Con Jorge Fondebrider, traductor

"Españoles y latinoamericanos ya no hablamos la misma lengua"

Tres años investigando, que incluyeron una larga estadía en París, dieron como resultado una traducción actual del clásico de Flaubert, profusamente anotada.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Jorge Fondebrider

Traductor de vasta trayectoria, poeta, escritor y periodista cultural, Jorge Fondebrider fue secretario de redacción de Diario de Poesía y coordinador de números especiales de la revista Ñ de Clarín. Esta nueva traducción que realizó de Madame Bovary de Gustave Flaubert (Eterna Cadencia, 2015) cae en medio de varias polémicas sobre la política de la lengua española, generadas entre quienes proponen jerarquizar o normativizar desde la península ibérica (la Real Academia, por ejemplo) y los que defienden el valor de la lengua de las diferentes regiones hispanohablantes, como la que se habla en el Río de la Plata.

-El País Cultural ha destacado nuevas versiones de clásicos recién traducidos a un español rioplatense, como es el caso de la Divina Comedia traducida por Jorge Aulicino, o el Ulises y el Finnegans Wake en versión de Marcelo Zabaloy. ¿Se puede decir que tu Madame Bovary también es rioplatense?

-El problema acá es qué engloba el término "rioplatense". Porque, llegado el caso, existe mayor afinidad entre un porteño de Buenos Aires y un montevideano que entre un porteño y un jujeño, cuyo universo cultural estaría más cerca de Bolivia. Y, sin embargo, porteños y jujeños son argentinos. En síntesis, hay un problema en el término. Luego, ¿es lo mismo un montevideano que un nativo de Salto? Por último, las traducciones chilenas y peruanas suelen ser excelentes y no presentan ningún problema para los lectores de Buenos Aires y Montevideo. Entonces, mi traducción está hecha a un castellano correcto, que puede ser entendido en casi todas partes, con alguna ligera marca léxica argentina. La prosodia es la del castellano de América y ahí, llegado el caso, le podría hacer ruido al lector español. Sin embargo, no he oído quejas al respecto.

-En algún momento dijiste que españoles e hispanoamericanos no hablamos la misma lengua. ¿Cómo es eso?

-En el léxico la diferencia no es dramática. Donde la cosa sí se pone fea es en la prosodia y en la poética. Y ahí es donde creo que latinoamericanos y españoles ya no hablamos una misma lengua. A ellos les pesa mucha la tradición y los hunde el refranero. A nosotros nos ayudan las revoluciones que los poetas hicieron en la lengua: Huidobro, Vallejo, Girondo y Borges (que simplificó y limpió), y que nos ofrecieron una versión menos pesada. A eso traducen los buenos traductores. Usar el voseo y las referencias locales me parece que no tiene sentido. Ningún irlandés vosea, porque esa diferencia no existe en inglés. Ponerlo a vosear implica agregarle al texto una marca que el original no tiene. Una cosa es escribir en una lengua y otra muy distinta traducir a esa lengua. Madame Bovary no fue escrita ni en Buenos Aires ni en Tacuarembó, y mucho menos en Salamanca.

-Hay 67 traducciones al español de Madame Bovary. ¿Cuáles te parecen fallidas, y por qué?

-Sí, son muchas Madame Bovary al castellano, y no tenía sentido para mí consultarlas todas. Los problemas que les veo a muchas de ellas es que se centraron en la supuesta importancia del personaje y en la historia, sin respetar el estilo de Flaubert. En este caso, no respetar el estilo implica fracasar. Para escándalo de algunos lectores, voy a decir que la trama de Madame Bovary es de una trivialidad absoluta y que el personaje no tiene mucho valor. Lo que importa, lo que constituye el centro de la novela, es el estilo de Flaubert. No hay más que leer las novelas contemporáneas a Madame Bovary en Francia en las que se daba cuenta de distintas infidelidades. Si esta novela perduró fue precisamente por cómo esta escrita, no por sus personajes ni por la trama. 

-¿Y qué distingue esa escritura?

-Lo dice Vargas Llosa y también muchos otros críticos: la novela desarrolla una noticia policial magníficamente contada. Hay traductores que no lo vieron y apuntaron a los personajes, planchando el estilo. Cabe aclarar que cada época tiene sus modas de traducción. Hace ochenta años importaba más contar lo que decía el libro, parafrasearlo, que dar cuenta de cómo decir lo que dice. Flaubert no es el único que sufrió esto. Jack London, de quien este año se cumple el centenario de su muerte, fue otro autor muy afectado por esa tendencia. Por último he notado que últimamente en España, fuente de muchos de nuestros males en materia lingüística, ahora se busca darle "salero" a la cosa. Hay una traducción bastante pobre a la que, en un alarde de ingenio, bautizaron La señora Bovary. Al hacer eso, esta hija de campesinos normanda pasa a ser una comadre madrileña, lo cual sólo contribuye a agregar exotismo a algo que en el original no lo tiene. La acción no transcurre en Madrid. Cambiar el "madame" por "señora" quita la marca necesaria en toda traducción para que el lector sepa que es justamente eso: algo que fue escrito en otra lengua y que da cuenta de cosas que le pasaron a gente en otra parte. Entiendo que la universalidad de un texto no puede ser reemplazada por gracejo de poca monta.

-Y en qué se diferencia tu Madame Bovary de las anteriores?

