TRES DÍAS Y 15 TIROS ALCANZAN PARA SER GUARDIA DE SEGURIDAD

Con arma, pero sin formación

“No sé reducir a una persona”, admite el secretario del gremio de guardias. Cristian, que es vigilante en el Centro, vive pensando que lo pueden matar. “Estamos regalados”, agrega Gustavo. Para trabajar en la seguridad privada alcanza con tres días de formación y 15 disparos.

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"Hay guardias que no saben colocarse el chaleco", dice el gremio.

Después de ver un aviso en el diario, Cristian se presentó ante una empresa que buscaba guardias de seguridad. No tenía experiencia alguna, pero fue y enfrentó una entrevista muy breve, que le alcanzó para ser seleccionado. Al día siguiente empezó la capacitación. Fueron 28 horas divididas en cuatro días: un poco de primeros auxilios, 15 disparos de práctica y un panorama general sobre la ley de legítima defensa y los derechos de los menores de edad. Cuando quiso acordar, tenía el uniforme puesto y, con un revólver calibre 38 en la cintura, estaba parado en la puerta de un local del Centro.

"Acá estás regalado. Te sentís indefenso. Estás pensando todo el tiempo en que pueden venir a matarte y eso te genera una tensión constante", relata Cristian, resignado. Entre semana custodia la entrada y las paredes laterales de un local —que prefirió que no fuera identificado—, y los fines de semana trabaja en un boliche. Según dice, nadie se preocupa por "lo personal" de los guardias, en referencia a la estabilidad psicológica que (se supone) se requiere para realizar bien la tarea.

En Uruguay hay algo más de 20.000 guardias de seguridad registrados, de los cuales casi 9.000 están armados. Además, se estima que hay otros 5.000 que trabajan de manera irregular. Son casi tantos como los policías que hay en las calles, y el sector viene en franco crecimiento: 20% más de personal en los últimos cinco años.

El 80% de los guardias del país son hombres y, según el sindicato que los nuclea, alrededor del 50% son ex policías y militares. Los guardias están habilitados a llevar a cabo tareas de vigilancia y monitoreo, pero no tienen ninguna potestad en la represión del delito, por lo cual ellos se definen como "civiles con uniforme".

En total hay 300 empresas de seguridad privada registradas, aunque siete de ellas tienen el 50% del mercado. El sueldo más bajo que se paga en el sector es de $ 17.463 por una tarea de vigilancia sin arma. El guardia armado cobra en promedio $ 19.500, y un guardia que trabaje con un perro de vigilancia o que hable dos idiomas (por ejemplo, para desempeñarse en el Aeropuerto) gana unos $ 18.500.

Para ser guardia no hay mayores exigencias. Incluso sin tener Ciclo Básico completo se accede con facilidad a un empleo en el rubro. Pero si bien la puerta de entrada es grande, los riesgos que existen también lo son: seis guardias han sido baleados este año y semanalmente el sindicato de vigilantes privados recibe casos de trabajadores heridos en la tarea.

Además, lo que ocurrió el 5 de octubre, cuando un guardia mató a un empleado de la empresa que custodiaba, muestra, de una de las formas más duras, las fallas del sistema de seguridad privada.

Ese día, el hombre que vigilaba una empresa cercana al Mercado Modelo había corroborado que no hubiera nadie en el local. Por eso, cuando escuchó que alguien corría, desenfundó el arma y disparó, matando a un empleado de 45 años que había vuelto a su oficina por un objeto olvidado.

¿Por qué disparó sin preguntar? ¿Cómo debería haber procedido si sospechaba que había un ladrón? ¿Estaba capacitado para tener un arma? ¿Estaba en condiciones psicológicas para asumir tal responsabilidad? Decenas de preguntas surgen al respecto pero, por ahora, solo una respuesta: la capacitación, por lo general, no pasa de tres días de cursos y unos pocos disparos para quienes portarán un arma.

Tanto guardias como empresarios admiten sin ambages que hay una gran deuda con la formación y que es, sin dudas, el primer elemento que hay que atender. Las diferencias entre las partes surgen a la hora de definir las formas en las que se debe avanzar en el asunto.

"Ser realistas".

En primer lugar, en las empresas entienden que no se puede instalar un sistema de capacitación que demande meses enteros de formación, y creen que el empleado termina de prepararse cuando comienza a llevar a cabo la tarea.

Andrés Pereira, secretario y vocero de la Cámara Uruguaya de Empresas de Seguridad —donde están representadas las firmas más grandes del sector, que tienen contratados casi al 50% de los guardias—, admitió: "Es obvio que el sistema actual de capacitación es insuficiente". Aunque aclaró: "Tampoco se puede pasar a un sistema desmedido, con una carga horaria enorme, porque dificulta el proceso de entrada al mercado, lo encarece y complica el desarrollo del sector, tanto para las empresas como para los trabajadores".

