Hebert Gatto
Hebert Gatto

Venezuela y el Mercosur

En contra de lo esperado, la reunión del Mercosur para otorgar la presidencia a Venezuela, terminó sin definiciones. Tanto Brasil como Paraguay plantearon objeciones a que el cuestionado régimen de Maduro presida el Mercosur, argumentando que la delicada posición del organismo, en negociaciones con la Unión Europea, desaconsejan tal solución. Lo cual, a la vista de los cambios de gobierno acaecidos en los dos gigantes de la región, presagia nuevos derroteros.

En lo que refiere al Tratado de Asunción, sus problemas de fondo son complejos. Los antiguos ideales americanistas, si bien no cumplieron un rol determinante en el Tratado, sí lo hicieron a poco de su instalación, generando una retórica abundante, según la cual el mismo plasmaba el anhelo de recrear, en una nueva unidad solidaria, la segmentada patria latinoamericana. Se superaban de ese modo los intereses extranjeros que desde los procesos independentistas en adelante habían balcanizado el continente. América recuperaría

En contra de lo esperado, la reunión del Mercosur para otorgar la presidencia a Venezuela, terminó sin definiciones. Tanto Brasil como Paraguay plantearon objeciones a que el cuestionado régimen de Maduro presida el Mercosur, argumentando que la delicada posición del organismo, en negociaciones con la Unión Europea, desaconsejan tal solución. Lo cual, a la vista de los cambios de gobierno acaecidos en los dos gigantes de la región, presagia nuevos derroteros.

En lo que refiere al Tratado de Asunción, sus problemas de fondo son complejos. Los antiguos ideales americanistas, si bien no cumplieron un rol determinante en el Tratado, sí lo hicieron a poco de su instalación, generando una retórica abundante, según la cual el mismo plasmaba el anhelo de recrear, en una nueva unidad solidaria, la segmentada patria latinoamericana. Se superaban de ese modo los intereses extranjeros que desde los procesos independentistas en adelante habían balcanizado el continente. América recuperaría su unidad territorial y económica, y desde ella, en un proceso paulatino, su unidad política.

Sin embargo, paradójicamente, la coincidencia ideológica no fue seguida en la práctica por la unidad de acción. El temprano empeoramiento de las relaciones uruguayas con Argentina, fábricas de celulosa mediante, prosiguió con una política general proteccionista por parte del kirchnerismo que, con la indiferencia de Brasil, llevó al total desconocimiento de los tratados. Desde el incumplimiento de sus normas, el desconocimiento de sus decisiones específicas o la indiferencia frente a las controversias de sus miembros, hicieron que el Mercosur no pasara de una zona de libre comercio imperfecta, progresivamente poco activa. Demostró el viejo aserto de que las coincidencias ideológicas nunca logran superar los intereses de cada uno, particularmente cuando se los evalúa sin grandeza, desde el inmediatismo nacionalista de los populismos.

Hoy nuevamente las condiciones han cambiado y las orientaciones de la mayoría coliden frontalmente con el populismo de Venezuela y su socialismo siglo XXI; por más que tampoco coincidan con los perfiles doctrinarios del gobierno uruguayo. Lo que, aunque resulte curioso, al volver al comercio, abre un nuevo porvenir para el Mercosur. En ese contexto se discute si debe o no habilitarse la presidencia de Venezuela. Brasil y Paraguay argumentan que el candidato, devastado por una mayúscula crisis institucional, no reúne las condiciones para el cargo. Pero tal extremo no surge de la normativa ni del Tratado de Asunción ni del Protocolo de Ouro Preto, salvo que se hubiera efectivizado la cláusula democrática. En tales condiciones, alega Uruguay, corresponde trasladarle a Venezuela la presidencia, un cargo que de hecho, sólo tiene importancia simbólica.

La posición de Uruguay, pese a su soledad, resulta fundada. Nuestro país siempre acató el Derecho (excepto cuando despistado votó la suspensión del Paraguay), y tanto su tradición como sus intereses le exigen mantener esta tesis. Pese a ello, no parece que Maduro, muy cercano a obviar su propia Constitución, resulte la figura indicada para negociar un tratado con la UE. Ante lo cual, quizás, la única solución consista en otorgarle la presidencia, pactando que desde ese cargo no se manejen las tratativas con los europeos.Hebert Gatto, Venezuela y el Mercosur, libre comercio, Unión Europea. Maduro, Constitución

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