abanico y rescata a algunos integrantes del gobierno colorado que alentaron manifestaciones del movimiento, como es el caso de Washington Abdala, junto a gestores que intervinieron en la organización de los Festivales. Por ejemplo, el lector se entera que el propio Cacho de la Cruz participó. Voces como las de Gerardo Michelin, el octogenario Washington Bado, Germán Barcala o Miguel Olivencia son sacadas del olvido y dan su versión sobre los hechos. Recupera declaraciones de Thomas Lowy, Director de Cultura de la Intendencia de Montevideo en la época, del propio Bonaldi y Renzo Teflón, sin perder nunca el tono irreverente, gracioso.

Las conclusiones de Lagos pueden no ser compartidas; tampoco aportan datos precisos que enriquezcan estudios profundos sobre el rock post dictadura. Sin embargo el conjunto es atractivo en términos narrativos, un interesante aporte de uno de aquellos jóvenes entusiastas que hoy, a treinta años de distancia, tiene ganas de contar su versión, cuestionar todo y llegar a algunas respuestas que pueden ser tan provisorias como atendibles.

QUIERO PURÉ. Memorias del Rock Nacional. Tomo 1 (1983-1989), de Leo Lagos. Estuario, 2015. Montevideo, 165 págs.

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