El empresario afirmó que la realidad plantea exigencias permanentes a la capacitación, y opinó que la clave está en lograr sistemas acordes a la tarea del guardia, que no impliquen una carga excesiva y a la vez resulten útiles para él.

Según Pereira, "en intentos anteriores de modificación de estos aspectos se plantearon objetivos muy ambiciosos de capacitación, y se quería, por ejemplo, que un guardia tuviera conocimientos jurídicos mayores a los que tiene un estudiante de Derecho", lo cual entendió que no tiene justificación. "Si se carga la capacitación de elementos abstractos o que no tienen que ver con la labor, se hace complicado el cumplimiento de la tarea", dijo.

En tanto, Agustín Pose, presidente de la Federación Uruguaya de Empresas de Seguridad (Fudes) —donde están representadas las firmas locales de pequeña y mediana escala—, dijo que uno de los problemas que afecta es la informalidad, que lleva a que se realicen tareas de seguridad sin las exigencias mínimas, y también la alta rotación de personal, lo cual impide que alguien "haga carrera en el cargo" y sume experiencia.

A la misma vez, y al ser consultado sobre lo que implicaría aumentar las cargas en capacitación del personal, Pose dijo que hay que prestar atención a la situación del sector. Si bien reconoció que ha venido en aumento la demanda de servicios de guardias, advirtió que ante un panorama general de enfriamiento de la economía, "donde primero recortan las empresas es en limpieza y seguridad". Además, recordó que la vigilancia electrónica gana terreno a la seguridad física.

Temor.

En tanto, en la Unión Nacional de Trabajadores de la Seguridad (Unatrase, el sindicato de guardias) sostienen que la falta de preparación les hace sentir inseguros y expuestos. El gremio de trabajadores pretende que se lleven a cabo cursos de formación de tres meses para vigilantes desarmados y de cuatro meses para guardias armados, para así acercarse al menos a la capacitación mínima de un policía, que es de seis meses.

Para los guardias, las características que se buscan y las exigencias que se piden para la tarea son, en un primer momento, motivo de aliento. Con bajos niveles de aprendizaje, por lo general menores a Ciclo Básico completo, se puede acceder a un empleo que reporta cerca de $ 20.000 al mes y donde hay estabilidad por la demanda de mano de obra. Pero, a la vez, las carencias en aspectos básicos vinculados al trabajo se vuelven una condena.

Eduardo Camargo, secretario de la Unatrase, consideró que mejorar la capacitación es una "urgencia" para el sector, y argumentó: "Con una mejor formación se soluciona el 70% de los problemas que tienen los guardias".

Para dar cuenta del nivel de exposición en el que se encuentran por la falta de capacitación, Camargo —que es guardia hace siete años y se desempeña como vigilante en un edificio estatal— admitió: "Yo no sé cómo reducir a una persona. No tengo ni idea cómo hacerlo". También dijo que el sindicato aconseja a los guardias que "no se metan con lo que pasa fuera de su lugar de trabajo". "No somos policías, no nos compete si están robando la casa de enfrente ni nos corresponde denunciar si vemos una boca de pasta base en la cuadra en la que trabajamos", advirtió.

"Muchas veces el guardia no sabe ni cómo colocarse correctamente el chaleco antibalas, no sabe cómo proceder en un copamiento, cómo reaccionar ante una rapiña ni cómo hacer primeros auxilios. Eso pasa porque te enseñan las cosas en el plano teórico, pero nunca en la práctica, entonces en definitiva no aprendés", dijo el guardia y sindicalista.

En igual sentido, Mauricio Ibáñez, que también es guardia y dirigente de Unatrase, dijo: "Si los cursos de formación se hacen a las apuradas o a medias, y si los guardias no saben cómo actuar, se pone en riesgo tanto a la gente que está en los lugares custodiados como a los propios vigilantes, como ocurrió con el guardia que disparó y mató a un empleado".

Por su parte, Ismael Fuentes, presidente de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio y Servicios (Fuecys), coincidió con esa visión y expresó: "Nos parece un disparate que a menos de 10 días de ser contratado el guardia esté con un revólver en la cintura, porque más allá de que se logre un nivel óptimo de manejo del arma, hay una carencia en los procedimientos, en cómo actuar para, por ejemplo, repeler una rapiña".

Para Gerardo, un guardia armado de una empresa local, uno de los problemas principales es que quien contrata un vigilante espera, en muchos casos, que el mismo actúe como un policía. "No se entiende la función del guardia", dice.