-Mi traducción es una versión anotada. Hay más de 500 notas al pie que responden a tres criterios distintos: primero, reponer para el lector actual de lengua castellana los datos culturales evidentes para cualquier lector francés contemporáneo de Flaubert; segundo, dar cuenta de lo que Flaubert escribió a propósito de cada escena de su novela tanto en sus libretas de notas como en la correspondencia que mantuvo con diversas personas durante los años de escritura de Madame Bovary; y tercero, ofrecer lo que escritores y críticos dijeron al respecto de cada escena, desde el momento mismo de la publicación de la obra hasta el presente.

-Pero hay otras traducciones de Madame Bovary anotadas...

-Si, claro, ediciones con notas, muchas de ellas robadas a especialistas franceses cuyos nombres eran curiosamente olvidados a la hora de dar los créditos.

-Las notas de tu traducción, entonces, son producto de una investigación paralela que supera el mero acto de traducir.

-Tuve la suerte de recibir una beca del Centre National du Livre, que me permitió pasar tres meses en París tratando de discernir qué libro iba a hacer. Para mí fue crucial haber conocido a Jacques Neefs, autor de la edición crítica de Madame Bovary. Además de un sabio, resultó ser un tipo excepcional que, entre otras cosas, me alentó a que usara parte de sus notas en mi propia versión. Me dijo: "A Flaubert no le gustaban las cacofonías ni las repeticiones, pero, si usted se fija bien, verá que en cada página hay algo así como un ruido de fondo que hay que conservar". Ese dato me fue muy útil. También lo que George Steiner escribió sobre las versiones de Madame Bovary en inglés. Steiner señala que Flaubert utiliza los famosos "on", pronombre que puede traducirse por una primera persona del plural o como una tercera, tanto personal como impersonal, como zonas de inestabilidad de la lengua. Cuando aparecen, suele haber cambio de punto de vista. Y ése es uno de los logros más importantes de esta novela. Es la primera que se escribe haciendo uso de una multiplicidad de puntos de vista, lo que la convierte en la primera gran novela contemporánea de la historia. Otros traductores, los que planchan el texto, no lo vieron y optaron por un narrador omnisciente, que no corresponde. 

-¿Y el estilo?

-Flaubert hace cosas bastante raras. Por ejemplo, mandarse largas tiradas separadas apenas por un punto y coma, seguido de la conjunción "y". Muchos traductores pensaron que era un error y hasta llegó a hablarse de la impericia de Flaubert. El único que habló de ésto como un rasgo estilístico fue Nabokov, quien, acostumbrado a los caprichos de puntuación de sus connacionales ("normalizados" después de la revolución rusa), observó que no había que normalizar a Flaubert cuando se lo traducía.

-¿Alguna anécdota que recuerdes de este proceso de traducción?

-Leí una tonelada de libros sobre Flaubert y cientos de artículos sobre Madame Bovary. Su correspondencia, con todo, me dio algunas claves personales muy divertidas. El tipo era un calavera y un rufián. Me encantó traducir la carta que Rodolfo le escribe a Emma, anunciándole el fin de la relación. Después de leerla, piensa que le falta algo. Entonces, mete un dedo en un vaso con agua y deja caer unas gotas, para que la tinta se corra, simulando unas lágrimas. Eso sólo puede haberlo imaginado alguien que ha hecho esas cosas en su propia vida real.

-¿Qué sentiste cuando terminaste?

Recuerdo que cuando Emma se muere llamé a Magdalena Cámpora, amiga y acaso la mayor especialista en literatura francesa de Argentina, para comunicárselo. Le dije: "Emma se murió". Así de compenetrado estaba al cabo de casi tres años de trabajo.

-¿Crees que el personaje Madame Bovary es un clásico? ¿Es la dama tan universal como dicen?

-Insisto, Madame Bovary es apenas un pretexto para que descubramos uno de los más grandes estilos que dio la literatura mundial. Es muy común que la gente se confunda y piense en el personaje, en Madame Bovary. La cosa no va por ahí. Adúlteras y cornudos hubo siempre. Y también cornudas y adúlteros, ojo.

-Me comentaste que seguirás traduciendo a Flaubert. ¿Qué obras?

-Lo próximo, lo inmediato, son los Tres cuentos. A mí me parecen tan importantes como Madame Bovary o incluso más. También quiero hacer una edición anotada. Volví a recibir otra beca del CNL para su traducción. Esta vez, gracias a Jacques Neefs, conocí a Pierre-Marc de Biasi, autor de la edición crítica y otro sabio deslumbrante. Él hizo su doctorado haciendo la crítica genética del libro con los ocho manuscritos que precedieron a la edición. Me dio también pautas fantásticas. Mi proyecto Flaubert terminará con Bouvard et Pécuchet, la novela inconclusa que es el mejor antecedente de la obra de Georges Perec, a quien también he traducido. 

-Hace poco Eduardo Lago en un artículo periodístico publicado en España criticó la existencia de traducciones “regionales”, sobre todo ante la salida del nuevo Finnegans Wake en español rioplatense. ¿Qué comentarios te merecen esa opinión?

-Ningún español de la península ibérica puede hablar de traducciones "regionales", si no considera así a las que se realizan en España. Lo que se tolera muy mal es la soberbia de no entender que España es apenas una provincia más de la lengua castellana, y ni siquiera la más poblada, ya que en México hay más hispanohablantes que en España. Entonces, arrogarse el derecho a generar cualquier tipo de preceptiva o normativa, como si ésta emergiera de una centralidad es, cuanto menos, desafortunado. Quiero aclarar que no se trata de un prejuicio antiespañol. Eduardo es un buen escritor y un crítico competente, pero no comparto su criterio a la hora de juzgar qué es universal y qué es regional. Tampoco comparto su gusto por Vila Matas, lo cual hace mermar el sentido del gusto.

NOTA: Eterna Cadencia es distribuido en Uruguay por Escaramuza.

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