muchos saxofones

El invento de Adolphe Sax en Montevideo

Destacados saxofonistas estuvieron en Uruguay en 2017. No es la primera vez, pero el hecho pasó casi desapercibido. Además estrenaron obras de autores uruguayos.

Saxofones en Montevideo
Saxofones en Montevideo

Cada dos años, desde el 2013, se da un importante encuentro de saxofones en Montevideo, y 2017 no fue la excepción. Organizado por la Asociación Uruguaya de Músicos (AUDEM), poco a poco se ha ido percibiendo en el ambiente de la música como un encuentro clásico. Pero poco ha trascendido, lo cual no deja de ser llamativo. Igual que en anteriores ediciones tuvo un excelente nivel de instrumentistas y un espacio donde cada personalidad interpretativa logró conectar con un público respetuoso hacia la variedad de estilos. Los profesores que participaron, que además de realizar los conciertos, brindaron en la sede de la Escuela de Música de AUDEM clases magistrales y clínicas dirigidas a la comunidad de saxofonistas uruguayos.

Al saxofón, instrumento creado en el siglo XIX por el luthier, clarinetista y flautista belga Adolphe Sax, se lo asocia indefectiblemente a géneros musicales populares, sobre todo al jazz y a la música interpretada por las bandas militares. No obstante, compositores como Héctor Berlioz y Jean-Georges Kastner fueron los primeros en crear obras especialmente dedicadas al nuevo instrumento. Su inclusión en las Big Band de jazz y el interés de los compositores de música académica por otorgarle un papel destacado fue en aumento a lo largo del siglo XX. Hoy es un instrumento que posee un considerable repertorio de música contemporánea de concierto. Eso quedó claro ya en la apertura del IV encuentro en agosto pasado que estuvo a cargo del Dúo Dom de Brasil. Para sorpresa del público desprevenido interpretó música de compositores actuales escritas especialmente para saxo y flauta. El dúo ejecutó seis piezas de las que tres fueron estrenos mundiales de compositores brasileños, “Cantiga N°8 para saxofón alto y flauta” de Douglas Braga, “H. Tempo H. Muerte” del compositor Ignacio Martínez Madrigal y “Piernadas brasileiras” del compositor Fernando Arruda. La hermosa sala Verdi fue el marco principal para este encuentro, una sala que adolece de personal técnico que cuide los detalles para que músicos y público gocen de un espacio donde se asistan los imprevistos y los no tanto.

En el segundo día de este encuentro se presentó Anna Wytko acompañada de la pianista uruguaya Mayra Hernández. La elección del repertorio de Wytko fue variado, la intérprete mostró un sonido impecable, en obras como “Serenade” de Franz Schubert, original para voz, donde Wytko cantó a través del saxofón; o en la obra “Psalmo” del estadounidense Brent Weaver, donde propuso un dramatismo extremo a partir de la utilización de todo el ámbito sonoro del saxo, con silencios sorpresivos, cambios de dinámica y una gama muy variada de colores. Las cuerdas del piano vibraron por simpatía generando un efecto de amplitud espacial para la expansión del saxofón protagonista. Al final de la presentación Wytko y Hernández demostraron su gran potencial expresivo en la interpretación del arreglo de “La muerte del ángel” de Astor Piazzolla.

Cuartetos

Las primeras formaciones de cuartetos de saxofones datan de los años veinte, sobre todo en Francia y en Estados Unidos; es en ese marco donde comienza a desarrollarse un repertorio especial para estos grupos, en especial sobre arreglos de música clásica y de jazz. Más tarde, en los setenta, hubo predilección por esta formación para interpretar música contemporánea de concierto. En la apertura de este último encuentro, por ejemplo, se presentó Saxofones por cuatro de Uruguay que dedicó el concierto al saxofonista Edgardo Falero, fallecido en 2016, quien se sumaba al grupo transformándolo en quinteto. El cuarteto condujo a los escuchas a diferentes paisajes, como en la obra evocativa “Cityscapes” de Rick Hirsch. Luego la fuerza abrumadora de “Pamplona” de Ed Calle, una obra donde el autor muestra las posibilidades tímbricas del saxo a través de la multiplicidad de colores y matices que se despliegan y que llevan al escucha a transitar por diversas emociones. Sobre el final el cuarteto invitó al escenario al saxofonista austriaco Florian Fennes y juntos interpretaron la obra “Yo” de André Cimiotti. Con él todo el grupo continuó incrementando del flujo de energía que, desde el comienzo de la actuación, invitó al público al disfrute de cada sonido. Así, quien escucha se involucra con la obra dentro de una atmósfera basada en un alto grado de comunicación entre los instrumentistas.

El segundo día, supliendo la ausencia de Anacrúsax de México, se presentó Florian Fennes acompañado de Raúl Medina en el piano, Tato Bolognini en la batería y Maximiliano Clerici en el contrabajo. Las piezas interpretadas fueron variadas: “Hoppedibop”, “No Meanig Blues”, “Ringelblueme”, “Sol II” (todas de Fennes) y “Nostalgias de Río” de Medina. Son obras de gran dinámica con influencias de blues, de jazz y de samba, entre otros géneros musicales. El grupo sonó de manera espléndida, contagiando el disfrute.