Y Gustavo, que también es guardia armado pero de una firma internacional, entiende que hace falta dotar de otras herramientas a los vigilantes, "tanto en lo legal como en lo práctico". "Hoy por hoy estamos regalados, porque no podemos hacer nada hasta que el delincuente nos dispare. O sea, tenés que esperar a que te peguen un tiro para ahí responder, porque si no terminás preso", se queja.

En el debe.

El gobierno, en tanto, ha planteado en diversas oportunidades su preocupación por la situación de la seguridad privada, aunque de momento no ha concretado ningún avance al respecto.

A fines de junio, en una comparecencia ante la Comisión Especial de Seguridad Pública y Convivencia del Senado, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, manifestó: "Nos hemos planteado presentar un proyecto de ley en el que se establezca un nuevo marco regulatorio de la seguridad privada conforme a las concepciones más modernas en la materia", según consignó El Observador en ese entonces.

En esa sesión el jerarca agregó: "Para nosotros, la seguridad privada es un problema, porque de alguna manera es como un seguro de paro para gente que pierde el empleo remunerado y que, al encontrarse sin trabajo, recurre a emplearse en la seguridad privada hasta que pueda recuperar el trabajo que perdió o encontrar uno similar, con un sueldo superior. De esta manera, no hay especialización ni profesionalización en la materia, dándose entonces en el rubro una rotación demasiado grande que genera problemas".

El proyecto de ley al cual se refirió Bonomi viene siendo trabajado desde al año pasado por el Ministerio del Interior, los guardias sindicalizados y las empresas, pero todavía el texto ni siquiera pisó el Parlamento. Según pudo saber El País, pasarán al menos dos años más para que puedan surgir resultados por esa vía.

Capacitación queda en manos de firmas y pocas la priorizan.


Además de las 28 horas de capacitación que recibe un guardia de seguridad para empezar a desempeñarse como tal, cada tres años debe rendir una prueba en la cual revalida sus habilidades; eso incluye prueba básica de tiro para quienes tienen arma, y también una evaluación psicológica. Pero nada muy complejo, admiten guardias y empresarios.

La oficina que se encarga de los controles en el rubro es elRegistro Nacional de Empresas de Seguridad (Renaemse, dependiente del Ministerio del Interior), aunque según coincidieron distintas fuentes, las inspecciones se dan más al momento de la habilitación de las empresas que sobre las formas en las que los guardias ejercen su tarea. Para este informe se intentó contar con la mirada de esa dependencia, pero la Unidad de Comunicación de la cartera no respondió las consultas.

En ese marco, la posibilidad de ir actualizando y monitoreando las habilidades de los guardias queda librada al criterio y la voluntad de las empresas, y no siempre es una prioridad para las cerca de 300 firmas existentes. El País consultó a algunas de las principales compañías del medio, que contaron cómo trabajan al respecto.

Prosegur, que tiene más de 2.000 guardias desplegados en todo el país, dispone de un centro de formación habilitado por el Ministerio, donde realiza las capacitaciones exigidas por ley y, con psicólogos, lleva a cabo tests de evaluación para habilitar el ingreso de una persona a la tarea. "Al ingreso, los funcionarios que son asignados a puestos armados reciben un curso de tiro y seguridad en el manejo de armas. Luego, dependiendo de la actividad del cliente para el que vayan a trabajar, reciben un curso específico adaptado a sus necesidades", expresaron autoridades de la empresa.

La firma también cuenta con una "plataforma de capacitación virtual" denominada "la Universidad Prosegur", que brinda a sus empleados un catálogo de cursos generales y también específicos de cada negocio.

En tanto, desde la firma Securitas expresaron que el proceso de capacitación que cumple un guardia al ingresar a la empresa consta de varias etapas. "En primer lugar, se cumple con la carga horaria reglamentaria, dependiendo si es guardia con o sin arma. Además de realizar la inducción a la organización, debe aprobar el curso sobre el Código de Valores y Ética de Securitas", subrayaron.

Sobre los perfiles a los cuales se apunta para contratar un guardia, comentaron que "lo que se busca es que el candidato tenga, además de una relativa experiencia en el cargo, marcada vocación de servicio y actitud de superación". "Esto es fundamental para Securitas, tal es así que contamos con dos centros de Selección y Capacitación. Creemos que la profesionalización es el camino".

En tanto, Fernando Andión, director de Operaciones de la firma Ketlark, dijo que el perfil al cual apunta su empresa es el de "gente con mucha actitud". "El resto se lo enseñamos nosotros", aseguró. "Buscamos personal más bien maduro, de entre 30 y 45 años, con el objetivo de que tengan fuerte estabilidad emocional y también como una forma de garantizar el nivel de compromiso, aunque también tenemos muchachos jóvenes con un gran desempeño en su tarea", afirmó.

