Diarios de un jerarca nazi

Alfred Rosenberg desde la oscuridad

Tras el hallazgo en 2013 del original de los diarios, un nuevo libro los pone en contexto para su mejor interpretación.

Alfred Rosenberg
Alfred Rosenberg

Alfred Rosenberg (Tallin, 1893–Nüremberg, 1946) fue uno de los principales ideólogos del nazismo. Su libro El mito del Siglo XX, de 1934, fue considerado, luego de Mi lucha del mismísimo Hitler, la biblia del nazismo, aunque era mucha lectura para el nazi de a pie. Étnicamente alemán pero nacido en Estonia cuando aún era posesión rusa, el no haber peleado en la Gran Guerra y las resonancias judías de su apellido, fueron casusa de que muchos “viejos combatientes” desconfiaran de él. Sin embargo, haber sido testigo presencial del arranque de la Revolución de Octubre permitió que desde los inicios de su carrera Hitler lo tomara por un experto sobre el comunismo y la URSS. Llegado el Führer al poder, fue su delegado para la formación ideológica del Partido y, tras la invasión de la URSS, fue nombrado Ministro del Reich para los Territorios ocupados del Este. Su aporte teórico y práctico al régimen nazi le valió la horca en los juicios de Nüremberg.

Motiva la publicación de este libro el hallazgo en 2013 del “Diario de Rosenberg”, perdido desde 1949. Robert K. Wittman, ex agente del FBI especializado en recuperación de bienes culturales robados, ya en retiro y como consultor privado, tuvo un papel importante en la recuperación de estos papeles, por lo que se le acredita autoría. David Kinney, periodista ganador del Premio Pulitzer, es responsable de la escritura del libro, más destinado al lector aficionado a la historia que a los profesionales del rubro. Su trabajo es solvente y ameno, con escasos errores, aunque uno de ellos, acaso debido a la traducción, es gravísimo: cifra la cantidad de aviones alemanes al invadir la URSS en casi trescientos mil, cuando eran cien veces menos.

Como estudio sobre el nazismo, este libro ilustra sobre la endeblez cultural y teórica del régimen y las luchas intestinas entre sus jerarcas, fomentada por el propio Hitler, para tener a raya a sus secuaces. En el terreno cultural, Rosenberg tendría constantes contiendas de competencias con Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del Reich. Con el Mariscal Göring chocaría en la competencia por la expropiación de obras de arte y la administración económica de los Territorios del Este. En cuanto a la política judía en esos territorios, chocaría con Heinrich Himmler, líder de las SS, aunque no porque se opusiese a la eliminación de los judíos, sino por discrepancias en cuanto al modo. Ante el avance ruso, durante los últimos meses de la guerra perdió casi todo poder e influencia.

También importa la semblanza de Robert Kemper, abogado judío alemán nacionalizado norteamericano, que formó parte de la fiscalía en Nüremberg y sustrajo enorme cantidad de documentos históricos, incluidos los diarios de Rosenberg. Este hombre combinó un sincero antinazismo con una casi total falta de escrúpulos a la hora de promover su carrera profesional y económica, tanto en la Alemania de entreguerras como en los EE.UU. y, luego de caído el Reich, de nuevo en Alemania como representante legal de damnificados, judíos o no, y publicando libros sobre el tema, valiéndose de los documentos que retuvo y cuyo acceso vedó a otros historiadores.

Los diarios ya se habían publicado en edición a cargo de Jürgen Matthäus y Frank Bajohr. Hay traducción al español (Alfred Rosenberg. Diarios 1934–1944, Crítica, 2015).

EL DIARIO DEL DIABLO (ALFRED ROSENBERG Y LOS SECRETOS ROBADOS DEL TERCER REICH), de Robert K. Wittman y David Kinney. Ediciones Aguilar, 2017. Buenos Aires. 450 págs. Distribuye Penguin Random House.

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