Un punto culminante fue la presentación de Cuarteto 4 mil. El grupo, llegado desde Argentina con una integración heterogénea de nacionalidades, ofreció obras de la misma condición. Son músicos expertos con un alto nivel de comunicación interna que se manifiestó en cada intervención, cada sonido y cada silencio. Fue destacada la actuación de María Noel Luzardo en el contralto. El cuarteto interpretó tres movimientos de los seis en que está estructurada la obra “Ciudades” de Guillermo Lagos (Sarajevo, Montevideo y Addis Ababa). Es una pieza original para cuarteto de saxofón, de construcción compositiva acabada y de una belleza particular. Luego interpretaron cuatro magníficas piezas que han sido incluidas en su próximo disco, “Tres miniaturas” de Horacio Salgán, “Serial Dodecafónico”, “Sónico” de Eduardo Rovira y “A fuego lento” de Salgán en base a un arreglo de E. Rovira. Son piezas rupturistas vinculadas al tango como género compositivo de base. Arreglar de alguna manera significa concebir una nueva obra en base a otra, y en el arreglo se trasluce el oficio de quien la recompone. En este sentido destacó el trabajo como arreglador de Fernando Muslera. Como bis ofrecieron un bello arreglo de un tango clásico, “Nunca tuvo novio” de Agustín Bardi.

Potencia y expresión

Este encuentro venía siendo promovido como un lugar especial para escuchar distintos cuartetos llegados desde diversos países y con variedad de repertorio, pero en esta última edición se amplió el espectro. Además de los dúos el tercer día se pudo escuchar a un grupo de 18 saxofones en una sala que contó con la mayor concurrencia de público de todo el evento. Esto plantea una paradoja: es fácil impresionar al público con una gran cantidad de instrumentos de este tipo a causa de la potencia sonora; lo difícil de lograr es la riqueza en la densidad de sonidos, el juego de matices, la búsqueda de las sutilezas en el entramado sonoro y la construcción direccionada hacia la mayor intensidad. Todo eso es lo que se pudo sentir cuando el maestro belga Alain Crepin ofreció piezas para saxofón y piano acompañado de M. Hernández. En principio el grupo fue conducido por Santiago Gutiérrez y luego por Crepin, quien también actuó como solista simultáneamente. Se interpretaron obras de su autoría como “Nuits blancs”, “Sax int the city” o “Mise à Sax”.

En el cierre el encuentro se trasladó a la sala Delmira Agustini donde se presentó el músico estadounidense Preston Ducan con “Fantasía sobre un tema original” de Jules Demmerseman, obra para saxo y piano. En lugar de la obra de Dvorák, anunciada en el programa de mano, el músico ejecutó “Mai”, una interesante obra descriptiva del compositor japonés Ryo Noda. La pieza se inspira en el momento en que un general decide suicidarse para salvar a su ejército y a su familia. El sonido evocó al shakuhachi, flauta típica japonesa. Duncan y la saxofonista costarricense Sofía Zumbado también ejecutaron, entre otras obras, “Black” del compositor Mark Mellits, una obra bella en la que los dos intérpretes dialogaron, en una dinámica contrapuntística que sugiere el andar paso a paso. 

Candombe, milonga y tango

Y también, por si fuera poco, se estrenaron obras de compositores uruguayos encargadas por el intérprete Ricardo Figueira. El denominador común de las piezas estrenadas, además de la inspiración en ritmos rioplatenses, es haber sido pensadas para dúo instrumental de saxofón y piano, es decir, al estilo concertante, donde los dos instrumentos tienen igual jerarquía interpretativa.

“Un paisaje Montevideano” de Santiago Gutiérrez es una obra sutil en cuanto a la interpretación en la que el autor propone una recorrido por diversos paisajes montevideano en los que aborda distintos géneros musicales presentes en la ciudad. Se mueve dentro del tango, el candombe, el milongón, la murga. Tiene momentos muy ágiles y, en contraste, otros instantes lentos, donde se busca un sonido por momentos plano, oscuro y con vibrato. Luego se escuchó “Capricho Rioplatense” de Sergio Navatta. Es una pieza para saxo y piano. La obra tiene una duración aproximada de 14 minutos, un desafío para el instrumentista que produce el sonido a partir de la vibración de una caña por acción del soplo. Es decir, el intérprete debe tener un muy buen manejo de la respiración para poder estar a la altura de una obra muy exigente. Es una obra minimalista sobre temas de candombe, de milonga y con aires jazzísticos, que juega con constantes y complejos cambios de compás (5/4, 3/8, 7/4). Un reto para Figueira y para Mayra Hernández en el piano que sortearon en el fluir de la música con total naturalidad. Para terminar Figueira tocó el 3er movimiento de “El que viento” de Gonzalo Varela. Esta parte de la obra se caracteriza por el sonido percutido de cada nota que evoca la polirritmia típica del candombe.

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