La empresa también proporciona a sus empleados entrenamientos físicos con frecuencia y aplica pruebas técnicas y teóricas, además de psicológicas. "Tenemos un sistema pensado para que nuestros guardias hagan carrera. Entran como vigilantes y pueden avanzar; tenemos cinco categorías y van mejorando", señaló Andión.

El empresario insistió en que es necesario tener claro que el guardia no es un policía. "Buscamos dar mucha formación en prevención. Tener actitudes disuasivas pero sin reaccionar, porque la legislación en cuanto a nuestra tarea es más bien limitada".

Por su parte, la empresa G4S tiene 1.200 guardias en todo el país y cuenta con un centro de capacitación y un polígono de tiro propio. La formación curricular que pide la empresa es Ciclo Básico aprobado, y no se requiere tener experiencia en la materia para ingresar a la firma. También proporcionan cursos de seguridad y manejo de armas de acuerdo a la ley vigente.

Ante este panorama, el sindicato entiende que hay que unificar criterios de formación y aumentar las exigencias, mientras que la Cámara de Empresas opina que hace falta aprobar una nueva ley, porque la normativa vigente quedó desactualizada.

Proyecto de ley que buscará profesionalizar la función.


-El Ministerio del Interior ha expresado en reiteradas oportunidades su preocupación por la situación de la seguridad privada, pero hasta ahora no ha logrado concretar mayores cambios. La principal apuesta de la cartera de Estado está en un proyecto de ley que desde el año pasado viene elaborando con el sindicato de trabajadores de la seguridad y las asociaciones de empresas del rubro.

-El proyecto de ley apunta a "profesionalizar" la tarea, según declaraciones formuladas por el director general del Ministerio del Interior, Charles Carrera, al semanario Búsqueda para su edición del jueves pasado. El jerarca reconoció entonces que hace falta un marco jurídico para regular la seguridad privada y afirmó que se buscará concebirla como una actividad "coadyuvante y complementaria de la seguridad pública".

-Carrera dijo que el marco que se proyecta significará un "cambio grande" porque, entre otras cosas, establece obligaciones claras para las empresas de seguridad, exigiendo "capacidad y solvencia económica". Afirmó, en igual sentido, que se va a exigir "mayor capacitación" a los trabajadores, estableciendo medidas de prevención de acuerdo a la "matriz de riesgo" de cada tipo de actividad, entre otras regulaciones previstas.

-Según dijo el jerarca, las empresas deberán, a partir de la aprobación del proyecto, contratar un seguro de vida en beneficio de los trabajadores para de esa forma cubrir lo que ocurra mientras realicen las tareas.

-La ley servirá, también, para ordenar y concentrar todas las normativas referidas al sector, algo que valoran especialmente las empresas y el sindicato, que hoy se quejan de que sus obligaciones están dispersas en diversas leyes y decretos.

SABER MÁS

"Los guardias no pueden hacerse los rambos"

"Acá no podés hacerte el Rambo. No podés hacerte el héroe ni podés pensar que es como en las películas, que vas a desarmar al delincuente en dos movimientos. Acá lo que tenés que hacer es priorizar tu vida y la vida de los que están en el lugar que estás custodiando", reivindicó Eduardo Camargo, secretario de la Unión de Trabajadores de la Seguridad, al ser consultado sobre cómo debe actuar un guardia. También admitió que los guardias a veces se exponen. "Les digo que no se distraigan con el celular, que no se queden mirando por la ventana. A algunos les pregunto si no quieren galletitas y té, porque los ves y están sentados de lo más cómodos", ironizó.

SABER MÁS

Contratar un guardia de seguridad sale $ 30.000 al mes.


Contratar un guardia de seguridad cuesta cerca de $ 30.000 más IVA en promedio, en cualquiera de las cerca de 300 empresas que funcionan en Uruguay. Esa es la tarifa para un guardia sin arma y que realice ocho horas de vigilancia, según dijo a El País el presidente de la Federación Uruguaya de Empresas de Seguridad, Agustín Pose. El empresario explicó que el margen de ganancia es de un 7% por cada guardia, dado que el empleado gana unos $ 19.500 y el resto se va en permisos especiales que se tramitan, además de gastos en infraestructura y seguros.

Pose destacó el crecimiento que ha tenido el salario en el sector, el cual dijo que aumentó cerca de un 500% en los últimos 10 años. "Tuvimos una importante suba. Era un sector con un laudo bajo que luego se disparó", valoró el representante de la Federación de Empresas. La hora de trabajo de un guardia de seguridad se paga $ 72, agregó el secretario de la Unión de Trabajadores de la Seguridad, Eduardo Camargo, quien también comentó que muchas veces se debe recurrir a realizar horas extra para lograr un mejor ingreso.

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